28 de abril de 2020

Todo se puede entrenar


Una frase me quedó grabada en mi cabeza: 'En esta vida hay que aprender a conjugar el verbo aguantarse. Yo me aguanto, tú te aguantas, él se aguanta...' Hoy en día, esta frase me temo que tendría poca aceptación en casi cualquier foro. Aguantarse lleva implícita la admisión de que hay cosas que son malas, poco agradables y que, además, poco se puede hacer al respecto. Malos tiempos corren para aceptar que las cosas no siempre sale bien. El estado de bienestar y comodidad al que hemos accedido nos ha beneficiado en muchos aspectos, pero también nos ha debilitado en otros porque nos ha conducido a un terreno donde impera la confusión. Hemos conseguido creer que tenemos derecho a todo, incluso a no sufrir adversidades.
La adversidad más constante a la que se ha enfrentado Rafael ha sido su formador. Yo mismo. En realidad, ha sido tan así que él tuvo que conjugar el verbo de forma un poco personalizada, hecha a medida: 'yo me aguanto, yo te aguanto...' No ha sido nada fácil.

Extracto del libro "Todo se puede entrenar". Toni Nadal, 2015. Editorial Alienta


Antes de que naciera Rafael Nadal, a la postre su sobrino y pupilo tenístico, Antonio Nadal Homar (Manacor, 1961) fue un chaval muy dado para los deportes, destacándose a nivel local y regional en ping pong, ajedrez y natación. Alrededor de los catorce años conoció el tenis y su evolución fue tan rápida que dos años después se trasladó a Barcelona para finalizar el bachillerato allí y complementar los estudios con el tenis en el Tenis Club Barcelona. Finalizado el colegio, se inscribió en la Facultad de Historia, carrera que abandonó a los dos años motivado por su padre para inscribirse en la Facultad de Derecho, licenciatura que tampoco finalizó. Sin ánimos de poder ser jugador profesional pero tampoco con remordimiento, a los veintiún años regresó a Mallorca con el título de entrenador de tenis.
Su primer contacto con Rafael no lo pilló por sorpresa ni sin experiencia en el deporte. Todo lo contrario. 'Toni' llevaba diez años como Director de la Escuela de Tenis Manacor cuando el pequeño 'Rafa' de solo tres años dio sus primeros golpes ¡coordinados! luego de la pregunta de su tío: ¿Quieres probar a ver que tal le das a la pelota de tenis? A través de las páginas de la obra, 'Toni' cuenta, desde su particular visión de las cosas y de la vida, el método que utilizó para forjar la mente del Nadal que todos admiramos por TV. No esperemos encontrar como fue evolucionando su técnica, su progreso en el raking ATP desde los quince años o su vasto historial de lesiones. Si buscan esos datos, este libro no es el indicado.
Más que un libro de tenis es un forma de afrontar la vida, basada en el respeto hacia los demás, el esfuerzo, la responsabilidad, la superación, la ilusión y la actitud ante la adversidad, algo para lo que 'Toni' preparó a su sobrino desde que empezaron a trabajar juntos. Él sostiene que de no ser familiar de 'Rafa', el resultado final no hubiera sido el mismo ya que no habría pasado el tiempo suficiente con él fuera de la pista, clave a la hora de la configuración mental de un niño. La simpleza de sus conceptos chocan con la actual complejidad con que se dicen las cosas para que tengan entidad: "Simples, a mi modo de ver, significa fáciles de entender; significa que son producto del sentido común. Que son sabiduría popular. Que toda la vida han funcionado y que están reñidos con la complicación", aclara el coach.
Sabida es la afición por la lectura de 'Toni' por lo que muchas de sus 'máximas' son adoptadas de grandes pensadores o escritores y adaptadas para su sobrino. La más trascendental y la que considera fundamental en su metodología de trabajo, es la del filósofo griego Solón, a la que le dedica un capítulo: "Sin método, orden, voluntad, esfuerzo y sacrificio no son posibles ni el genio ni el triunfo". En tiempos de inmediatez, donde no se respetan las etapas y se busca el éxito a cualquier precio, Antonio nos pone a pensar sobre los supuestos tenísticos efectivos modernos: "He intentado preservar mi marco de actuación y someterlo exclusivamente a mi propia decisión. Nunca he querido verme arrastrado por la corriente, por las modas, y mucho menos, por estrategias o tendencias formativas que alguien ajeno a pensado para mí".


"Acostumbrarse a la incomodidad, a las dificultades continuas y a la necesidad de resolverlas personalmente nos dará seguramente las herramientas que nos permiten avanzar hacia nuestros objetivos”, es la frase que resume el porqué del éxito de Rafa Nadal. 'Toni' plantea que los objetivos se persiguen gracias a la ilusión ('lo que da sentido a todo') por tener la insatisfacción ('el alimento de los objetivos a por conseguir') de que quedan cosas por hacer, por aprender o por ganar... Es una rueda que se retroalimenta día a día, torneo a torneo y año a año: ilusión, insatisfacción, objetivo y vuelta a empezar. Fernando Botella hizo en decálogo con las frases más destacadas, a su criterio, del libro de su compañero de conferencias.

Recomiendo leer y releer "Todo se puede entrenar" (2015), escrito por Toni Nadal, el artífice del Rafael Nadal tenista. Editado por Editorial Alienta, recopila en 208 páginas una cantidad de anécdotas en primera persona que muestran a las claras las intenciones a futuro del tío, entrenador y mentor del mejor deportista español de la historia que lucha por ser el mejor tenista de todos los tiempos. Sus logros y su legado son en gran parte gracias a su fortaleza mental sin igual en el deporte individual, forjada por un severo maestro que supo siempre cuando apretar y cuando no, porque sabía con la materia prima que contaba. 'Toni' tuvo éxito gracias 'Rafa' y viceversa. Sus carreras se entienden como un todo y no como individualidades, porque a pesar de que la pelota la impacte Nadal, sin el otro Nadal en el banquillo no la golpearía así.

Daniel Vitale Pizarro

14 de abril de 2020

Los niveles del juego


(Ashe) lleva viviendo en el barracón para solteros de la Academia Militar de Estados Unidos. Bajo la cama descansa un libro, en una silla junto a la almohada otros dos y en las estanterías una veintena. Un compañero de piso limpió la habitación una vez - recogió la ropa, guardó todas las raquetas y ordenó los libros - y Ashe le dijo: 'Esta habitación está tan limpia que no la soporto'. 
El apartamento de los Graebner, en la calle 86 Este, está recogido y ordenado, con un mobiliario moderno y cómodo y una televisión con ruedas. Es un piso situado en una de las plantas superiores de un edificio residencial. El corredor es estrecho y está plagado de puertas blindadas con mirillas. Graebner es menos articulado que Arthur Ashe, su lenguaje es más relajado y contiene más frases hechas (...) Arthur es muy cuidadoso con algunas cosas y el lenguaje es una de ellas.

Extracto del libro "Los niveles del juego". John McPhee, 1969 (reedición 2015). Editorial Dioiptrías.

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1968 fue uno de los años más convulsos de la historia moderna. Durante sus doce meses sucedieron infinidad de eventos que marcaron un antes y un después. La primavera de Praga, el asesinato de Martin Luther King, la Guerra de Vietnam en su punto crítico, el Mayo francés o el Movimiento estudiantil en México cambiaron el curso de la historia. En medio de todo eso, el tenis Amateur y el Profesional llegaban a un acuerdo para fusionarse en abril. El primer Grand Slam de la Era Abierta fue Roland Garros en mayo, luego Wimbledon en junio y el US Open en septiembre. John McPhee trabajaba para The New Yorker y presenció el primer US Open abierto a todos en las gradas de Forest Hills, desde las que decidió plasmar, a través de la semifinal entre Arthur Ashe y Clark Graebner, una analogía de la realidad estadounidense de los años sesenta.
En un lado de la red estaba Arthur Ashe: afroamericano, clase trabajadora, huérfano de madre y demócrata; del otro Clark Graebner: blanco, clase alta, hijo de un dentista y republicano. McPhee describe todo con meticulosidad. A medida que pasan los games del partido, los saltos constantes en el tiempo para contar las vivencias de los protagonistas aparecen tras cada 'punto y aparte'. El antagonismo del tipo de juego de ambos es tan claro como la vida que tuvieron hasta llegar a ese partido. Solo los unía el tenis y el respeto mutuo por ser tenistas de elite. Saques, derechas, reveses, voleas y dejadas se mezclan con la niñez, adolescencia y madurez de los tenistas, siempre marcadas por las diferencias notorias entre ambos.
McPhee plantea que "el estilo de un tenista nace de su naturaleza y de su historia y sale a la luz a través de sus mecánicas motoras, concretándose en ciertos patrones de tiro y perfiles de juego". Clarke era ordenado y conservador en la pista, no arriesgaba con sus tiros mientras que Arthur era imprevisible y desordenado, buscando siempre el tiro ganador o el golpe espectacular. Graebner nunca entrenó lo suficiente porque creía que no era necesario, Ashe no solo era 'teniente militar' sino que le dedicó muchas horas al entrenamiento desde su etapa con el Doctor Johnson, su mentor. Clark Graebner demostraba sus sentimientos en el estadio con gritos, enojos y alguna que otra raqueta rota; Arthur Ashe permanecía siempre inmutable tanto ante un gran tiro como frente a un error absurdo, producto de la educación estricta de su padre y luego del Dr. Johnson.
La descripción golpe por golpe durante gran parte del libro sitúa al lector en una de las butacas del West Side Tennis Club en Forest Hills. Incluso poder 'escuchar' las frases de Ashe y Graebner luego de cada punto importante nos ubican como privilegiados en primera fila del Estadio. Los minuciosos detalles en su narración nos recuerdan a David Foster Wallace en sus relatos sobre tenis aunque como John McPhee es anterior, sería al contrario. Siguiendo la tónica propuesta por el escritor y habiendo leído y reseñado "El tenis como experiencia religiosa", concuerdo con Francisco Camero del Diario de Sevilla: "El libro puede parecer algo frío o excesivamente formalista, poco que ver con las aproximaciones al tenis de David Foster Wallace. Digamos que McPhee sería más Graebner que Foster Wallace y Foster Wallace más Ashe que McPhee".
Recomiendo leer "Los niveles del juego" (1969), escrito por el premio Pulitzer 1999 John McPhee, editado por Dioptrías en 2015. Ciento setenta y dos páginas sin prólogo ni índice ni capítulos comprenden esta obra del estadounidense nacido y graduado en Princeton, profesor de dicha Universidad. Uno de los mejores escritores de no ficción con vida, le regaló al mundo del tenis un análisis detallado de un partido de instancias finales de un Grand Slam pero que va mucho más allá de la raqueta y la pelota, porque una magnífica dejada de Ashe o un gran saque directo de Graebner tienen un porqué. McPhee te invita a conocer el costado humano de estos brillantes tenistas, por algo el estadio de tenis más grande del mundo se llama 'Arthur Ashe Stadium'...

Daniel Vitale Pizarro

4 de abril de 2020

Pasión por el tenis

Andrés se fue directo al hotel. Estaba agotado pero le costó dormirse. Las emociones se acumulaban en su cabeza al contemplar la pequeña copa de plata, de apenas 10 centímetros de altura, que le habían entregado por ganar Roland Garros. Era una reproducción de la Copa Pierre Gillou, el trofeo en honor del capitán del equipo francés que ganó seis veces la Copa Davis en la época de René Lacoste, Jean Borotra, Henry Cochet y Jacques Brugnon, los llamados Cuatro Mosqueteros del tenis francés, por cuyos éxitos se construyó el Stade Roand Garros. Años más tarde este trofeo se cambiaría por la Copa de los Mosqueteros, que aun se entrega en la actualidad. Gimeno sonreía a solas en la habitación recordando como apenas tuvo tiempo de tocar la copa y hacerse una foto con ella; la dejó sobre el banco del vestuario y, mientras él estaba en la ducha, un empleado del estadio se la cambió por una reproducción diminuta.

Extracto del libro "Andrés Gimeno. Pasión por el tenis". Manel Serras y Jaume Pujol-Galceran, 2013 (Turpial).


Andrés Gimeno fue el pionero del tenis español. Primero en ganar el Conde de Godó, en ser profesional, en ganar Roland Garros (Junior y Profesional) y en ingresar al Salón de la Fama. Gimeno le mostró a España que el tenis de elite no era propiedad de australianos y estadounidenses. Sus viajes a Australia, su amistad con varios de los mejores jugadores de siempre, su vida sentimental y sus malos manejos económicos, todo está reflejado en "sus memorias", como decía Andrés sobre el libro, un compilado de anécdotas sobre los inicios del tenis como lo conocemos hoy, abierto al todo el que tenga el nivel para hacerlo. Los experimentados periodistas Manel Serra y Jaume Pujol-Galceran narran con lujo de detalles la novelesca trayectoria del catalán, una vida dedicada 100% al tenis, su pasión
Dividido en cinco capítulos con saltos en la línea temporal, los autores cuentan los pormenores de la vida de Andrés Gimeno desde que era un niño correteando por el Real Club de Tenis Barcelona. Sus amistades, sus travesuras, sus amoríos, sus victorias y sus derrotas, la vida de Gimeno fue atravesada por la etapa más convulsa del tenis, los sesenta. El final de la década supuso el inicio de la Era Abierta, la unión entre aficionados y profesionales, y Andrés fue parte de esa transformación desde dentro, en ocasiones como representante europeo. La incidencia del promotor Jack Kramer, la persona más influyente en la historia del tenis, y su lucha con la Federación Internacional de Tenis solo pueden ser contadas por alguien que lo haya vivido 'in situ' como 'Andreu'.

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Las historias en tierras australianas a fines de la década del cincuentas no tienen desperdicio. Por aquellos años, el contraste entre España y Australia era abismal y junto a José Luis Arilla, Junior prometedor, vivieron momentos inolvidables que forjaron su carácter para siempre. Gimeno evolucionó como tenista y el tenis pasó a ser prioridad en su vida. Campeón del Godó y de Queen's en 1960 como Amateur, fue convocado por Jack Kramer para ser profesional por 50 000 dólares durante tres años, lo que cambió su vida por completo. Giras agotadoras por todo el mundo junto a Rod Laver, Ken Rosewall, Pancho Gonzales o Pancho Segura en aviones precarios o automóviles en los que trasladaban una lona de caucho que utilizaban como cancha, eran situaciones cotidianas de aquella 'troupe de Kramer' de jugadores/amigos.
Su victoria en Roland Garros 1972 (34 años) ocupa todo el primer capítulo y su vida después del tenis figura en la quinta parte del ejemplar. Si el libro solo tuviera esos dos capítulos, valdría la pena su lectura. El nerviosismo y la convicción de Gimeno durante las horas previas a la final en París contrastan con la vida de pareja junto a Cristina Carulla. Nieta del Marqués de Carulla, Cristina lo siguió por el mundo mientras pudo pero el distanciamiento por los interminables viajes y por los constantes problemas económicos luego del tenis fueron desgastando la relación. "A medida que han pasado los años me he ido desenamorando de Andrés, al contrario que él. Yo me casé con el corazón y él lo hizo con la cabeza", le resumía apesadumbrada a los periodistas.
Recomiendo leer "Andrés Gimeno. Pasión por el tenis", escrito por Manel Serra y Jaume Pujol-Galceran en 2013, su segundo libro de tenis tras publicar "Rafael Nadal, crónica de un fenómeno" (2009). Prologado por la otra leyenda, Manolo Santana, son 160 páginas que resumen la vida de un deportista de elite que se ganaba la vida jugando al tenis en tiempos en los que el deporte no era sinónimo de dinero. Lamentablemente tanto Andrés Gimeno (82) como su mujer Cristina Carulla (76) fallecieron en 2019, por lo que hoy en día la obra toma mayor relevancia. 'El Pionero' será recordado por todo español que alguna vez haya empuñado una raqueta de tenis o que haya visto algún partido suyo por televisión. Este libro no debería faltar en la biblioteca de todos ellos.
Daniel Vitale Pizarro