22 de octubre de 2018

Aire fresco británico




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La larga recuperación de Andy Murray luego de una compleja operación de cadera dejó al tenis británico acéfalo. Acostumbrados los aficionados de la Isla a tener a un protagonista en todos los torneos importantes y en los puestos de vanguardia del ranking ATP desde 2008, vieron como en noviembre de 2017, su jugador estrella, miembro del Big4, no acudía al Masters de Londres por lesión, su segunda ausencia por no estar apto físicamente en las últimas diez temporadas. Al finalizar 2017, atrás de Murray había un joven de 22 años, 50° ATP, sin finales ATP ni buenas actuaciones en los Grand Slams. Ese pelirrojo de 188cm de altura se llama Kyle Edmund.
Nacido en Johannesburgo (Sudáfrica) hace 23 años, su familia se mudó a Yorkshire (Inglaterra) cuando el pequeño Kyle tenía tres años. A los diez comenzó a jugar al tenis ocasionalmente, generalmente los sábados, en un club local en donde su hermana asistía a natación. Seis años después de empuñar una raqueta por primera vez, el equipo británico de Copa Davis junior, capitaneados por Greg Rusedski, fue campeón de la competición. Parte de ese equipo era Edmund, el mismo jugador que junto a Frederico Ferreira Silva, sería campeón junior en dobles del US Open 2012 y de Roland Garros 2013. Esos resultados lo ubicaron como el octavo del mundo ITF junior.
Algunos lo recordarán de su paso por Argentina cuando en 2015 fue campeón del Challenger de Buenos Aires en la final ante Carlos Berlocq. La idea de venir a Sudamérica al polvo de ladrillo fue del capitán de Copa Davis de Gran Bretaña, Leon Smith, con vistas a la final ante Bélgica sobre arcilla. Smith se terminó de decidir por Edmund como singlista N°2, decisión acertada que casi da la sorpresa. Su debut en Copa Davis fue en la final ante David Goffin (16°), de visitante en la que estuvo 2-0 en sets. Finalmente los hermanos Murray ganaron los tres puntos necesarios para ser campeones de Copa Davis junto a Kyle Edmund y James Ward.
Pero no fue hasta el Australian Open 2018 cuando saltó a la fama del tenis mundial. En el primer Grand Slam de la temporada alcanzó las semifinales con triunfos ante Kevin Anderson (12°) o Grigor Dimitrov (3°), antes de ceder contra Marin Cilic (6°). A partir de ese momento, su carrera dio un giro de 180°. Dos meses después alcanzó su primera final ATP en Marrakech sobre arcilla, paradójicamente al tenista promedio británico, es su superficie favorita. Top20 desde mayo (14°), el debut como campeón ATP no llegaba.
Amberes (Bélgica) fue el último ATP250 elegido por Kyle antes de finalizar la temporada en Vienna y París. Y fue en el corazón de Europa donde levantó su primer título ATP, donde había disputado la semifinal en 2017. Preclasificado N°1 del torneo y con la suerte de ganar un partido por no presentación de su rival (CF), solo tuvo que ganar tres partidos para ser campeón. Albert Ramos, Richard Gasquet y Gael Monfils fueron sus rivales previos al trofeo. Justamente Gasquet fue el contrincante que lo eliminó aquí en semifinales de 2017 antes de ser campeón. El destino le regaló la oportunidad de tomarse revancha y de ser el mejor jugador de la semana en Bélgica.


Lágrimas en los ojos por la emoción de su primer corona ATP, Edmund reflexionó sobre su magnífico presente: "Mirando la foto completa, son un montón de años de arduo trabajo y preparándonos para ganar un título ATP, así que finalmente lograrlo es una gran sensación, algo que siempre recordaré cuando mire hacia atrás. Es difícil asimilarlo todo, pero con el tiempo me dará mucha confianza para creer en mí. Ahora sé que estoy cerca del Top10, así que el objetivo es definitivamente el Top10. Es un objetivo fuerte y difícil, tienes que ser consistente con tus resultados, y eso es algo en lo que estoy trabajando... y por supuesto, ganar más títulos..."
"Hay un montón de personas que han ayudado a lo largo de los años, incluso cuando tenía 14-15 años, en ciertas Academias han sacrificado su tiempo para ayudarme y me han mejorado en esa etapa de mi carrera. Por supuesto, mis dos entrenadores y mi preparador físico, han estado allí la mayoría de las semanas, así que me han ayudado mucho. Probablemente lo más importante sea la familia porque siempre han estado allí y siempre te apoyan sin importar qué: mamá, papá y hermana. Hubo momentos en que tenía 10-11 años y quería ir a clases de tenis a las 6:30 de la mañana hasta las 8, lo que significaba levantarse a eso de las 5:30, y mi madre hizo eso, me llevaba a las canchas. Hay mucho sacrificio que cuenta y, seguro, todos ellos estarán muy felices con mi victoria de hoy".

Daniel Vitale Pizarro

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