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23 febrero 2021

El poder de la mente


Contra todo y todos, a por todo y todos. Así pueden resumirse las dos semanas en Australia de Novak Djokovic. Privilegiado como tantos otros por no haber viajado en vuelos comerciales y no tener que estar encerrado en un hotel quince días antes del Australian Open, lesionado ante Taylor Fritz con la posibilidad de no presentarse ante Milos Raonic, salvando un partido extraño con Alexander Zverev y pasando por arriba a Aslan Karatsev y Daniil Medvedev antes de levantar el trofeo, el serbio tuvo que lidiar con la prensa, entrenadores, jugadores y opinólogos de todo tipo que juzgaban su actitud dentro y fuera de la pista. Él respondió como mejor sabe: ganando.
"Se ha sido injusto conmigo criticándome cuando no se sabían muchas cosas, pero no es la primera vez. Ganar el torneo es mi respuesta a todos los que lo han hecho", esbozaba el serbio, acostumbrado durante los últimos años a tener que luchar contra viento y marea para contentar a propios y ajenos. Djokovic no esconde su deseo de ser el mejor y esa arrogancia parece que molesta. Detrás de la falsa modestia de Roger y Rafael que en sus declaraciones parecen privilegiar otras cosas más allá de las victorias, Novak es todo lo contrario y con el objetivo de ganar a como de lugar, sin trampas de por medio, hace todo lo que esté a su alcance para superar en números a sus rivales de siempre. 

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"Sé que ha habido muchas especulaciones, gente que se pregunta si estoy lesionado, que cómo puedo recuperarme tan rápido o que es imposible hacerlo. Los entiendo. Todos tienen derecho a su propia opinión. Lo que hemos hecho en los últimos diez días se verá en detalle probablemente a fin de año cuando salga el documental que estamos haciendo. Filmamos muchas cosas que he estado haciendo aquí, pero también en los últimos seis meses. El dolor estaba a un nivel soportable para mí. Simplemente acepté el hecho de tener que jugar con el dolor", declaraba y aclaraba Djokovic sobre su lesión y su recuperación en pleno torneo, sin aparentes secuelas en las rondas finales. 


Recuperación que no fue tal, al conocerse los estudios médicos tras ganar su noveno Australian Open. Un desgarro abdominal que inició siendo de 17mm en el partido ante Taylor Fritz, finalizó mucho peor el último domingo alcanzando los 25mm. Se preguntarán entonces cómo pudo jugar a ese nivel durante cinco partidos en un Grand Slam... Solo basta mirar la entrega de premios del Australian Open 2012 para darse cuenta de qué están hecho estos jugadores y de cuanto pueden resistir sus cuerpos cuando la mente se sobrepone al dolor, a pesar de que éste aumente e imposibilite a cualquier ser humano convencional golpear una pelota de tenis.
Una vez más, la aceptación de la realidad y la adaptación a la misma, la capacidad de asimilar la frustración y el dolor y sobreponerse fue lo que marcó la diferencia para que el N°1 levantara su 18° Grand Slam. Novak Djokovic dio otra muestra de que la capacidad de su mente no tiene límites y que mientras más acorralado se siente, mejor sale de esa situación, como si se sintiera cómodo ante la adversidad. Se escribe fácil, se ve difícil pero en la práctica resulta imposible de imitar: "Era consciente de que si seguía jugando posiblemente me haría más daño pero decidimos, junto a mi equipo médico, arriesgar de más por ser un Grand Slam. Gracias a ellos pude lograrlo, hicieron un trabajo tremendo, estoy tremendamente agradecido".
El actual número uno del mundo superará en marzo las 310 semanas de Roger Federer en la cúspide del tenis mundial, otro récord que Novak le 'robará' a Roger. Si algo le faltaba a Djokovic para que los fanáticos de Federer lo quieran un poco menos era esto. El balcánico deberá convivir con ese 'amor-odio' de los fanáticos hasta el final de su carrera. Cada vez que supere a Federer o Nadal en alguna estadística histórica, sumará nuevos 'enemigos', ese es el precio que desde 2011 debe pagar por haber roto esa dualidad que parecía impenetrable durante una década.

 
La desastrosa experiencia del Adria Tour, la descalificación del US Open, la paliza de Rafael Nadal en Roland Garros y la caída en el Masters con el partido casi ganado ante Dominic Thiem no hicieron mella en la confianza del serbio de cara al 2021. La tónica de las críticas hacia Djokovic no mermó durante el Australian Open y su nivel de tenis tampoco, por lo que seguramente se acordará por mucho tiempo de este título, el más resiliente de su carrera, porque pudo contra todo y todos, incluso contra él mismo: "Claro que me duele ver cómo se me critica abiertamente sin saber. Tuve que desarrollar una piel gruesa durante años para hacer frente a cosas así y concentrarme en lo que más me importa".

Daniel Vitale Pizarro

03 febrero 2020

El soberano







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El dedo indice derecho le parte la boca al medio. Ese mismo dedo se desprende de los labios y señala a su equipo de trabajo, sin esbozar una sonrisa. Se gira y alza los brazos mirando al público. Ahora sí sonríe. Novak Djokovic era campeón del Australian Open por octava vez en su carrera tras batallar durante cuatro horas ante Dominic Thiem. Hace un tiempo que sus festejos no son eufóricos ni de una descarga emocional grande, sino recordemos su último grande conquistado y su celebración, más un desafío para con el público presente que un festejo en sí. El serbio va por la historia grande de este deporte y no escatima a la hora de hablar: quiere ser el más grande de la historia. A día de hoy, nada parece que pueda detenerlo.


A contramano de sus rivales de siempre, políticamente correctos a la hora de sus aspiraciones en el deporte, anteponiendo el competir por sobre todas las cosas y la humildad a la hora de sus preocupaciones con el mundo, "Nole" no se esconde ni peca de falsedad cuando le preguntan por su razón de ser en el deporte de la raqueta. Él tiene un objetivo claro desde la temporada 2015/2016: ser el más grande de todos. Todos juegan para ganar, los grandes campeones juegan para quedar en la historia. Pero no queda bien gritarlo a los cuatro vientos, la falsa modestia tiene más adeptos en el mundo del marketing que la arrogancia, algo que Djokovic se niega a promulgar.

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Por si quedaba alguna duda, el propio Djokovic aclara su visión: "A estas alturas de mi carrera, los Grand Slams son los títulos a los que más valor les doy. Son aquellos que priorizo. Antes de que comience la temporada, intento ajustar mi estado de forma para estos torneo, donde intento estar a mi nivel más alto de tenis, mental y físico. Los Majors son el motivo por el que principalmente sigo compitiendo y jugando una temporada completa, intentando conseguir ser el mejor de la historia. Ese es otro objetivo. Estoy en una gran posición ahora mismo y esto ajusta todo de cara al resto del año. Ganar el primer gran título del año supone una inyección de confianza. Pase lo que pase, habrá sido una temporada exitosa".
Pero volvamos al Djokovic jugador. Poco tiene esta versión 2020 a las versiones 2011 o 2015, cuando arrasaba con todo, estableciendo dos de las mejores temporadas de la Era Abierta de un tenista en particular. Desde su retorno a los primeros planos luego de su lesión en el codo y pérdida de motivación tras obtener en 2016 el Grand Slam de corrido (Wimbledon 2015 - Roland Garros 2016), el balcánico se convirtió en un jugador de grandes torneos y ya no de un año entero. La edad, la familia y el hacer historia, generaron ese cambio de enfoque que le permitió estar al 100% físico, mental y tenístico en los Grand Slams, los torneos que determinan que tan bueno eres como tenista integral y los que quedan grabados a fuego en la memoria colectiva.







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Está claro que la mentalidad es el punto más fuerte de un tenista profesional, lo que hace la diferencia entre un gran campeón, un gran jugador y un Top100. Hoy en día todos son atletas, físicamente superdotados, con una potencia en sus golpes nunca antes experimentada en el deporte, producto del avance en los cuidados del cuerpo, la alimentación y la medicina. Básicamente son 'superhumanos' con una raqueta en sus manos, que golpean una pelota de tenis a 200km/h durante cuatro horas de partido a una intensidad brutal. La mayoría logra ese combo de cosas indispensables para la competencia actual, pero lo que no alcanzan es un nivel mental que les permita diferenciarse del resto.
Y ahí está la diferencia. Aguantar, esa palabrita predicada por el tío de Rafa, tan simple de pronunciar pero tan difícil de implementar, que simplifica un concepto tan complejo de realizar. El no rendirse jamás ante las adversidades (físicas, mentales o técnicas), el siempre dar algo más de lo que el mundo espera de ti y el aprender a manejar las frustraciones y transformarlas en una motivación para mejorar (en un partido, temporada o carrera deportiva). La capacidad de manejar las emociones sin permitir que nuble la vista o tiemble el pulso es un talento al alcance de muy pocos tenistas en la historia. Novak Djokovic es uno de ellos, de los que rinden bajo presión mejor que si no lo estuvieran,  de esos jugadores que veremos pocas veces en nuestras vidas.

"Ajde!" The Movie from Zuzanna Szyszak on Vimeo.

El trabajo mental de Djokovic no fue de un día para otro, ha sido una construcción personal y profesional desde pequeño, en una Serbia convulsionada por la 'Guerra de los Balcanes' y que con el correr de los años, su mente se fue fortaleciendo y forjando hasta su transigencia actual: "Yo crecí en Serbia, en un momento difícil de mi país donde teníamos que hacer cola para comprar pan, agua y cosas básicas en la vida. Ese tipo de cosas te hacen más fuerte en lo que sea que decidas hacer en tu vida. De ahí mi fundación (Novak Djokovic Foundation), porque vengo de no tener nada, en una vida difícil. Eso me hace recordar de dónde vengo, me inspira y me motiva".
La victoria en Oceanía trajo consigo una catarata de récords. Los más importantes fueron el retorno al N°1 ATP (276 semanas) y el Grand Slam N°17 a los 32 años, un año menos que Rafael Nadal y seis por debajo de Roger Federer, los protagonistas principales del circuito de los últimos quince años y con los que pelea por ser el más exitoso de siempre. El serbio es el mejor en pistas duras, el español en arcilla y el suizo en césped. Cada uno ostenta pergaminos para ser considerados como el mejor de todos, una decisión que cada fanático defenderá con argumentos válidos y que los especialistas determinarán cuando los tres hayan dejado el tenis profesional. Pero para eso falta mucho...

Daniel Vitale Pizarro

28 enero 2019

La década ganada


Cuando se analizan las épocas, se suelen comparan las décadas y los dominadores de cada una de ellas. En diciembre finalizará la década del 2010 y cuando revisemos los libros de historia veremos que el dominador de estos años ha sido Novak Djokovic. Así como Roger Federer dominó los años 2000, el nacido en Belgrado es el principal protagonista de estos diez años, a falta de uno. Novak cimentó su carrera prácticamente a partir del 2010. Copa Davis, el N°1 (cinco diciembres), catorce Grand Slams y 57 títulos ATP. Nadie ganó tanto en ese período. Nadal y Federer compartieron protagonismo pero en general, un paso por detrás, incluso en los enfrentamientos personales.

La final del Australian Open 2019 prometía mucho. Novak Djokovic y Rafael Nadal, los dos mejores tenistas de la temporada pasada, los dos mejores de ésta década, se verían las caras una vez más. El duelo más repetido de la historia (52 veces) tenía un nuevo capítulo y nada menos que en una final de Grand Slam. Ambos en un nivel fantástico de tenis, físico y mental, no cabía en la cabeza de ningún espectador ni especialista un partido corto. Incluso los entrenadores de ambos tenistas auguraban cinco sets, similares a la semifinal de Wimbledon 2018 (el mejor partido del año). Las semifinales fueron un trámite y los cinco partidos anteriores, casi que también.


Pero nada de lo presagiado por expertos y neófitos del tenis sucedió. Y el culpable fue Djokovic. Apenas dos horas y cuatro minutos de tenis le ofrecieron al público australiano, ávido de tenis y con las imágenes aun intactas de dos gladiadores sentados en sillas durante la entrega de premios del Australian Open 2012, totalmente acalambrados por disputar la final más larga de la historia de los Grand Slams (5h 53m). Este año no hubo rival. Novak literalmente pasó por arriba a 'Rafa'. Lo superó en todo, pero sobre todo mentalmente. Tácticamente perfecto, su mentalidad de acero le permitió ejecutar la táctica a la perfección.


Nadal nunca pudo ingresar al partido. Plantado sobre la linea de base, cambiando direcciones a gusto y placer, cargando el juego sobre la derecha del español y presionándolo constantemente, el serbio selló un partido que rozó la perfección. Nueve errores no forzados, en una final de Grand Slam y ante Rafael Nadal. Nada mal, ¿no? Dicen los psicólogos que cuando uno se siente superior, y el rival se sabe inferior, los jugadores responden como tales. Djokovic dictó y Nadal acató. Es cierto que el manacorí tuvo alguna que otra oportunidad de meterse en el partido y no la aprovechó, pero el partido fue un monólogo de "Nole". Nunca lo dejó respirar y el resultado fue arrollador (6/3 6/2 6/3).


Reflexivo, Nadal valoró su desempeño durante los quince días de torneo y el excelso nivel del campeón: "He hecho muchas cosas bien. Vengo de situaciones difíciles, momentos complicados que no han sido fáciles de aceptar y aun así llegué a la final jugando a un nivel muy alto, sin perder sets. Pero hoy me encontré a un rival que fue superior y eso es totalmente reconocible, uno no tiene que esconder la realidad. Hoy Djokovic era mejor jugador de lo que yo podía ser esta noche. Así se resume. Ahora hay que seguir trabajando esos aspectos que han salido bien y  mejorar los que no he podido poner en práctica, que necesito para competir al nivel que me exige un rival como el de hoy. Espero estar preparado para la próxima, trabajaré para ello".
Emocionado y con la voz entrecortada, Djokovic agradeció a todo su círculo íntimo: “Muchas gracias a mi equipo. Es un deporte individual pero siempre están conmigo. Me toleran en los malos días y me apoyan siempre. Consiguieron la fórmula del éxito. Marian, muchas muchas gracias por volver conmigo. Me gustaría decir 'hola' a mi familia, saludar a mi mujer y mis hijos que me dijeron que verían el partido desde casa. Los trofeos son más especiales cuando tienes a la gente que quieres para celebrarlos. Son las personas más importantes de mi vida junto a mis hermanos y mis padres. Quiero agradecerles el sacrificio que hacen por mí, por dejarme vivir mi sueño. Por su amor incondicional”.
Siete veces tuvo a 'Norman' en sus brazos, más que cualquier otro tenista en la historia de este certamen. Roy Emerson en el amateurismo y Roger Federer en el profesionalismo ganaron seis veces pero el balcánico subió el listón un peldaño más. Denominado 'Norman', el nombre completo del trofeo es "Norman Brookes Challenge Cup", tal como se describe en la propia Copa. Se lo llama así en honor a Norman Everard Brookes, el primer gran tenista australiano que se destacó fuera del continente oceánico, siendo el primer campeón de Wimbledon no británico en 1907 y el jugador más viejo en ganar un título de Grand Slam (dobles) a los 46 años en el Australian Open 1924. Además fue presidente de la 'Lawn Tennis Association of Australia' durante 28 años.

Daniel Vitale Pizarro

29 enero 2018

El mito suizo

El 'Ojo de Halcón' le corta la emoción del triunfo como en 2017. Trofeo en mano y micrófono a centímetros de su cara, no puede hablar. Se le quiebra la voz en medio de los agradecimientos y felicitaciones. Los gritos y aplausos son ensordecedores. Sigue agradeciendo a cuentagotas por no poder hablar. La emoción lo invade. La ovación no cesa. La gente quiere que el momento sea eterno. El presentador interrumpe el bullicio en vano, los espectadores están de pie adorando a su ídolo. Levanta el trofeo y las lágrimas se apoderan de él. Llora. Llora como un niño. Se desahoga. La máquina perfecta del tenis es la más humana de todas. Los flashes al unísono con los aplausos se convirtieron en los protagonistas de la noche australiana en el mítico Rod Laver Arena. Roger Federer era campeón del Australian Open 2018.

Treinta y seis años, cinco meses y veinte días, el segundo campeón de Grand Slam más "viejo" de la Era Abierta del tenis, aunque la palabra viejo le falta el respeto. Federer superó la prueba del paso del tiempo y eso lo hace más grande de lo que es. Diseñado genéticamente para jugar al tenis, no deja cabo suelto en su preparación para las grandes citas. Entrenamientos de calidad y no de cantidad, competencia intensa pero breve, y períodos largos de descanso. Esa la fórmula elegida por Pierre Paganini (preparador físico de siempre) para seguir en la elite del tenis profesional, sin importar lo que diga el calendario biológico personal. 
"Roger XX" suena más a Rey de la antigüedad que a un tenista que ganó veinte Grand Slams, más que cualquier otro hombre en la historia del deporte de la raqueta. Federer trasciende el deporte, no solo el tenis. Es un fenómeno social deportivo. A donde va es amado, sin importar la nacionalidad de su rival de turno. Los fanáticos afortunados lo siguen alrededor del mundo, planifican viajes a ciudades en las cuales dispute algún torneo. Los demás "desafortunados" lo miran y admiran a través de la TV, a cualquier hora del día, aunque tengan que madrugar o trasnochar. Incluso la gente que no mira tenis, mientras hace zapping, deja algunos minutos la señal deportiva para verlo impactar un drive, un revés, una volea o un saque. Es adictivo. Es un poco de todos.

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En julio se cumplirán veinte años desde que Roger Federer debutó en el circuito ATP, el mismo número de Grand Slams que obtuvo a la fecha, a razón de un "Major" ganado por año. Una locura total. Desde su primera final en un Grande en Wimbledon 2003 hasta su última en el Australian Open 2018, pasaron 59 Grand Slams de los cuales disputó 58, llegó a 30 finales (51,72%) y ganó 20 (34,48%). Números extraterrestres. Un dato 'random' dice que el 10% de los Grand Slams totales disputados en la Era Abierta (1968-2018) fueron ganados por RF, algo que solo los freaks de los números (y ultra fanáticos del de Basilea) pueden saber.

En cuanto al análisis del juego, la versión renovada, rejuvenecida del Federer 2107-18 difiere bastante de la versión trituradora de récords, joven y dominadora del circuito del 2004-2009. La resurrección como gran campeón comenzó en 2014 con dos hechos significativos: Stefan Edberg como coach y el cambio de raqueta. El sueco comenzó la transformación de jugador ofensivo a ultraofensivo, ayudado por la nueva raqueta de aro más grande (90 a 97). Sin corona pero con tres finales Grandes, el segundo cambio fue la contratación de Ivan Ljubicic en 2016, una apuesta arriesgada. Lesión de por medio, lo mejor estaba por venir en 2017, el año del "nuevo tenis total".

A las asiduas subidas a la red y la presión constante a partir de la devolución (Edberg rules), le agregó la mejora de su golpe históricamente más débil, el revés. Tanto lo mejoró que hizo de su punto débil, un virtud. Metido adentro de la cancha, muchas veces casi de sobrepique, le quitó el tiempo a sus adversarios. Dejó el slice (solo para variar ritmos) y agregó un sólido top. Pero fue más allá con el "nuevo revés" hasta golpearlo sin dificultades por encima de sus hombros, algo que años atrás ni el propio jugador hubiera imaginado. El ejemplo cabal de que el trabajo a consciencia y el creer que se puede mejorar, van de la mano.
"Creo que el Federer que jugó esta noche es una mejor versión de mí, especialmente por tres aspectos en los que ahora soy mejor: el servicio, especialmente el segundo saque, el revés, y el resto", respondió el multicampeón a la pregunta sobre si era mejor el Federer campeón en Melbourne 2007 o el del 2018. ¿Dónde está la clave su evolución? La pasión. La pasión por el deporte que ama genera ganas de mejorar, de superarse, de no rendirse ante las adversidades. Superdotado física y técnicamente (ayudado por un entrenamiento intenso y eficaz), fortalecido mentalmente luego del parate de seis meses en 2016 tras el que nadie sabía cómo volvería, la pasión completa el combo perfecto para regresar a su mejor nivel, incluso mejor. Rendirse no existe en su diccionario personal.

"Nunca subestimes el corazón de un gran campeón"

Daniel Vitale Pizarro

23 enero 2018

The Happy Slam

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El Australian Open es denominado el “Happy Slam”. Los australianos hicieron que el torneo adopte ese nombre afable gracias al gran número de espectadores y al calor de los mismos en cada entrenamiento o partido. Disfraces, colores vívidos, comida y algún trago de más, son característicos del día a día, un marco único en un país que lo tiene todo. Disputado en Melbourne durante el mes más caluroso del año en el hemisferio sur, Melbourne Park recibe cientos de miles de visitantes durante los casi 20 días que dura el certamen desde la clasificación de todas las categorías participantes, hasta las finales. Singles, dobles, dobles mixtos, juniors y silla de ruedas son las competencias oficiales durante el primer Grand Slam de la temporada.

En las categorías más importantes (individual masculino y femenino), Roger Federer intentará defender el título obtenido en 2017, y Serena Williams, campeona en 2017 estando embarazada (dato no menor), no disputará el Australian Open por no estar al 100% de su condición física. Los candidatos al título son varios: Federer, Nadal, Dimitrov, Zverev, Kyrgios, Del Potro o alguna sorpresa que pueda colarse en las instancias finales masculinas, son los nombres que están en boca de propios y ajenos del deporte, por lo que apostar por tu jugador favorito no es tarea sencilla.

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Abarrotado de fanáticos todo el complejo tenístico, el calor extremo imperante parece no molestar a los visitantes que soportan temperaturas de casi 40° centígrados. Pero los jugadores son los que peor la pasan cuando de calor extremo se trata. Los termómetros marcan casi 60° grados centígrados en el suelo de la Rod Laver Arena, de la Margaret Court y de la Hisense Arena, los principales estadios australianos. Estas tres mega estructuras del complejo cuentan con techo retráctil para los días de lluvia o de calor extremo (40°C), típicos durante esta época.


El Grand Slam más difícil de todos por las condiciones de calor, por la lejanía de Australia con Europa y Norteamérica (epicentros del circuito ATP) y por realizarse en enero, luego de las merecidas vacaciones (físicas y mentales) y de una exigente pretemporada. Ese conjunto de cosas hace que el históricamente menos prestigioso de los cuatro Majors sea el más complicado de ganar, el más competitivo y el más “feliz” de todos. Bienvenidos al Australian Open 2018, la temporada ya comenzó.

Daniel Vitale Pizarro

30 enero 2017

BEL18VE WAS REAL



¿Los tres más grandes de la historia?

Cuatro años y medio pasaron desde la última coronación de Roger Federer en un Grand Slam (Wimbledon 2012). En ese periplo ocurrió de todo. Títulos, bajo rendimiento, más gemelos y lesiones. Wimbledon 2016 fue su último certamen profesional. Su físico dijo basta. Su rodilla no estaba al 100% y con 34 años prefirió no arriesgar, recuperarse por completo y encarar un nuevo año renovado. Sin molestias, sano, desintoxicado de tantos años dedicado por completo al circuito, inició 2017 con la incertidumbre de ver si después de tanto tiempo parado, sería capaz de competir contra los mejores a cinco sets y ganarles. Ese era su miedo, no estar a la altura de las circunstancias.
Australian Open. La primera prueba de fuego era Tomas Berdych (10°) en tercera ronda. 17° ATP por ausentarse seis meses del circuito, Roger se cruzaba bien temprano ante un Top10. Como en sus mejores épocas, barrió a Tomas en sets corridos. En octavos de final la vara se elevaba. El sorteó determinó que se enfrentaría con Kei Nishikori (5°), favorito por el presente de ambos. Contra todos los pronósticos, el suizo salió airoso del enfrentamiento ante el nipón y lo derrotó en cinco sets. Federer iba de menor a mayor. Mentalmente intacto, rápido de pies y agresivo, avanzaba a paso firme. Mischa Zverev, vencedor de Murray (1°) en octavos de final, no estuvo a la altura de unos cuartos de final de Grand Slam.

Llegó la semifinal. Inesperada para él, inesperada para todos. El rival era Stan Wawrinka (4°), campeón aquí en 2014, del US Open meses atrás y tricampeón de Grand Slam. Nuevamente el favorito no era el suizo más ganador. El partido fue cambiante. Dos sets a cero Roger, sets iguales Stan. El quinto parcial era para cualquiera de los dos, pero uno tenía que pasar a la final. Como dos veinteañeros, corrieron y dejaron todo hasta que el de mayor edad se llevó el triunfo. Federer volvía a ganar un encuentro a cinco sets en el torneo. Impresionante. Por el estilo ultraofensivo de ambos, los cinco sets "apenas" duraron tres horas.

En un torneo lleno de resultados inesperados, la sorpresa mayor sería la más agradable para el público, sponsors y televidentes. La final soñada que muchos creyeron que nunca más volverían a ver, se hacia realidad en Melbourne. Federer vs Nadal. "Rafa" también venía de una batalla a cinco sets ante Dimitrov en semifinales y al igual que Roger, era su segundo partido en el certamen a cinco sets (Alexander Zverer en segunda ronda). El español de treinta años estaba de vuelta en el circuito tras un par de meses ausente por dolores crónicos en su muñeca que lo afectaron desde Roland Garros, cuando se retiró en pleno torneo.

La rivalidad más repetida y emocionante de la historia en finales de Grand Slam escribía un nuevo capítulo. Dominada por Nadal seis a dos y mayor aun la diferencia en Grand Slams (9-2) y a nivel ATP (23-11), el favorito para la final del Australian Open 2017 era el español, a pesar de haber jugado varias horas más para acceder a la definición. El partido con más Grand Slams ganados en toda la historia del tenis mundial se estaba por disputar en Melbourne Park. Los 17 de Federer contra los 14 de Nadal: 31 Grand Slams sobre la mesa. Ese era el palmarés de los rivales en Australia para el deleite del público que pudo presenciar en vivo a estos dos colosos del deporte de la raqueta.


Contra todos los pronósticos (otra vez) y como durante todo el torneo, Roger Federer pudo con otro Top10. Rafael Nadal (9°) sucumbió ante el poderío ofensivo del suizo que nunca se despegó de la linea de base y presionó todo el partido con su revés plano y su derecha dominante. Pero así suena muy sencillo. La precisión y la velocidad de piernas para acomodarse y poder pegar todos los tiros fue altísima, más aun para contrarrestar los golpes pesadísimos tan característicos de Nadal. La táctica que anulaba al número uno de entonces, hoy fue neutralizada por el ataque constante, casi de sobrepique, del actual 'mentiroso' N°17.

Severin Luthi, entrenador de Federer desde 2008 y capitán de Copa Davis suizo, analizó el partido y las condiciones del torneo: "Fue muy importante el hecho de que Roger jugara agresivo. Nadal no tuvo casi tiempo en los intercambios. El nivel fue increíblemente alto, con 'winners' casi todo el tiempo. Las bolas iban más rápidas que en años anteriores, eso fue una gran diferencia. Roger salió a la pista con una idea muy clara. Fue increíble la convicción que tuvo Roger en la final. Estaba seguro de que ganaría". Vale recordar que Luthi había declarado antes de la final que Roger no iba a cometer los errores del pasado ante Nadal y que saldría a atacar todo lo posible. Y así fue.

Pero la clave fue la mentalidad. A pesar de haber jugado un gran partido físico y táctico, la mente de Federer fue lo que le permitió vencer a Nadal. Muchas veces derrotado por el zurdo sin oponer resistencia mental aparente, desbordado por la defensa y la entrega del ibérico, esta vez la historia fue diferente. Convencido de sus posibilidades de ganar, de saber que quizás nunca más volvería a una final de Grand Slam, pudo liberar su mente y su tenis de los miedos de antaño. Tanto fue así que mermado físicamente y quiebre abajo en el quinto set (1-3), encontró la manera de ganar el partido, sin precedentes en sus encuentros previos. Roger superó ese bloqueo mental y el resultado fue ganar el partido más importante de su carrera.

Para Roger Federer no fue una victoria más en su carrera de las 1087 que ostenta a nivel ATP, y lo dejó muy claro: “Fui capaz de vencer a Rafa en una final de Grand Slam diez años después, lo que hace al trofeo muy agradable y especial. La magnitud de este partido es diferente a todo lo que viví. No puedo compararlo con otro, salvo, quizás, con Roland Garros 2009. Esperé por Roland Garros, lo intenté, luché, fallé, hasta que finalmente lo logré. Esta sensación en Australia es similar. Además es especial porque todo empezó aquí. En Melbourne jugué el Junior (1998), la fase previa en 1999 y gané mi primer partido frente a Michael Chang (2000). Me encanta venir al Australian Open”.

Daniel Vitale Pizarro

01 febrero 2016

No tiene rivales



Una y otra vez, la misma imagen en el mismo lugar

Cada vez que Novak Djokovic expresa que jugó el mejor tenis de su vida, parece que lo dice para quedar bien con el adversario y no dejarlo humillado por su juego arrollador, el que expone en cada lugar que pisa hace un largo rato. Pero la realidad es que no miente cuando ante la prensa manifiesta sus sensaciones dentro de una cancha. Los dos primeros sets ante Roger Federer en la semifinal del Australian Open fueron la perfección tenística. La final ante Andy Murray fue de menor nivel pero de igual superioridad. El primer set fue un monólogo de "Nole", no brilló pero dejó en claro quien era el dueño del partido, el mismo que domina el tenis hace dos años por escándalo.

El propio campeón dio su visión sobre el último partido, el que decidió quien levantó el trofeo: “Empecé el partido muy bien, como ante Federer, con pocas cosas mal hechas. He sido muy agresivo y he jugado de la manera que quería jugar contra él. Ejecuté el plan perfectamente durante un set y medio. Luego Murray empezó a servir mejor. Se metió de nuevo en el partido. El segundo set se decidió por pocos puntos, así como el tercero. Creo que lo podía haber hecho mejor en mis juegos al saque cuando fui quebrado en ambos sets, pero todo el mérito para él por luchar y demostrar por qué es uno de los mejores del mundo". Ni hace falta crónica de la final, ¿no?

Djokovic, Becker y su equipo. Boris, te debo tanto...

Federer en el US Open 2011, Murray Nadal en el Australian Open 2012, Wawrinka en el Australian Open 2013, Cilic Federer en Wimbledon 2014, Wawrinka en el Australian Open 2015 y Anderson en Wimbledon 2015. En seis de sus diez Grand Slams obtenidos disputó al menos un partido que se definió en el quinto set y este Australian Open 2016 no iba a ser la excepción. Gilles Simon lo exigió al máximo en octavos de final. 100 errores no forzados cometió el a la postre campeón, un número nunca visto en sus estadísticas. Su rendimiento antes de las rondas finales hizo que los aficionados pusieran en duda su candidatura al trofeo por sexta vez, algo que se encargó de difuminar...

16790 puntos son los que acumula "Nole" durante los últimos doce meses de competencia, casi el doble que el número dos del mundo Andy Murray (8945), su rival en la final del Abierto de Australia 2016. Dividiendo su puntaje a la mitad sería el tres del planeta, una diferencia pocas veces vista en la historia de cualquier deporte. Esa distancia en el ranking ATP lo logró y solventó con resultados porque en primer Grand Slam del año alcanzó su 18° final ATP consecutiva entre 2015 y 2016. De esas ganó las últimas siete. Su último torneo sin acceder al partido definitivo fue Doha 2015 cuando lo derrotó Ivo Karlovic hace más de un año, certamen que ganó este curso.
El mejor punto del torneo y del año

Novak aumenta sus estadísticas personales a la velocidad de la luz. Repasemos. Seis títulos en el Australian Open, misma cantidad que Roy Emerson, ambos máximos ganadores del certamen; 19 finales de Grand Slam (11-8), igualó a Lendl (19) y a Borg (11); 61 títulos ATP en 87 finales (10° en la historia); 214 partidos ganados en Grand Slam (5° en la historia) y 184 semanas como número uno del mundo, sin fecha de caducidad (5° en la historia). 28 años de edad, en la cúspide de su carrera, cumplirá 29 el 22 de mayo y ya es una realidad el lugar en la historia que ocupa y los récords que le peleará a Federer y Nadal. "Creo que me encuentro en una buena posición para alcanzarles, pero ya veremos, el tiempo lo dirá.". Hambre no le falta al balcánico...

Andy Murray sucumbió una vez más ante Novak Djokovic en la final del Australian Open. Es la cuarta en tierras oceánicas ante el serbio y la quinta en su carrera (2010 vs Federer). Nunca pudo levantar el trofeo. Superó a Bjorn Borg (cuatro finales de US Open) con más finales en un Grand Slam sin coronarse. No disputó torneos de preparación y llegó a Melbourne a ser campeón de una vez por todas. Los cuatro intensos sets con David Ferrer en cuartos de final y los cinco sets ante Milos Raonic en semifinales mermaron el físico del escocés que luchó en la final contra Djokovic pero que no le alcanzó ni exigió al número uno del mundo a lo largo del encuentro.

Tan lejos y a la vez tan cerca

Número dos del mundo, Andy disputó su 53° final ATP (35-18), la novena de Grand Slam (2-7), su déficit en comparación con su efectividad en finales ATP en general. Emocionado y con la voz quebrada en plena conferencia pospartido, Murray felicitó a su rival y mandó un saludo a su mujer que está internada a punto de dar a luz: "Kim, te amo, tomaré el primer vuelo para estar a tu lado en este momento tan importante para nosotros". El escocés estuvo en duda en cada duelo ya que había anunciado que apenas su mujer entrara en trabajo de parto, no se presentaría a jugar su partido para estar presente en el nacimiento de su primer hijo. Por suerte para el torneo, fue todo normal.

Daniel Vitale Pizarro

02 febrero 2015

Su segunda casa


Cualquier epígrafe está de más

Novak Djokovic sigue marcando el camino del circuito ATP. Número uno del mundo en tres de las últimas cuatro temporadas y el mejor del Australian Open por quinta vez en su carrera, el serbio a sus 27 años no afloja y se aferra a la cima del ranking mundial con 3840 puntos más que Federer (2°). Un campeón con todas las letras, capaz de hacerle frente a Federer y Nadal, de ganarles y de amenazarlos con proezas que ellos, dos de los más grandes de la historia, quizá nunca alcanzarán. Padre de Stefan (tres meses) y casado con Jelena hace siete meses, "Nole" es un tipo íntegro, de buen humor, feliz y con hambre de más. De mucho más, en el deporte que lo hizo conocido, popular y querido.

El nivel de la final fue de mayor a menor. Un primer set antológico, para guardar y volver a ver fue 7/6 para Djokovic por la ineficacia de Murray para cerrar el parcial. El británico estuvo 5-2 en el tiebreak y falló una volea sencilla en el 5-5. Set para Novak. El segundo fue similar, pero "Andrés" pudo concretar las oportunidades que tuvo y se lo llevó 7/6. El tercero fue el más raro. Andy comenzó 2-0 pero "Nole" recuperó el quiebre. El escocés sacó 3-4 y ese fue el principio del fin para él. Dos errores y una doble falta sentenciaron el set, la confianza y casi el partido. A partir de allí fue todo para el serbio. Atrás las dudas y dolores, rebosante de confianza desplegó el nivel del primer set pero a esta altura del partido ya no tuvo resistencia del otro lado de la red y fue 7/6 6/7 6/3 6/0.

Los ball boys no quieren perderse la foto con el campeón

En el medio del partido pasó de todo. Aparentes fatigas de ambos, golpes desarticulados del serbio (hasta llegó a caerse tras un peloteo intenso), pedido de "trainer" y muestras de "calambres", cosas que no mermaron el rendimiento de los dos. Muchos vaivenes físicos, emocionales y tenísticos, todos en un mismo partido que se llevó el que mejor administró sus mejores momentos y aprovechó las pocas chances que dio cada uno. Una vez más, como en las finales del 2011 y 2013 en este escenario, el triunfo fue para la misma persona. Una nueva y dura derrota en Melbourne para Murray, eterno aspirante al título aquí (0-4 en oportunidades para levantar el trofeo oceánico), que se "ganó" su vuelta al número cuatro del mundo.

Algunas fotos de la Seguridad vs Manifestantes.

Durante el encuentro también sucedió un episodio extraño, similar al de la final de Roland Garros 2013. Manifestantes australianos colgaron banderas en una de las tribunas en forma de protesta y dos de ellos ingresaron al "Rod Laver Arena" con remeras y pancartas en alusión a Australia y su política de no ingreso a los refugiados. Exactamente el mensaje era: "Australia abierta para refugiados". Rápidamente fueron capturados y alejados del complejo. Los compañeros en las gradas también fueron escoltados fuera del predio, mientras los jugadores eran vallados por la seguridad del torneo para prevenir cualquier acercamiento peligroso, aunque en este caso no era el propósito de los intrusos tomar contacto con los protagonistas. Se pueden ver todas las fotos del ingreso de los manifestantes acá.

Así quedaron cercados los finalista luego de la irrupción de los manifestantes en la cancha.

Novak Djokovic y su huella en la historia. Se sumó a Connors, Agassi y Lendl con ocho Grand Slams obtenidos, solo superado por Federer (17), Nadal y Sampras (14) y Borg (11). El trofeo en el Australian Open significó su 49° título ATP en 71 finales disputadas y el quinto en Melbourne (el más ganador de la "Era Abierta" en ese Grand Slam), debajo de Roy Emerson que ganó seis trofeos en la "Era Amateur". En total acumula quince finales entre los cuatro torneos más importantes del tenis (8-7). El serbio se va metiendo en la historia grande, para ser protagonista y no un actor de reparto. ¡Y compartiendo "Era" con Roger y Rafa! Además, Djokovic logró ganar al menos un Grand Slam por año en las últimas cinco temporadas y por lo menos un título ATP desde 2006, diez años consecutivos.

Sonrisa en la cara y festejo con los suyos. El mejor del torneo expresó su alegría ante los más de 20,000 espectadores presentes: “Este título tiene un significado profundo. Un valor más intrínseco para mi vida porque ahora soy padre y esposo. Es el primer Grand Slam que gano en esta etapa de mi vida y me siento muy orgulloso. Me encanta estar aquí, haber ganado el octavo título de Grand Slam y ser mencionado en el grupo de élite entre leyendas de nuestro deporte es un gran privilegio. Va a servir de inspiración para el resto de la temporada”.

Puño y foto del equipo de trabajo pospartido. Objetivo cumplido

El paso del escocés por el certamen fue más positivo que negativo a pesar de la derrota. Recuperó el nivel perdido durante 2014, volvió al Top4 y llegó a una nueva final de Grand Slam. En el debe quedará el título australiano que se le negó una vez más (0-4 en definiciones por el campeonato) y ese puñado de puntos que inclinaron la balanza para el serbio. Distinto al Murray versión 2014, deberá seguir en esta senda durante 2015 si no quiere abultar su calendario en las últimas semanas de la temporada como le sucedió el año pasado, desesperado por conseguir puntos para no quedar afuera del Masters, torneo que lo tiene desde 2008 en sus filas (salvo ausencia por lesión en 2013).

El nueve veces finalista de Grand Slam (2-7) tuvo sentimientos encontrados tras su cuarta frustración en Australia, pero no todo fue negativo: “El tercer set fue frustrante porque me distraje cuando él se cayó al suelo después de un par de golpes. Parecía que tenía calambres. Si fueron calambres, es difícil recuperarse y jugar tan bien como lo hizo al final. Estoy frustrado por dejar que eso me afectara". Abatido, Murray rescató lo positivo de jugar los siete partidos: “Estoy jugando y moviéndome muy bien. psicológicamente me siento fuerte, tengo más confianza. Estuve muy tranquilo antes de los partidos. Mentalmente me sentí mejor que al final de la temporada pasada. Veo muchos aspectos positivos".

Daniel Vitale Pizarro