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28 septiembre 2020

Revancha alemana

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#5 Thank you Hamburg. Thank you audience🇩🇪🖤 #hamburg #atp500

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Era el jugador más en forma previo al Australian Open y vuelve a ser el jugador mejor preparado para Roland Garros. Andrey Rublev está viviendo una temporada fantástica a pesar del parate obligado por la Pandemia. El ruso de veintidós años no solo regresa a su mejor ranking en Roland Garros (12°) sino que será el segundo campeón por triplicado del año junto a Novak Djokovic que ganó cuatro torneos más la ATP Cup en enero. A falta de torneos y al no haber llegado lejos en Roma (segunda ronda), Hamburgo se presentaba como el torneo ideal para tomar el ritmo necesario antes de disputar El Abierto de Francia. Finalista en 2019 ante el bicampeón Nikoloz Basilashvili, en 2020 el cuadro no tenía nada que ver con el de doce meses atrás.

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Disputado luego de Wimbledon desde 2009, año en el que Hamburgo dejó de ser Masters1000, la Pandemia permitió que el torneo más importante de Alemania vuelva a desarrollarse antes del Grand Slam parisino. La ubicación en el calendario produjo que el cuadro principal contara en esta edición con mejores jugadores, a diferencia de la última década. A modo comparativo, el año pasado el octavo preclasificado fue el 37° ATP y en 2020 ese lugar fue ocupado por el 16° ATP... En ese contexto, Rublev partía como quinto favorito con dos Top10 en su parte del 'main draw'. La temprana derrota de Daniil Medvedev abrió un poco el cuadro pero no evitó a Roberto Bautista Agut (11°) en cuartos de final y a Stefanos Tsitsipas (6°) en la final.


La definición fue muy igualada. Compañeros de generación (1997-98) y de muchas batallas futuras, se disputaban el debut como campeones en un ATP500 y el que pudo sobrellevar mejor la presión fue Andrey Rublev: “Es una sensación increíble [ganar un título ATP 500]. Me di cuenta solo cuando dijeron 'doble falta'… unos segundos después comencé a darme cuenta de que se acabó y gané. Es un sentimiento impresionante. Yo estoy feliz. Iba a la cancha sin miedo. El partido fue muy emocionante. En el tercer set estuvo dos veces quiebre arriba. Tuve un poco de suerte en el 5-4... y rompí su servicio. Creo que fue un poco mental. Tal vez Stefanos se decepcionó un poco porque no pudo cerrar el partido y luego, al final, todo fue muy rápido y gané".


Desde que Hamburgo dejó de ser Masters1000 y cambió de fecha en el calendario, el torneo alemán fue el ATP500 más propenso a ganadores sorpresivos o de bajo ranking. Andrey Golubev (2010), Leonardo Mayer (2014 y 2017), Martin Klizan (2016) o Nikoloz Basilashvili (2018-19) fueron los campeones que no estaban en la consideración del público ni organizadores para levantar el trofeo y que luego no lograron grandes resultados en otros certámenes del circuito. Andrey no quería que la final del año anterior fuera solo una cuestión del azar y en un cuadro super competitivo destacó por encima de todos gracias a su potencia desde el fondo de la cancha y a su desparpajo a la hora de golpear la pelota como si no hubiese un mañana.
Segundo jugador con más victorias ATP del curso (25) gracias a los títulos en Doha, Adelaida y Hamburgo y a los cuartos de final en el US Open, el nacido en Moscú no esconde sus intenciones de alcanzar el Top10 e intentará clasificar al ATP Finals en su última edición en la 'Arena O2' de Londres. Entrenado desde 2016 por el español Fernando Vicente, principal culpable de la mejora táctica de Rublev y de los gritos de aliento en un claro español "vamos", el nacido en Moscú va cosechando triunfos en la superficie que menos beneficia a su juego, a base de un mayor orden táctico y mental, sin renunciar al poder de fuego con su derecha.
Atrás parecen haber quedado los días de enojos sin sentido y festejos inapropiados, actitudes que repetía tanto dentro como fuera de una pista de tenis, producto de la rebeldía de un joven que fue el mejor del mundo en Junior, que prometía mucho pero que no terminaba de dar el salto de calidad que todos esperaban. Su desmesurada potencia genera indefectiblemente irregularidad en sus tiros y en eso están trabajando de un tiempo a esta parte junto a Vicente y su cuerpo técnico: “Es un chico nervioso, tiene sus objetivos y la gente apunta muy arriba. Hay que ser realista y ayudarle a dejar a un lado el estrés y acompañarlo en lo mental, que vea que si pierde vamos a estar ahí. Sabe de sus debilidades, aunque a veces es muy impulsivo. Pero es el carácter que tiene y estamos trabajando en ello”.

Daniel Vitale Pizarro

28 octubre 2019

El patio de su casa







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A Roger Federer no solo lo une a Basilea el haber nacido en la homónima ciudad suiza del cantón alemán. Su primer contacto con el evento tenístico fue en 1993 (doce años) cuando lo eligieron para ser recogepelotas. En 1997, el helvético de dieciséis años debutaba como tenista profesional en el ATP Basilea, gracias a una invitación por parte de la organización para disputar la clasificación. Veintitrés ediciones después desde su debut en Suiza, las quince finales alcanzadas en su ciudad natal lo convirtieron en el hombre récord de la Era Abierta en disputar definiciones en un mismo certamen y los diez títulos conseguidos allí, récord personal de más trofeos en un mismo torneo junto con Halle. Quizás por eso las lágrimas luego del triunfo en medio de una ovación que parecía interminable.
"La gente piensa que solo estoy ahí, obteniendo el título, pero hay mucho más que eso. Manejar a cuatro niños es todo un desafío, un lindo reto. Y cuando estoy allí y recuerdo todo eso en mi cabeza, me llega y no puedo controlar mis emociones. Con la música de fondo y los niños entrando en la pista... todo suma. Estas victorias significan mucho para mí. Al principio me resultaba incómodo mostrar mis emociones en público pero ahora es parte de mi carrera. No pretendo llorar, pero me viene de forma natural". Amado en todo el mundo por su forma de jugar pero sobre todo por su forma de ser más que por sus resultados inalcanzables, Federer no esconde sus emociones porque no puede, y eso lo hace aun más querible para el público.
El número tres del mundo, sincero sobre sus posibilidades de ganarnunca imaginó este presente: "Tengo sensaciones encontradas. Al inicio de mi carrera, luego de perder dos finales seguidas en Basilea (2000-01), creía que nunca iba a poder ganar aquí. Hoy pienso que en algún momento esta racha ganadora (cinco títulos) se tiene que terminar; lo pensé el año pasado y esta temporada también lo hice. Para mis fans es lógico que juegue semifinales o finales aquí, pero para mí no lo es. Cuando se acercan a mí, me dicen: 'nos vemos el domingo, ya tengo las entradas'. Antes del torneo tuve la sensación de que caería antes de la final. Soy muy realista y sé que el margen de error aquí es muy pequeño. Por eso estoy muy sorprendido de haberlo logrado otra vez".
Primer título con 38 años y cuarto de la temporada, el longevo jugador se acerca a las cuatro décadas con un nivel de tenis asombroso. Rápido de piernas, infalible con su servicio, dominante con sus golpes de fondo y cerrando muchos puntos en la red cual doblista experimentado, Roger parece no envejecer. Al contrario, su juego rejuvenece. Desde Wimbledon que no se mostraba tan fino con sus golpes, una derrota que le costó digerir pero que pudo hacerlo antes de fin de temporada, otra muestra de lo fuerte mentalmente que se hizo con los años. "La experiencia te ayuda en los momentos oscuros", dijo tras ganar en Suiza, haciendo alusión a la durísima derrota en el All England, la más dolorosa de su carrera que 'por suerte' le llegó con 37 años y no siendo un adolescente...

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En Basilea la tradición se respeta y como todos los años, como cuando el propio Federer fue recogepelotas, el campeón de turno les entrega una medalla a cada niño y pizza para todos, una celebración que a Roger le recuerda lindos momentos. Sin París en su calendario 2019 ni las 'Finales de Copa Davis' en Madrid, su temporada finalizará en Londres luego de disputar su decimoséptima 'Copa de Maestros' en donde acumula seis títulos en diez finales disputadas (récords históricos). El suizo emprenderá luego del Masters una gira por Latinoamérica en la que, de no ocurrir cancelaciones de último momento, visitará México, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. No será una gira de despedida porque sabemos que, si el físico lo acompaña, competirá durante todo 2020.


Daniel Vitale Pizarro

07 octubre 2019

No todo es arcilla


Finalizada la temporada de arcilla larga (post Wimbledon), los resultados y el rendimiento no acompañaron a Dominic Thiem. Tras la final de Roland Garros, fuera del polvo de ladrillo el austriaco no pasó de cuartos de final pero más preocupante aun era su rendimiento, tan alto en París y tan irregular luego. Tocó fondo en Copa Davis al perder ante Emil Ruusuvuori (163° ATP). Esa derrota le sirvió para analizar el porqué de los malos resultados en medio de la mejor temporada de su carrera, campeón de Masters1000 y N°4 ATP. La 'Laver Cup' sirvió para distenderse y ponerse a punto desde lo mental para encarar el tramo final de la temporada de la mejor manera posible e intentar clasificarse al Masters gracias a la gran cantidad de puntos cosechados durante la primera mitad del año.
Su calendario en Asia iniciaba en Beijing (China), gira en la cual apenas había ganado tres partidos en diez torneos disputados entre Japón y China desde 2014. Pero la capital china iba a cambiar ese récord altamente negativo de Dominic en Asia. Las buenas sensaciones en la pista iniciaron desde los entrenamientos y se extendieron durante toda la semana, hasta la final. Richard Gasquet, Zhizhen Zhang, Andy Murray, Karen Khachanov (9°) y Stefanos Tsitsipas (7°) fueron sus victimas previas a levantar su 15° trofeo de campeón ATP, cuarto del año, en su mejor temporada también en cuanto a cosecha de títulos, igual que en 2016 pero con mayor jerarquía de torneos.


"Es satisfactorio, pos supuesto. Probablemente, considero este como mi segundo título más grande porque el cuadro fue extremadamente duro. El último sembrado era el número trece del mundo, por lo que fue casi como un Masters 1000. Tanto Indian Wells como Beijing se adaptan bien a mi juego, son canchas duras pero de de velocidad lenta, tengo un poco más de tiempo, por eso he tenido estos éxitos. Ahora debo ponerlo en práctica en las canchas más rápidas, aunque estoy muy contento por mi actuación en cemento esta temporada. Ahora tenemos cuatro grandes torneos por delante, así que trataré de usar este impulso", declaraba "Dominator" en conferencia de prensa sobre la importancia del título en Pekin.







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El primer objetivo de la gira asiática, clasificar al Masters, fue cumplido al alcanzar la final en Beijing. Thiem disputará en Londres su cuarto Torneo de Maestros, cita en la cual nunca pasó el 'round robin' pero que siempre ganó un partido en su grupo (3-6). Cinco del mundo, su hoja de ruta marca Masters1000 Shanghai, ATP500 Viena en su país, M1000 París y las 'Finales ATP'. En el mejor año de su carrera, el austriaco ganó en lugares donde no conocía el éxito (Indian Wells, Barcelona, Kitzbuhel y Beijing). 6-3 su récord en 2019 ante miembros del Top10, cuatro de esas victorias fueron ante el Big3. Temporada que nunca olvidará.
El doble finalista de Roland Garros explicó su mejoría sobre canchas duras en 2019 pero aclara que tanto Indian Wells como Beijing, no son 'canchas rápidas': “Hemos trabajado muy bien algunos aspectos que creo que me ayudaron en superficies más rápidas, en canchas duras. Creo que nunca había ido tantas veces a la red como hoy, eso es justo lo que debía hacer. Es muy importante acortar los puntos, terminarlos en la red. En eso trabajamos con Massú y de momento vale la pena. Mis dos títulos más importante han llegado sobre pista dura, pero debo ser honesto y aceptar que son canchas bastante lentas, canchas duras que se adaptan a mi juego, donde es bueno jugar con topspin. Ahora falta ver si también puedo atacar la red en las superficie rápidas, espero que pronto pueda levantar algún título en esas condiciones”.

Daniel Vitale Pizarro

05 agosto 2019

Tómalo o déjalo







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Nick Kyrgios siempre es noticia. Pierda o gane, los medios especializados siempre hablan de él. Tiene un magnetismo con la prensa como ningún otro tenista. El australiano genera en los espectadores esa especie de amor-odio de la que no pueden escapar. Incluso su sola presencia invita a que fanáticos de otros deportes sintonicen la señal deportiva que transmite sus partidos o paguen una entrada si se encuentran cerca de la ciudad donde se disputa el torneo. Niños y adolescentes le piden a su padres "la raqueta de Kyrgios", sin saber siquiera la marca ni las especificaciones. El marketing, pilar del siglo XXI, apoyado en una personalidad poco usual en el tenis y acompañado de buenos resultados, tan esporádicos como sorprendentes, está dando sus frutos.

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Dueño de un servicio devastador y con una facilidad llamativa para golpear la pelota y hacer daño, muchas veces sin buenos apoyos, el australiano se mofa de sus rivales con tiros para todos los gustos. 'Drop shot' desde cualquier punto de la cancha, 'gran willy', 'tweener', planazo bomba, ace de segundo saque a velocidad récord, saque de abajo, subida a la red sorpresiva o el SABR, son algunos de sus golpes favoritos que lanza en cualquier momento del partido, sin importar el marcador. Esta semana agregó a su amplio repertorio, la consulta a un espectador sobre donde servir durante el match point, estrategia que le "sirvió" para ganar sus últimos tres partidos y el título en Washington (USA). Un personaje único.


"Tengo gente junto a mí que me apoya en toda circunstancia y que nunca perdió la fe en mí, incluso cuando ni yo no creía en mis posibilidades. Esta semana significa mucho, no tanto por la victoria, sino por haber conseguido demostrarme a mí mismo que soy capaz de jugar a un nivel muy alto. Siento que he mejorado mucho como persona esta semana. Mi único objetivo es adquirir rutinas que me permitan estar sosegado y jugar a un alto nivel con continuidad. Quiero crecer como ser humano, aspiro a ser mejor persona a través del tenis. Si lo consigo, los resultados llegarán", declaraba ante los micrófonos el nacido en Canberra (Australia) tras disputar el mejor torneo de su carrera en cuanto a nivel de tenis, rivales e importancia del certamen.

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Pero no todo es positivo en la vida tenística de Nick. Sus extravagancias y faltas de respeto a los rivales generan mucha controversia con público y sus colegas. Ya perdimos la cuenta de cuantas multas acumula en su carrera, la mayoría por actitudes totalmente repudiables. Sus declaraciones antes y después de los partidos tampoco son bien recibidas por tenistas y fanáticos, sobre todo cuando apunta contra Nadal y Djokovic. En un deporte donde prima la caballerosidad tanto dentro como fuera de la pista, Kyrgios no hace otra cosa que salirse del libreto y romper los estereotipos, algo más propio de los años '70-'80 con Connors, McEnroe, Lendl y compañía, antipáticos que poco les importaba quedar bien con el público
Pero las épocas cambiaron y la atención sobre los protagonistas también. Hoy hay micrófonos y cámaras por todo el estadio, por lo que inconscientemente el jugador se vuelve políticamente correcto. John McEnroe dijo en más de una ocasión que durante estos años no podría haber sido profesional ya que sus exabruptos no serían tolerados. Pero sucede algo extraño, a la inversa de décadas pasadas. Por aquellos años, eran pocos los extrovertidos, hoy son pocos los introvertidos. El deporte cambia porque la sociedad cambia y la necesidad de destacarse y que los demás lo sepan, ha trascendido fronteras. El tenista hoy no solo es tenista, es una marca en sí mismo que debe promocionar para conseguir mejores sponsors y empatía con los espectadores.


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🇦🇷 El impacto de las redes sociales en el Tenista. Termina un partido, y no hay tiempo para saborear una buena victoria o mascullar “bronca” por una derrota, ni de pensar en el partido que concluyó. Casi inmediatamente el jugador toma su teléfono celular, y no sé exactamente con que fin, mira sus redes sociales. Al despertar por la mañana, antes de dormir, durante el almuerzo, cena desayuno, etc,etc la gran mayoría de los Tenistas están inmersos en las redes sociales Durante un viaje, en auto, en tren, en un almuerzo sacando fotos a un plato espectacular para subirlo a las redes sociales, y me pregunto si no disfrutan más de mostrar que van a comer un plato exquisito que de comerlo, o de mostrar que están ante un paisaje hermoso que de mirarlo. Similar situación que ocurre cuando filman un partido de fútbol en la cancha (¿por qué no lo miran por televisión entonces?) Los ejemplos abundan y mis comentarios no son una crítica, sino plantear un interrogante acerca de la influencia que estos comportamientos tienen sobre su rendimiento tenístico. Y la verdad es que no lo sabemos, porque todo esto es muy nuevo, y también muy potente...me pregunto qué pasa por la cabeza del jugador con todos los comentarios que recibe y lee de sus seguidores luego de una derrota, o cómo influyen las cantidades de sugerencias que recibe de sus allegados, debido a la facilidad para la comunicación, en la manera en la cual debe encarar un partido o aspectos de su carrera. En mi opinión es un tema apasionante, y larguísimo, mi intención con este post es plantearlo. Por lo pronto creo que sería interesante que las redes sociales de un Tenista, fueran manejadas por un profesional de la comunicación, y que ellos mismos solo manejaran sus redes personales a las cuales solo tuvieran acceso sus allegados. Me surgen muchos interrogantes pero me gustaría conocer sus opiniones @tenisalbamonte #GSM
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Kyrgios entendió el negocio a la perfección y junto a Yonex y Nike, explotan las redes sociales, su vestimenta y raquetas se agotan en las tiendas y, por ende, las arcas del terceto no paran de crecer. Más aun cuando sus resultados deportivos se conjugan con todo lo bueno que tiene y no se mezclan con todo lo malo, o no se mezclan lo suficiente como para perder partidos. Exactamente eso sucedió en Washington. Algo para destacar es su récord de 5-1 ante el Top10 en 2019 con victorias ante Nadal (2°), Isner (9°), Zverev (3°), Tsitsipas (6°) y Medvedev (10°) y una derrota contra Nadal (2°) en Wimbledon, con un H2H total frente al Top10 de 20-31, nada mal para un jugador que fue 13° ATP y que casi nunca es protagonista en los grandes torneos.

Daniel Vitale Pizarro

29 julio 2019

Sonreír pasó de moda







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El torneo de Hamburgo (Alemania) cumplió su primeros diez años como ATP500 luego de ser el quinto Masters1000 de la temporada durante treinta años (1978-2008). A excepción de los títulos de Gilles Simon (2011) y Rafael Nadal (2015), los campeones de las ocho ediciones restantes de la década se caracterizaron por ser infalibles en Hamburgo pero irregulares durante gran parte de la temporada. Andrey Golubev, Juan Mónaco, Fabio Fognini, Leonardo Mayer, Martin Klizan y Nikoloz Basilashvili son jugadores que en más de una ocasión en sus carreras acumularon prolongadas rachas negativas de resultados, matizadas en el ranking por algunas grandes actuaciones. Solo el italiano logró ser campeón de M1000 recién esta temporada, los demás semifinalistas o peor.
Esta temporada la tendencia no iba a cambiar. Dominic Thiem (4°), Alexander Zverev (5°) y Fabio Fognini (10°) eran los tres primeros preclasificados del torneo, elevando la jerarquía del certamen a diferencia de años anteriores: primera vez desde que es ATP500 que asiste al torneo más de un miembro del Top10. A pesar del competitivo cuadro que presentó el torneo alemán, el campeón volvió a ser el mismo del 2018, el georgiano Nikoloz Basilashvili (16°), que esta temporada sí tuvo que lidiar con rivales más exigentes, sobre todo en la semifinal. "Sascha" Zverev lo exigió al máximo, incluso lo obligó a levantar dos match points para derrotarlo en su país luego de tres horas y ocho minutos de partido.


La final fue diferente pero no menos exigente. El joven Andrey Rublev (21 años) le quitó un set pero hasta ahí llegó. Muy concentrado y convencido de lo que debía que hacer, Basilashvili aplicó su patrón de juego ofensivo, similar al de su rival pero más ordenado, y el título quedó nuevamente en sus manos. Alegre por dentro porque por fuera es difícil verlo sonreír, se mostró contento en conferencia de prensa: "Cuando tienes éxitos, la gente quiere y espera más de ti. Ahora todos me escriben, todos están felices. Me apoyan mucho desde casa. Tengo que decir que estoy contento por como me mantuve mentalmente durante mis dos últimos partidos, nunca me rendí".
Nikoloz hace hincapié en su mentalidad a partir de semifinales porque sabe, él y su equipo, que su punto débil es ese. No por "tirar" partidos o enojarse de más, sino por tomar malas decisiones en determinados momentos del partido o por encadenar errores absurdos por exceso de potencia que terminan mermando su confianza y perdiendo partidos que en los papeles no debería: "Antes solo pensaba en tener el suficiente dinero como para poder ir a los torneos. Pensaba en reservar pistas de entrenamiento, pelotas y poder tener a un compañero disponible. Era pura supervivencia. Cuando me clasifiqué para Wimbledon 2015 y conseguí dos victorias en el cuadro final fue cuando mi mentalidad cambió. Estaba jugando un buen tenis, pero no pasaba del Top50. Sabía que necesitaba a un mentor que me ayudase con ello".

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El georgiano de 27 años marca como punto de inflexión en su carrera la incorporación del coach Jan de Witt a su grupo de trabajo, su actual entrenador: "Hasta mis 22/23 años, era un salvaje. No era profesional. Sabía que quería jugar bien, pero era incapaz de hacerlo a este nivel. No tenía un patrón de juego. Estuve entre los 50 y los 100 mejores del mundo durante dos o tres años, pero necesitaba a alguien en quien poder confiar al 100%, sabía que me faltaba algo. Hablé con Jan (de Witt) porque me gustaba y conocía sus tácticasAhora estoy entendiendo cómo funciona este deporte. No solo consiste en golpear la pelota o una buena preparación física, consiste en trabajar también el aspecto mental. Es muy importante saber cómo manejar tus nervios en los momentos importantes del partido y yo todavía estoy consiguiendo toda esa experiencia".
Convencido de su estilo de juego y del cambio mental que le permitió establecerse como Top20, "Basil" tiene claro qué le diría a su "yo" de 21 años: "Si pudiese hablar con mi yo de 21 años, no le diría que cambiase su estilo de juego, sino más bien su mentalidad. No busco resultados, sino dar mi 100% dentro y fuera de la pista. Quiero maximizar todo lo que haga para que cuando me retire no deje ningún lugar a la duda sobre mi trabajo". Campeón de diez Futures, cinco Challengers y tres ATP500, acumula cuatro victorias ante jugadores del Top10, una por temporada desde 2016, tres de ellas en ATP500, categoría de torneos en la que su nivel de tenis se eleva.





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El nacido en Tbilisi (Georgia) tampoco se olvida de los sacrificios realizados por su familia para que hoy esté disfrutando de ser el 16° ATP, su mejor posición de siempre, en un país sin cultura tenística y por aquellos años fracturado socialmente debido a la reciente disolución de la URSS: "Hubo momentos en los que mi padre y yo dormíamos en un coche durante un par de semanas. Entrenaba en muy malas condiciones y no podía encontrar un sponsor, así que me hice con la nacionalidad rusa. Hubo un momento en el que dormimos durante un mes para un torneo junior en un coche, también dormíamos en tiendas de campaña. Todo esto hace que me de cuenta que los malos momentos existieron por algo, me hace más fuerte y me da más motivación para jugar al máximo nivel".

Daniel Vitale Pizarro