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15 julio 2019

La historia en juego


"No sé si es peor perder así que por un triple 6-2. Creo que al final eso no importa. Podría sentirme decepcionado, triste o enfadado. No sé cómo me siento ahora. Lo que siento es que ha sido una increíble oportunidad perdida. No puedo creerlo", fueron las primeras palabras de Roger Federer en conferencia de prensa luego de perder 7/6 1/6 7/6 4/6 13/12 la final más larga de la historia de Wimbledon ante Novak Djokovic. El suizo que cumplirá 38 años dentro de tres semanas, tuvo el partido en sus manos cuando sirvió 8-7 40-15 en el quinto set. Sin primeros servicios, un error con su derecha y un passing fantástico de su rival impidieron que el helvético fuera campeón por novena vez. Esfumados los match points, el partido se definió en el debut de la muerte súbita en 12-12 luego de 4h 57m.


Partidos tan igualados no ofrecen una explicación táctica o estadística clara de porqué ganó uno u otro, la diferencia en estos casos es mental. Más allá de los tiros ganadores, errores no forzados o break points concretados o desperdiciados, lo que determina al ganador es cómo enfrentan los momentos importantes del partido. Aprovechar las oportunidades creadas se transforma en algo vital para salir airoso de las situaciones complejas. Djokovic ganó los tres tiebreaks que se disputaron sin cometer errores no forzados (Federer 11) y levantó dos bolas de partido con el saque de su rival, impecable en los momentos donde el brazo se tensa y la cancha se achica. Novak devolverá genial y será físicamente dotado, pero su mejor cualidad es su mentalidad. Sus ojos se transforman en los de un depredador cuando tiene a su presa y su instinto de supervivencia es el de un felino salvaje.
Su dominio absoluto en el circuito en varias temporadas no tiene parangón, y toma mayor relevancia aun porque durante esos periodos, Federer y Nadal ya eran grandes campeones. A diferencia de Roger y Rafa, que dominaron antes de que Novak sea N°1 ATP, el nacido en Belgrado tuvo que luchar contra dos colosos en su esplendor y no solo los superó, sino que los dominó. Ejemplo de ello son las temporadas 2011, 2015/2016 y 2018/2019. De un historial parejo ante ellos (54-48), en estos periplos el serbio los aplastó: 29 triunfos y 6 derrotas. Números que reflejan su superioridad frente a los preferidos de los aficionados y de los medios especializados.
"Nos complementamos, nos hacemos crecer y evolucionar unos a otros. Ellos dos probablemente sean una de las razones más importantes por las que todavía compito a este nivel. El hecho de que hayan hecho historia en este deporte también me motiva, me inspira a tratar de hacer lo mismo y lograr más. No se si podré hacerlo. No considero la edad como una restricción de ningún tipo, lo que dije en la cancha, realmente lo dije en serio: Roger realmente me inspira con su esfuerzo a su edad. Los récords no dependen solo de mí mismo, dependen de las circunstancias de la vida. Además no soy solo un jugador de tenis, soy padre y marido. Tienes que equilibrar las cosas. Obviamente, necesitas tener las circunstancias correctas y el apoyo adecuado para que las cosas se desarrollen de la manera correcta", daba su parecer el cinco veces campeón de Wimbledon sobre varios temas relacionados con el Big3.
Muchas veces, para conocer cuánto significa una victoria para un jugador, hay que prestar atención al festejo en cancha del ganador. Así como Nadal celebró como si hubiera sido campeón en segunda ronda ante Nick Kyrgios, el particular festejo de Djokovic dejó mucha tela para cortar. "Nole" no gritó ni levantó los brazos ni se tiró al césped. El balcánico se regocijó en la Cancha Central de Wimbledon luego de competir casi cinco horas ante Roger Federer, el favorito indiscutido del público, y desafió a todos los presentes, incrédulos, mirándolos a los ojos, al mejor estilo Cristiano Ronaldo. Masticó un poco de hierba y se golpeó el corazón. El N°1 del mundo no solo le ganó a Federer, también 'derrotó' a todos los presentes.
"Tuve el partido más exigente físicamente contra Nadal en la final del Australian Open 2012 que duró casi seis horas. Pero mentalmente este, con Federer enfrente, en Wimbledon y salvando bolas de partido, fue un nivel mental diferente". Campeón de cuatro de los últimos cinco Grand Slams, Novak Djokovic va por todo y no tiene reparos a la hora de expresarlo. Hace rato que dejó de ser el tercero en discordia para pelear por ser el más ganador de la historia. El serbio es el anti-héroe, el que vino a romper esa estabilidad entre Roger y Rafael, el que reúne cosas de ambos pero que no es similar a ninguno, el más atlético de todos y el menos querido por el público de los tres.

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Quizás justamente por eso sea el "odiado", por venir a romper esa dualidad a la que los seres humanos nos apegamos en el deporte y en la vida, despreciando siempre a un tercero. Piensen en política, en fútbol o en cualquier ámbito: siempre la disyuntiva es por dos, no por tres. "Nole" es ese tercero, que hace todo lo posible por ser querido como los otros dos pero que no le alcanza ni le alcanzará. Solo le quedará superarlos en números y récords para que los eruditos del deporte, luego de retirados, lo ubiquen por encima de todos. Mientras tanto deberá luchar contra la antinomia Federer-Nadal hasta el final de su carrera.

Daniel Vitale Pizarro

16 julio 2018

Volver a las fuentes

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Roland Garros 2016 fue el punto máximo de la carrera de Novak Djokovic. Había logrado algo que solo Rod Laver pudo durante la Era Abierta: ganar los cuatro Grand Slams de forma consecutiva. Ni Federer, ni Nadal: Laver en 1969 y Djokovic en 2015-2016. Pero el fuego interno se apagó. Y un año después lo pagó su físico porque su mente ya estaba ''apagada". Una lesión en su codo derecho de larga data (dos años), pero nunca determinante, lo obligó a retirarse en cuartos de final de Wimbledon 2017. Vacío internamente, el número dos del mundo decidió no competir más hasta la temporada siguiente para recuperarse por completo de su lesión y de su agotamiento mental.

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Arropado por su familia y su nuevo grupo de trabajo (Andre Agassi a la cabeza) luego de haber roto relaciones de manera 'cordial' con su entrenador de siempre Marian Vajda (12 años) y el 'supercoach' Boris Becker (3 años), inició 2018 con cautela. Pero la vuelta sería tortuosa. El tándem Agassi-Stepanek al mando del serbio duró menos de un año, incluido el parate. Nunca cuajaron como equipo, aunque se los veía muy unidos y jocosos en los entrenamientos. "Traté de ayudar a Novak con las mejores intenciones. Pero hubo demasiadas diferencias de criterio", dijo Agassi tras su desvinculación del equipo de trabajo.

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Novak estaba con molestias físicas, falto de ritmo y sin convicción, sin esa mirada asesina que lo caracterizó siempre. Pero en abril volvió a las fuentes. Marian Vajda regresó a su equipo de trabajo como coach principal. Cuenta fuebuena.com que durante sus vacaciones en República Dominicana, Djokovic le envió diez videos a Vajda sobre su nueva mecánica en el servicio, modificada para apaciguar el dolor tras la lesión. Cuando se encontraron en una cancha de tenis para comenzar su segundo ciclo juntos, Marian volvió a cambiar el saque del serbio porque "no le gustaba biomecánicamente".

Atisbos de mejora pero pasajeros, normales durante un período de reconstrucción tenística, se notó un cambio en el servicio y especialmente en la devolución. Roland Garros lo vio irse antes de tiempo ante el ignoto Marco Cecchinato en cuartos de final. Pero llegó la hierba y todo cambió. La final en Queen's le dio confianza al nacido en Belgrado. A pesar de perder ante Marin Cilic (6°) con match point incluido, el presente ya era otro. El nivel tenístico parecía haber vuelto. Algo más de concentración en los momentos importantes y Djokovic estaba de vuelta. Pequeño detalle. La mente, lo más difícil del tenis y lo más importante.

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En fin, perder con Cilic no modificó el rumbo de Novak, al revés, lo potenció. Marin era finalista vigente de Queen'sWimbledon y el Australian Open, era factible perder ante él. Distinto fue lo de Cecchinato en París cuando en conferencia de prensa el serbio sembró la duda sobre su participación en la gira sobre césped, declaraciones en caliente que (por suerte) no llegaron a concretarse. Llegó Wimbledon. Sin títulos ATP durante los últimos doce meses, "Nole" inició su camino en el All England con las buenas sensaciones del ATP500 en Londres, aunque con un potencial cuadro principal harto complicado.


A la semifinal llegó con dos momentos de distracción que le costó el primer set ante Edmund (R3) y el segundo parcial contra Nishikori (CF). Rafael Nadal era el rival previo a la lucha por el título. El
N°1 del mundo lo había derrotado en arcilla semanas atrás, pero sobre hierba la situación cambiaba. El favorito seguía siendo "Rafa" pero no con tanta ventaja en las opiniones y apuestas. El partido fue una auténtica barbaridad. Frenéticas cinco horas y quince minutos, separado en dos días, que tuvieron de todo. 6/4 3/6 7/6 3/6 10/8 de intensidad y búsqueda de soluciones a los problemas que constantemente creaban.
La final anticipada. Por la exhibición de tenis brindada por ambos y por el agotamiento físico del finalista Anderson que en semifinales batalló 6h 36m ante Isner (26/24 en el quinto set). A pesar del cansancio y de no oponer resistencia en los dos primeros sets, el sudafricano dio pelea y tuvo cuatro sets points en el tercer set (6/2 6/2 7/6). Novak Djokovic, incrédulo, era el campeón de Wimbledon 2018. Cuarta vez en el All England, treceavo Grand Slam y sexagésimo noveno título ATP, entre los mejores tenistas de la historia en casi todos los registros. Además, 2018 es el décimo tercer año consecutivo que gana al menos un título ATP.

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Trofeo y micrófono en mano, llegó el momento de los agradecimientos. Y la emoción lo invadió cuando nombró a su familia. Por reglamento del torneo no pueden presenciar partidos en Wimbledon niños menores de cinco años por lo que sus hijos Stefan (3 años) Tara (1 año) no estuvieron en la Centre Court. Pero durante la entrega de premios sí estuvo Stefan, que sin tener mucha conciencia de lo obtenido por su papá, disfrutó del momento junto a su mamá Jelena, felices por el logro de papá 'Nole', al que su hijo señalaba y aplaudía desde la tribuna con una sonrisa de oreja a oreja, el momento más especial de la tarde londinense.

Daniel Vitale Pizarro
@DanielViPiTenis

17 julio 2017

Eterno espíritu amateur

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Los aficionados al tenis sueñan con visitar Wimbledon. Los jugadores profesionales con jugar en el 'All England'. Los mejores del ranking anhelan ser campeones. Los campeones, volver a levantar el trofeo más prestigioso del mundo. Pete Sampras igualó en el año 2000 la cifra de siete Wimbledon ganados que ostentaba William Renshaw, que databa de 1889. Roger Federer se encargó de superar a ambos y estableció una nueva marca: ocho títulos en La Catedral del tenis. El más ganador en el lugar donde todos quieren ganar, el sitio donde comenzó todo. No hay certamen más importante en el tenis, no hay jugador más importante en el tenis...

La preparación de Federer para Wimbledon 2017 fue perfecta. Riesgosa pero perfecta. Campeón del Australian Open, Indian Wells y Miami, su físico necesitaba un descanso. Si el objetivo del año era Wimbledon, el polvo de ladrillo no era el lugar indicado para preparar un triunfo en Londres. La idea principal era disputar solamente Roland Garros antes de la gira sobre hierba pero junto a su equipo de trabajo (y por nivel estratosférico de Nadal en arcilla) decidieron saltearse toda la gira de tierra batida y darle prioridad al césped para disputar StuttgartHalle y Wimbledon. Pero no competir durante diez semanas era un riesgo luego de volver a la actividad en enero tras seis meses inactivo.
La inactividad le jugó en contra en Alemania. Impreciso y falto de ritmo, Tommy Haas lo venció en primera ronda de Stuttgart. Pero aunque parezca contradictorio, la derrota fue positiva para su físico. Campeón en Halle la semana posterior, de haber avanzado en Stuttgart hubiera llegado más cargado físicamente a Halle y menos descansado a Wimbledon. Suposiciones a un lado, el noveno trofeo en Halle colocó aun más a Federer como candidato para el tercer Grand Slam de la temporada. Su historia en el césped, su rápida adaptación y su excelso nivel mostrado en 2017 lo ubicaba como el favorito del público, de los especialistas y de las casas de apuestas para ganar en Inglaterra.

El cuadro era 'a priori' muy complicado. A medida que avanzaba, Roger se encargaba de desmentir las especulaciones. Mischa Zverev, Grigor Dimitrov, Milos Raonic, Tomas Berdych y Marin Cilic fueron los peligrosos rivales que sucumbieron ante "Su Majestad", todos en tres sets, ante la atónita mirada de los espectadores que esperaban partidos más cerrados. Incluso el propio Federer declaró luego de ganarle al búlgaro y al canadiense que esperaba partidos más complejos. El clímax de su tenis fue contra Raonic. Dos sets perfectos (tres errores no forzados) y un tiebreak para enmarcar sellaron su clasificación a semifinales.

Berdych fue el que más lo exigió. El resultado fue 7/6 7/6 6/4, a la altura de una semifinal de Grand Slam. Tomas jugó un gran partido que no pudo ganar solo por la genialidad de su rival en los momentos importantes (léase los tiebreaks). El mejor torneo del checo en los últimos doce meses no alcanzó para llegar a la final como en 2010 (victorias ante Federer y Djokovic). El suizo estaba en el último partido de Wimbledon por 11° vez en su carrera en 19 participaciones en el "All England and Crockett Club", a 23 días días de cumplir 36 años de edad. ¿Que más podía pedir? Ganar el título, claro. Y eso fue lo que sucedió.

Marin Cilic llegó a la definición sin derrotar a un Top10. El cuadro se abrió y lo aprovechó. Campeón en Queen's, era candidato a los rondas finales antes del comienzo del certamen pero lejos estaba de que alguien pronosticara que llegaría a la final. Comandado por Jonas Bjorkman, el croata llegaba a su segunda final de Grand Slam luego de ser campeón del US Open 2014 (en semifinales a Roger Federer). Precisamente ante el suizo sufrió la peor derrota de su carrera luego de estar 2-0 en sets y tener tres match points en la semifinal de Wimbledon 2016. Sin rencor pero seguramente con mucha memoria, era una revancha para el número seis ATP. Finalmente nada pudo hacer.
La final no fue épica ni mucho menos. El suizo dominó durante todo el encuentro, impuso su juego y se llevó el premio mayor. A Marin le quedó grande el partido. La instancia, el rival y el lugar, sumado a las ampollas que le impidieron correr con normalidad desde el segundo set, fueron demasiadas cosas contra las que tuvo que luchar para ser campeón por primera vez en Wimbledon. Incómodo y sin timeing, rompió a llorar a mitad del segundo set. "No lloré de dolor, lloré de impotencia por la situación general del partido", dijo luego de perder Cilic, que pidió asistencia médica en un par de ocasiones para tratar de aliviar el dolor en su pie y enfocarse en su tenis, algo que nunca sucedió.

El campeón, entre risas y lágrimas, elogió a su rival y se mostró orgulloso y feliz por el título: “Es mágico. No puedo creérmelo aún. Es demasiado. Es increíble poder conseguir estos límites. No estaba seguro si estaría de nuevo en una final después del pasado año, especialmente tras las duras derrotas con Djokovic en 2014 y 2015. Pero mantuve la fe y aquí estoy con el octavo título. Es fantástico. Mentiría si dijera que no estoy sorprendido por todo lo bien que me está yendo esta temporada, por lo increíblemente bien que me estoy encontrando. Estoy gratamente sorprendido por tantas cosas buenas que me están pasando”.
Roger Federer ganó el título y reescribió la historia del torneo y del tenis en general. Pero su festejo no era consecuente al logro. Fue cuestión de sentarse en su silla, mirar el palco, ver a su familia completa en la tribuna y quebrarse a llorar. Sus lágrimas de felicidad no cesaban mientras sus cuatro hijos miraban como su papá estaba haciendo historia. Leo y Lenny (3 años), incrédulos ante una multitud que vitoreaba a su padre; Myla y Charlene (8 años), algo acostumbradas (campeonas ellas de Wimbledon 2012) pero igual de asombradas, aplaudían como dos espectadores más del 'Court Central'. "La felicidad solo es real cuando se comparte", y Federer lo sabe hoy más que nunca.

Daniel Vitale Pizarro

12 julio 2016

Uno para el otro



Selfie en la Central de Wimbledon, como vos, como yo, como cualquiera...

Treinta y uno de diciembre de 2011. Andy Murray acumulaba tres finales perdidas de Grand Slam y cinco semifinales. El karma de las rondas finales empezaba a pesarle cada vez más. Sin británicos campeones de Grand Slam en la Era Abierta y con el último en la década del '30 (Fred Perry), la presión y los rivales de fuste del momento le impedían consagrarse campeón de un 'Grande'. Pero a partir de esa fecha, la tendencia comenzó paulatinamente a modificarse. El escocés decidió contratar a un entrenador con experiencia en perder finales de esa envergadura (8-11) y que además haya podido superar esa angustia y transformarla en algo positivo. ¿El elegido? Iván Lendl...

Pionero en contratar leyendas del deporte como entrenadores, Andy debutó con Lendl en su box en el Australian Open 2012 y cayó en semifinales. Los cuartos de final en Roland Garros marcaban que en ambos 'Majors' había alcanzado una ronda menos que en 2011. Los rumores de la pareja Murray-Lendl se escuchaban y leían por doquier. Pero llegó Wimbledon y todo cambió. Fue un antes y un después en su carrera. Set y quiebre arriba en la final no fueron suficientes para doblegar al mejor tenista de la historia sobre la hierba, Roger Federer. Pero ya no era el mismo Murray. Su actitud dentro de la cancha y su mentalidad, eran otras.

Las tres victorias más importantes de su carrera, hasta hoy...

Y lo demostró unas semanas después cuando la final de Wimbledon se repitió en los JJOO, en el mismo escenario. En ventaja física por la edad y por el maratónico partido que Federer le ganó a Del Potro en semifinales en más de cuatro horas, Andy derrotó a Roger en sets corridos sin inconvenientes. La primera gran victoria de la dupla Lendl-Murray. El US Open fue la frutilla del postre de la temporada. Mentalmente más fuerte y más agresivo con sus golpes, se llevó por delante a Djokovic en la final. Finalista en Australian Open y ausente en Roland Garros 2013 por dolores lumbares, llegó Wimbledon.

Otra vez Djokovic en la final de un Grand Slam. Como sucedió en los JJOO gracias nuevamente a una extenuante semifinales de Novak con Juan Martín, Murray se consagró en sets corridos ante el serbio. El mayor objetivo estaba cumplido: ser campeón de Wimbledon. Lendl era parte importantísima del triunfo. Los dolores en su espalda se volvieron insoportables por lo que tuvo que parar tras el US Open. Meses afuera del circuito desembocaron en la desvinculación de mutuo acuerdo entre jugador y pupilo en marzo de 2014, con palabras de agradecimiento de ambas partes. Un ciclo que parecía terminado...

La alegría de ser finalista de Grand Slam y eliminar a Federer en semifinales

Murray tardó en recomponer su forma física y tenística de tras la operación, lo que lo excluyó del Top10 en septiembre de 2014 (12°), pero que en un meteórico final de temporada, llegó al sexto puesto para clasificarse al Masters y "maquillar" un año magro. Daniel Vallverdú y Amelie Mauresmo fueron los entrenadores entre 2014 y 2015, con los mismos resultados que antes de la llegada de Lendl: semifinales y finales de Grand Slam, inalcanzable para la mayoría, insuficiente para él. La negativa de Ivan Lendl en 2015 de entrenar a Berdych hizo pensar que el checo no iba a regresar al circuito, pero semanas antes de la gira sobre césped 2016, su nombre sería noticia.

Ivan Lendl acordó volver a formar parte del grupo de trabajo de Andy Murray, en principio para la gira de pasto. Campeón en Queens a días de volverse a encontrar en una cancha de entrenamiento, "Iván el Terrible" sentía que no había pasado el tiempo desde que dejaron de trabajar juntos. Llegó Wimbledon. Por tercera vez Murray estaba en la final y Lendl en el banco. Tres finales en tres presentaciones como "sociedad". En esta Milos Raonic era el rival de turno. El británico lo había derrotado semanas atrás en Queens y por primera vez en sus once finales de Grand Slam, no iba a enfrentar a un miembro del 'Big4'. Y no lo iba a desaprovechar.


La Copa a TODOS lados

Finalista en los tres Grand Slams de la temporada (primera vez que lo logra y primera vez en tres finales de GS en un año calendario), Andy Murray no titubeó en ningún momento y despachó en sets corridos al canadiense, debutante en finales. Quizás el mejor Grand Slams disputado en cuanto a nivel tenístico, aunque no venció a ningún miembro del Big4 pero si a dos Top10 (Berdych Raonic). Tres Grand Slams ganados en once finales disputadas, los tres con Lendl como coach. ¿Casualidad o causalidad? La sociedad vuelve a dar sus frutos, y como si nunca se hubieran desvinculado, en unas semanas lograron los dos objetivos planteados: Queens y Wimbledon, invictos.

“Confío mucho en él. Solo su presencia en el box ya me transmite mucha seguridad y confianza. Yo jugaba con muchísima presión encima. Fue difícil durante muchos años, porque cuando competía estaba pendiente de todo lo que se comentaba sobre mí. Era difícil, pero ahora ya no me afecta. Era muy difícil gestionar toda esa presión. Cada uno lo hace de modo diferente. A mí lo que me ayudó de verdad fue trabajar con Lendl, porque él tenía muchísima experiencia y le había pasado lo mismo que a mí: perdió sus primeras cuatro finales de Grand Slam. Él sabía lo que eso significaba, así que eso me ayudó”, palabras de Andy Murray en alusión a su entrenador y el impulso anímico que le proporciona la figura de Iván.

Lendl, Delgado y Murray, el tridente campeón

Lendl aclara que su trabajo no es mejorar la técnica, sino que se ve a si mismo como un gran motivador y analista táctico: "No trabajo la técnica. Cero. Creo que con 27 o 29 años, lo que tienes es lo que tienes. Puedes retocar ciertas cosas pero cambiar la técnica no es algo que quiera hacer ya que no pienso que se deba hacer a esas edades y porque soy muy malo en ello. Incluso trabajando con los juniors pido a alguien que sea bueno en eso porque yo no lo soy. Puedo ver que hay algo mal en tu derecha y ver lo que es pero no tengo ni idea de cómo arreglarlo". ¿Los objetivos a corto plazo Ivan?: “Obviamente queremos arruinar los planes de Djokovic y haré todo lo posible para que Andy sea número uno del mundo. No puedes garantizar victorias, pero si trabajo duro".

Daniel Vitale Pizarro

13 julio 2015

El pasto no es solo para las vacas


"El césped no tiene gluten, no está procesado, es completamente orgánico y natural. No me dio ninguna reacción"

Novak Djokovic (1°) y Roger Federer (2°), los dos mejores tenistas de la actualidad, llegaron a la final de Wimbledon al igual que la temporada pasada. Los niveles de ambos durante las dos semanas prometían un partido de altísimo vuelo. En las semifinales, Djokovic destrabó un primer set muy parejo ante Gasquet, que luego terminó resolviendo con comodidad, y Federer disputó uno de los mejores partidos de su carrera, según sus palabras, contra Murray. La final de Grand Slam con más "Majors" de la historia (25), dos más que la disputada el año pasado entre ellos en el "All England" (anterior récord), no iba a defraudar.

Roger empezó muy agresivo, decidido a acortar los puntos y cerrarlos en la red. Eso se trasladó al primer quiebre del partido para el suizo. Inmediatamente Novak lo recuperó. Tuvo que salvar dos bolas de set en el 5-6, momentos en los que el primer servicio fue vital. El tiebreak fue todo para el campeón defensor. El segundo set fue el más parejo. Esta vez el que tuvo set point en el 4-5 fue "Nole". Llegó el tiebreak. Federer caminó por la cornisa, salvó siete sets points y se llevó el parcial. La Cancha Central explotaba. El serbio, enfadado, rompía su remera en el cambio de lado, ofuscado por las chances desperdicias. El encuentro se convertía en uno al mejor de tres sets, atrapante.

Su saque, menos dotado, funcionó mejor que el de su rival

La paridad del tercero duró poco. El nacido en Belgrado rompió el saque de su rival en el 1-1. La intensidad del partido había bajado. Federer sintió el peso del partido, sus piernas lo evidenciaron y en semejante definición, esas pequeñas cosas terminan inclinando la balanza. Administrado el quiebre, los últimos esfuerzos del helvéticos fueron en vano. 7/6 6/7 6/4 y al descanso. Djokovic sabía que salvo la heroica, el partido estaba en sus manos. Nuevamente un quiebre tempranero de servicio dilapidó las pocas chances que le quedaban al nueve veces finalista aquí, que cayó 7/6 6/7 6/4 6/3 ante un inexpugnable campeón, una roca sólida en todos los aspectos que involucran al tenis.

Los números de Djokovic esta temporada son un escándalo. Salvo el traspié a principio de temporada en cuartos de final de Doha ante Karlovic y su saque, no bajó de la final en todos los torneos en lo que jugó. Campeón del Australian Open, Indian Wells, Miami, Monte Carlo, Roma y Wimbledon más las finales de Dubai (Federer) y Roland Garros (Wawrinka). 48-3 su récord en 2015, seis títulos sobre nueve jugados y más de cuatro mil puntos por encima de Federer en el ranking ATP. Pero por sobre todas las cosas, muy superior a todos, similar a lo que ocurre con Serena Williams en la WTA, pero con más jerarquía de los rivales.

Frustrado pero feliz, la cara de Federer, una mezcla agridulce contra la sonrisa de oreja a oreja de Djokovic.

En un breve análisis, con humor y sinceridad, Federer dijo cosas como estas: “Novak estuvo brillante en los puntos importantes y al final se convirtió en una roca sólida. He tenido mis oportunidades de ganar y por eso estoy decepcionado. Supongo que el primer set ha sido clave, si lo hubiese ganado es posible que las cosas hubieran sido diferentes. Tampoco me hubiera venido mal sacar un poquito mejor, conseguir más puntos gratis. Él ha jugado muy bien a lo largo de todo el torneo, de todo el año, también de la temporada pasada y de la temporada anterior, es decir, siempre. Este año se merecía el título”.

El mejor deportista suizo de la historia tomó el plato, lo exhibió por todo el estadio, lo enseño con orgullo y aceptó la derrota: "Jugué un buen tenis pero Novak lo hizo mejor. Tuve dos grandes semanas, un partido no opaca los anteriores seis". Brillante. Una lección para todos los tenistas que ponen excusas a la hora de las derrotas y magnifican lo que en realidad es: un partido perdido más. Lo único real es la realidad y el balcánico está por encima de sus rivales. No queda otra que aceptarlo y seguir intentandolo, pero tranquilo con lo hecho dentro de una cancha, y más aun, orgulloso de ser el segundo en un torneo en el que empiezan 128, todos con la misma ilusión.

Orgulloso pero con un sabor amargo, Federer caminó toda la Cancha Central con el plato de segundo puesto.

“Teniendo en cuenta mi estado anímico hace tres o cuatro semanas, es increíble estar aquí como campeón de Wimbledon, porque he conseguido superar ese gran reto otra vez”, las palabras del campeón tras su consagración por tercera vez de Wimbledon en su cuarta final en las últimas cinco ediciones. “Obviamente, soy mucho más fuerte mentalmente y más maduro como jugador y persona para ser capaz de mantener constantemente este nivel de profesionalidad y competir con estos jugadores", único jugador en haberle ganado a Nadal en Roland Garros y a Federer en Wimbledon en una misma temporada.

Novak persigue la historia. Su campeonato en Wimbledon le permitió pasar a Andre Agassi, Jimmy Connors, Ivan Lendl, Fred Perry, Max Décugis y Ken Rosewall (8) en cantidad de Grand Slams para ubicarse octavo en la historia y quinto en la Era Abierta. Roger Federer (17), Rafael Nadal y Pete Sampras (14), Roy Emerson (12), Bjorn Borg y Rod Laver (11), Bill Tilden (10) y Novak Djokovic (9), así es la lista de los máximos ganadores, en la que el serbio no para de escalar posiciones.

Daniel Vitale Pizarro

07 julio 2014

Hoy Djokovic, siempre Federer...


Así ganó Wimbledon, con el último esfuerzo

Basado en una formidable devolución, un alto porcentaje de primeros servicios y constantes passings shots, Novak Djokovic arruinó el sueño de gran parte del All England de ver campeón por octava vez en Wimbledon a Roger Federer. En la superficie preferida de Roger, el serbio le arrebató el título al suizo que luchó y peleó hasta el final pero que no resistió ante la consistencia de "Nole" que se llevó su segundo trofeo sobre el césped londinense, que de césped le quedaba muy poco en la final. Gracias al triunfo recuperó el N°1 del mundo, puesto que acechaba hace varios meses.

Siempre mejor plantado que su rival desde el fondo de la cancha, Djokovic achacaba a un Federer que cada vez que pudo, tomó riesgos con su derecha e intentó cerrar los puntos en la red con tiros de aproximación no siempre efectivos. Derechas profundas y slices fueron las armas suizas elegidas para desestabilizar el poderío desde la base serbia para luego terminar los puntos en la red y forzar los errores. El campeón del 2011 falló un par de puntos claves en el tiebreak del primer set y Roger aprovechó, gracias a su servicio, para llevarse el set inicial.

La mejor devolución del momento hizo la diferencia

El primer quiebre del partido lo propició Djokovic (el segundo que sufría Federer en todo el torneo) y eso le alcanzó para igualar el partido. Otro tiebreak se vislumbraba en el tercer set por la paridad en los juegos de saque de ambos y eso sucedió. Un mini quiebre fue suficiente para que "Nole" tomara las riendas del partido y se adelantara dos sets a uno. El envión anímico le permitió al nacido en Belgrado adelantarse en el set final y sacar para llevarse el título. Pero no estaba nada dicho. Pequeñas dudas de Djokovic para cerrar el encuentro le permitieron a Roger soltarse y jugar más cómodo. Del 2-5 y saque de "RF" pasó al 7/5 y quinto set. Cinco games seguidos le devolvieron la emoción a la final de Wimbledon y las tribunas explotaron. Una vez más, el siete veces campeón aquí disputaba un quinto set, igual que en 2007, 2008 y 2009.

La mejoró con Becker pero aun no la domina

El set final fue equilibrado y con escasas chances de quiebre, hasta que Djokovic sacó 4/4 15-15 cuando Federer estrelló un smash en la red. Novak mantuvo su servicio y al game siguiente, rompió el saque del suizo y se desplomó sobre el césped londinense, ese que lo vio llorar de emoción en 2011 contra Nadal y que en 2013, tras una batalla épica ante Juan Martín Del Potro en semifinales, no quiso que la final ante Andy Murray sea digna de un espectáculo. Djokovic, bicampeón de Wimbledon, y Federer, el campeón de siempre, en una final que quedará en la retina de los que pudieron disfrutarla y ver como el mejor del mundo venció al mejor de todos en el mejor torneo del mundo.

"Sabe como la mejor comida que he probado en mi vida"

El campeón Djokovic reflexionó tras la coronación: "Esta es la final de Grand Slam más especial que he jugado. Por el momento de mi carrera, por el trofeo de Grand Slam crucial, sobre todo después de perder varias finales de Grand Slam seguidas. Comencé a dudar un poco, por supuesto. Necesitaba esta victoria y mucho". Ya más tranquilo y luego de analizar el partido, agregó: "Sinceramente, la final de Australia 2012 ante Nadal fue más larga pero esta (Wimbledon) fue la final de Grand Slam con mayor calidad que jugué. Tampoco permití que mis emociones me desvanecieran, ya que era probablemente lo que me pasó en la final de Roland Garros. Me las arreglé para no sólo ganarle a mi rival, si no para ganarme a mí mismo".

Federer alcanzó su novena final en Wimbledon, la número 25 de Grand Slam (17-7). Junto a Nadal (Roland Garros), son únicos en la historia en llegar a nueve finales en un mismo Grand Slam, superados solo por Bill Tilden, que ostenta diez finales en el US Open. “Es hermoso estar en una final de Wimbledon, gane o pierda. Es aun más memorable cuando veo a mis hijas y a mi mujer allí. La decepción del partido se me fue muy rápido. Ver a mi familia y sentir la ovación del público me hizo sentir mucho mejor”, fueron las palabras del helvético luego caer en la definición. No todo en la vida es el tenis y sus declaraciones lo dejan más que claro.
La emoción y la decepción en una misma foto

Federer agiganta su figura como leyenda del tenis mundial y sobre todo en los Grand Slams. En Wimbledon 2014 superó algunas marcas importantes. A sus 17 Grand Slams, le agregó 25 finales, 35 semifinales, 42 cuartos de final y 274 partidos ganados, todos récords. Las 59 participaciones consecutivas en esta categoría son récord desde el Australian Open 2013 pero aquí empató a Agassi y Hewitt con 61 apariciones no consecutivas, lejos de las 70 de Santoro. También durante esta edición superó a Becker en el segundo lugar de más victorias en "La Catedral" (71) y llegó a las 73, aunque Connors siga lejos con 84 triunfos.

Novak Djokovic aumenta sus números y va escalando posiciones entre los mejores jugadores de todos los tiempos:  7 Grand Slams en 14 finales (alcanzó a McEnroe y Wilander); 45 títulos ATP en 67 finales; 175 partidos ganados en Grand Slams sobre 207 (8° en la historia) y a partir del lunes 102 semanas como N°1 y contando... (dejó atrás a Agassi con 101 y se acercó a Borg que tiene 109). Novak es cosa seria y con 27 años, en su esplendor físico, mental y tenístico, amenaza con romper cualquier récord y difícilmente pierda la cima del ranking de acá a fin de año, más aun con la inyección anímica de recuperar Wimbledon y el N°1 del mundo.

Daniel Vitale Pizarro

08 julio 2013

Gran Bretaña a sus pies

Ya tendrás la tuya Andy

Doce meses atrás, Andy Murray derramaba lágrimas en la central de Wimbledon al perder en cuatro sets en la final ante Roger Federer. Había conseguido ganar su primer set en una final de Grand Slam, luego de caer en las primeras tres que disputó en sets corridos. Un mes después, en la misma cancha y ante el mismo rival, el escocés se tomó revancha del suizo y consiguió la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Murray le demostraba al mundo del tenis que el dúo con Lendl, iniciado en enero, empezaba a dar sus frutos.

El US Open significó para Andy el desahogo en Grand Slams, saldar la cuenta pendiente. En su quinta final pudo levantar el trofeo, nada menos que ante Novak Djokovic, el número 1 del mundo. Su cabeza hizo un click. Comandado por un experimentado jugador de finales de Majors (Lendl jugó 19 y ganó 8), al escocés se le notaron cambios en su actitud en los momentos importantes en esos partidos. Más decisión y agresividad, esperando mucho menos del rival y más de él mismo. Al contragolpe y velocidad de piernas innatos, le agregó más agresividad y regularidad a la derecha y al saque. Pero lo que cambió su palmarés de derrotas a victorias, fue la parte mental, en la cual sin dudas Ivan Lendl fue y es partícipe.

Las dos caras de la moneda

La temporada 2013 iniciaba con Murray en la final del Australian Open. Caía ante Novak Djokovic, pero el escocés ya no era el mismo que perdiera aquí en 2010 y 2011. Sin poder disputar Roland Garros por una lesión lumbar, Wimbledon se presentaba como su máximo anhelo y lo disputaría con bastante tiempo de descanso y preparación, algo clave para esta superficie y en una época donde la parte física hace la diferencia cada vez más. Y vaya si le dio resultado.

Y el día más esperado por los británicos amantes del tenis llegaba. La eterna espera finalizaba. Tuvieron que pasar 77 años para que un tenista nacido en Gran Bretaña se adueñara del trofeo de Wimbledon. Fred Perry había sido el último en conseguirlo en 1936, motivo por el cual existe una estatua en su honor en el All England. Nadie lo había ganado en la Era Abierta y Murray lo hacía, al igual que en el US Open, ante el actual número uno del mundo y campeón aquí en 2011, Novak Djokovic. Nuevamente las lágrimas de Andy tocaron el inmaculado césped inglés, pero este vez eran de alegría, felicidad y desahogo por la inmensa presión que llevaba sobre sus hombros.

Gastón Gaudio #ModoOn

"Es muy duro. Durante los últimos cuatro o cinco años, ha sido muy, muy difícil, muy estresante, mucha presión. Los días previos antes del torneo son muy difíciles también. Es tan difícil de evitar todo por lo grande que es este evento, por la historia y porque pasó mucho tiempo sin que un británico ganara", dijo Murray tras coronarse en Wimbledon y también expresó sus sentimientos: "Ganar Wimbledon, creo, es la cima del tenis. Todavía no lo puedo creer. Aún no entra en mi cabeza", y agregaba unas palabras sobre su entrenador, Iván Lendl: "Creo que él creyó en mí cuando mucha gente no lo hizo. Ha sido muy paciente conmigo. Estoy feliz de haber conseguido esto con él".

Desde Wimbledon 2012, este escocés de 26 años llegó a todas las finales importantes que disputó: ganó los JJOO 2012, el US Open 2012 y Wimbledon 2013 y cayó en la final de Wimbledon 2012 y Australian Open 2013, sin disputar Roland Garros 2013. Su récord en finales de Grand Slam aumentó a 2-5. En el All England capturó su segundo Grand Slam y su 28° título ATP (cuarto del año) en 42 finales disputadas.

En comparación con las anteriores finales disputadas por Murray, declaró: "El ambiente de hoy era diferente a lo que he experimentado en el pasado. Era diferente a la final del año pasado, sin duda. El final del partido, era increíblemente ruidoso, muy ruidoso. Es muy útil cuando la gente es así. Sobre todo en un partido tan duro como aquel donde todo está extremadamente caliente, brutal, con peloteos largos y juegos difíciles, que finalmente te ayudan a jugar mejor".
"Whisky Andy". Todos quieren la foto del escocés más popular del momento

Djokovic, el finalista, disputó su final número once de Grand Slam (6-5), la cuarta ante Murray (2-2). Diferente fue la semifinal disputada por ambos. Mientras Andy tuvo que derrotar a Janowicz, Novak venció a Del Potro en cinco sets, luego de 4 horas 41 minutos, partido muy demandante tanto física como mentalmente, que le imposibilitó al serbio estar al 100% de sus posibilidades en la final. El nacido en Belgrado acumula trece semifinales seguidas de Grand Slams, segundo en la historia, detrás de las 23 de Federer. Sí, 23.

En el Grand Slam de las sorpresas, con Nadal derrotado en primera ronda, Federer y Tsonga en segunda, sumado a los múltiples retiros por lesiones (siete el tercer día de competencia, récord en una jornada de Grand Slam), el uno y el dos del ranking mundial no defraudaron a gente y organizadores: llegaron a la final del torneo más tradicional e importante del mundo.

Daniel Vitale Pizarro

30 julio 2012

Wimbledon es Olímpico


El violeta invadió el All England and Crockett Club

Londres 2012. Empezaron los séptimos Juegos Olímpicos desde la vuelta del deporte en Seúl en 1988. Pero no vamos a analizar las probabilidades de los argentinos, las especulaciones de los probables choques, el dobles mixto que vuelve a un JJOO o la pelea por el número uno del mundo entre Federer y Djokovic. No. Vamos a contarles una breve historia del tenis en los Juegos. A tomar nota.

El tenis formó parte de uno de los nueve deportes que integraron el primer Juego Olímpico en Atenas en 1896 junto al atletismo, pesas y halteras, lucha, esgrima, tiro, ciclismo, gimnasia y natación. El campeón fue un irlandés, John Boland, que había viajado a Atenas como simple turista y que se consagró también en dobles con un alemán, Freidrich Traun. Solo compitieron varones. Las mujeres pudieron participar en 1900 en París y la medalla dorada se la adjudicó la británica Charlotte Cooper en singles y en dobles mixto junto a Laurence Doherty, que a su vez se llevó la dorada en singles y en el dobles masculino. Mientras los hombres compitieron (en individuales y dobles) durante todo el período 1896 – 1924, las mujeres lo hicieron entre 1900 y 1924, con excepción de 1908, en tanto que los dobles tuvieron lugar sólo en 1920 y 1924. Los dobles mixtos sólo se disputaron en 1900 y 1912 – 1924. Durante esos años, Gran Bretaña fue el gran dominador con 15 medallas doradas sobre 32 posibles, además de 12 plateadas y 12 de bronce. Más atrás quedaron Estados Unidos (7-3-5 y 15) y Australia (5-4-6 y 15).

En 1913 se fundó la Federación Internacional de Lawn Tennis (ILTF). Problemas entre la Federación Internacional y el COI por la coincidencia de fechas con el torneo de Wimbledon y la participación de jugadores profesionales provocó la salida del tenis del calendario olímpico. Por estas causas y por la Primera Guerra Mundial, los siguientes Juegos Olímpicos se realizaron en 1920 en Amberes, Bélgica. Los siguientes Juegos se disputarían en París en 1924 y serían los últimos hasta 1988, año que volvería el tenis a la competencia, teniendo en cuenta que en México 1968 y Los Ángeles 1984, no entregaron medallas.

Sabatini dejó una huella en los JJOO (plata)

Corea del Sur, más precisamente Seúl, fue el Juego Olímpico elegido para que el tenis vuelva a la competencia después de 64 años de ausencia. Año glorioso para Steffi Graf, al llevarse el oro ante Sabatini y los cuatro torneos de Grand Slam, para convertirse en la primera y única mujer u hombre que lo consigue en la historia de este deporte, el denominado Golden Slam en una temporada, logro igualado por Agassi y Nadal pero en años diferentes. Además obtuvo la de bronce en el dobles y la plateada en Barcelona 1992 luego de perder frente a Capriati. Miroslav Mecir se llevó la de oro en varones y la de bronce en dobles. En Barcelona 1992 Rosset obtuvo la dorada. En Atlanta 1996 el local Agassi obtuvo el oro y la española Sanchez-Vicario acumuló su cuarta medalla, dos de plata y dos de bronce entre singles y dobles en dos JJOO. En Sidney 2000 el ruso  Kafelnikov se llevó la dorada y los australianos Tood Woodbridge-Mark Woodforde logran su segunda medalla en dobles, oro y plata respectivamente. En mujeres aparecen en escena las hermanas Williams ganando el dobles y Venus logró la medalla dorada para Estados Unidos en singles.

Las chicas argentinas, un orgullo para el país.

En Atenas 2004 la ITF decidió dar puntos para el circuito ATP, darle más jerarquía al certamen y no perder a los mejores jugadores del circuito. Y en ese mismo juego, en Grecia, ocurrió un hito para el tenis sudamericano, más aun para el chileno. Nicolás Massu obtuvo el oro olímpico en singles y Fernando González logró el bronce, además de consagrarse campeones en dobles. Pero no solo sucedió eso, sino que la dupla argentina Suárez-Tarabini obtuvieron la medalla bronce en dobles femenino, emulando a Frana-Miniussi en Barcelona 1992. Justine Henin-Hardenne consiguió el oro femenino para Bélgica. Y llegamos al 2008, con la victoria de Nadal en singles para España y una nueva medalla para Chile con Fernando González en la final. La dorada en el dobles fue para los suizos Federer-Wawrinka; Dementieva, rusa, fue oro entre las chicas colgándose su segunda medalla (plata en Sidney) y las Williams, por segunda vez, se llevaron el oro en el dobles.

El medallero desde 1988 lo lidera USA con 17 medallas en total (10-2-5), luego Alemania con siete (2-3-2), Rusia con cinco (2-2-1), Chile con cuatro (2-1-1), Suiza con dos (2-0-0) y España con once (1-7-3).

La cancha central plagada de cartelería "no tradicional"

Londres 2012 asoma con varios récords que se pueden romper o superar. Federer puede conseguir el Golden Slam si gana el oro en singles y si lo hace también en dobles, iguala a Venus Williams en cantidad de medallas de ese color. Las Williams van por su tercera dorada en dobles y la cuarta para Venus. La mayor de las Williams, de ganar en singles y dobles, impondrá una marca difícilmente alcanzable a futuro. Además, desde Seúl 1988, es la primera vez que se juega sobre césped y que se disputan los dobles mixtos. Digno de ver.

Un dato para tener en cuenta: Roger Federer llega a su tercer Juego Olímpico como número uno. Si, empiecen con los elogios.

Daniel Vitale Pizarro