16 de diciembre de 2019

El Orange Bowl







Throwback Thursday! Donna Ganz is a member here at our facility. She is something really special; a kind heart and she won't tell you but was ranked #19 in the world. Donna competed in the local Orange Bowl, Wimbledon, U.S. Open, French Open and the Italian Open. She's played against top players such as Chris Evert, Martina Navratilova and bonus points if you know who she's with in the last picture! She went on to become a Florida Highway Patrol Officer in 1987 after the academy was promoted to Sergeant then later to Lieutenant. Donna still plays almost everyday and never fails to share her insight with those who love the game. Flamingo Park Tennis Center has a special space in our hearts for Donna. #tbt #throwback #champion #tennis #flamingoparktennis #flamingoparkhistory #history #usta #usopen #wimbledon #orangebowl
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El Orange Bowl es el torneo ITF Junior de mayor tradición e importancia para los menores de edad, detrás de los Grand Slams. Disputado desde 1947 en el Estado de Florida (Estados Unidos), a lo largo de las 73 ediciones el evento de fin de temporada ha ido mutando. Diferentes sedes, ciudades, sponsors, categorización e incluso se fueron agregando y modificando divisiones por edades para albergar a una mayor cantidad participantes. Considerado el campeonato mundial juvenil, el "Quinto Grand Slam Junior" busca volver a ser la parada obligatoria de los mejores jóvenes del mundo para concluir sus temporadas tenísticas. La idea de Eddie Herr de crear un torneo con el objetivo de que su hija Suzanne pueda competir con chicas de su edad, paso previo al profesionalismo, superó la prueba del tiempo.
La edición inaugural fue en el 'Flamingo Park Tennis Center' de Miami Beach con las categorías 'Under 18' y 'Under 15', masculino y femenino respectivamente. El año siguiente se incorporó la categoría 'Under 13', conviviendo tres franjas etarias durante una misma semana. El certamen fue ganándose un lugar en el calendario Junior e iba tomando relevancia mundial, por lo que en 1962 decidieron cambiar el formato. Ya no serían tres las divisiones sino cuatro: U18, U16, U14 y U12. Tampoco compartirían más escenario y la denominación del torneo también sería alterada: The Orange Bowl International Tennis Championships (U18-U16) en Miami Beach y The Junior Orange Bowl (U14-U12) en Coral Gables.
En 1978 la International Tennis Federation le otorgó la categorización 'A' al evento por el prestigio que se ganó con el correr de los años, gracias al esfuerzo de Eddie Herr y su gran equipo de trabajo. El Orange Bowl empezó a repartir la misma cantidad de puntos para el ranking que repartían los Grand Slams, ese 'Grado A' que mantiene hasta estos días. Disputado siempre sobre el famoso 'clay norteamericano', un polvo de ladrillo verde algo más rápido que la tierra batida tradicional pero que no deja de ser una superficie lenta, en 1999 el evento principal dejó las instalaciones del 'Flamingo Park Tennis Center' para trasladarse al 'Tennis Center at Crandon Park' en Key Biscayne, reemplazando el tradicional 'clay' por el 'hard court'.
Los organizadores quisieron volver a las fuentes, a donde nació y se erigió como el sitio ecuménico del tenis mundial juvenil. En 2011, el Orange Bowl regresó a Miami Beach con la premisa de recuperar la tradición del certamen. La nueva y actual sede, el 'Frank Veltri Tennis Center' (arcilla verde) en Plantation (FL), se encuentra a cuarenta minutos en automóvil del fundacional 'Flamingo Park Tennis Center'. La USTA ha comenzado en 2013 un plan ambicioso para renovar las instalaciones del 'Flamingo' con la intención de retornar a la sede original del evento. El proyecto incluye un nuevo estadio de 460 metros cuadrados, 17 pistas de arcilla, nueva iluminación, paisajismo y nuevos riegos y drenajes. Además se restauró una gran placa de bronce que contiene los nombres de todos los grandes campeones que comenzaron su carrera allí.


Muchas futuras estrellas pasaron por el torneo al tratarse de uno de los cinco torneos con más tradición en el tenis juvenil. Y el tenis argentino es parte de ello. Desde Modesto Vazquez a Juan Bautista Torres como finalistas y desde Guillermo Vilas a Thiago Tirante como campeones, el Orange Bowl, entre sus cuatro categorías, tuvo a treinta finalistas y diecisiete campeones albicelestes. En la categoría U18, la que augura un futuro promisorio en el profesionalismo, Thiago Tirante es el quinto campeón argentino, en una final 100% celeste y blanca (Juan Bautista Torres) por primera vez desde su creación. El nacido en La Plata ya había sido campeón del prestigioso torneo en U14, misma hazaña que Roberto Arguello y Mariano Zabaleta (U16 y U18).
La lista de finalistas y campeones argentinos incluye, entre otros, a Guillermo Coria, Juan Mónaco, Guillermo Vilas, José Luis Clerc y Juan Martín Del Potro, todos Top10 ATP luego de brillar en Miami siendo menores de edad. Se sabe que el éxito a edades tempranas no es sinónimo de una carrera exitosa como profesional (en la mayoría de los casos es contraproducente), pero sí es cierto que ayuda mucho en lo económico por los contratos con las marcas y porque apuntala al joven y le da confianza para lo que tendrá que enfrentar en los próximos años, la dura vida del tenista profesional que nada tiene que ver con el circuito de los jóvenes en el cual no hay dinero y donde la mentalidad, pilar fundamental en el circuito mayor, es el principal déficit de los chicos.


Daniel Vitale Pizarro

8 de diciembre de 2019

El submundo ATP


Los primeros torneos llamados Challenger fueron disputados en 1978, diez años después de iniciada la 'Era Abierta'. Auckland (Nueva Zelanda) y Hobart (Australia) albergaron dichos certámenes durante la segunda semana de enero de aquella lejana temporada en la que se organizaron dieciocho eventos en cinco países diferentes. El circuito se llamó 'ATP Challenger Series'. La segunda categoría de torneos en importancia detrás de los ATP se reestructuró treinta años después (2008) cuando la ATP se hizo cargo por completo de la organización, dando paso al renovado 'ATP Challenger Tour'. En comparación con la temporada inaugural, la cantidad de torneos (178) y los países representados (40) aumentaron de manera exponencial.
El mundo Challenger es un sitio poco conocido para el aficionado promedio de tenis y totalmente desconocido para el simple espectador. Allí habitan jugadores de todo tipo, con una velocidad de pelota y nivel de juego muy similares a los de un Top100 pero que sus recursos tenísticos y/o extra tenísticos no son suficientes para establecerse en la elite. Los cien mejores del mundo son los privilegiados que viven 100% del tenis, que disputan todo el año torneos ATP del circuito principal y que se pueden permitir viajar con un equipo de trabajo completo gracias al dinero percibido en cada torneo al que asisten. El jugador de Challenger no puede permitirse esos lujos...
En general el tenista de nivel Challenger oscila entre el Top150 y el Top400, tiene sponsor pero por objetivos o por un corto período de tiempo, viaja solo, o en el mejor de los casos es acompañado por un entrenador algunas semanas al año, muchas veces compartido con un colega. Es el 'Lado B' del tenis, donde el nivel es altísimo y el dinero es escaso. Apartémonos un segundo del tenis para pensar esto. Un tenista Top300 no gana dinero al final de una temporada, su objetivo es no perder capital, muchas veces prestado a largo plazo. A modo de ejemplo, un futbolista, basquetbolista o cualquier deportista considerado Top300 mundial, puede permitirse una vida de tranquilidad financiera, al menos hasta su retiro como profesional.
A veces no se toma consciencia de lo complejo que es vivir del tenis, sobre todo luego de ver en TV o internet las cifras siderales que reparten los mejores torneos del mundo. El US Open entrega 3 700 000 dólares al ganador mientras que el Challenger de Orlando premia con 7 200 dólares al mejor de la semana, en ocasiones ambos campeones son Top100. ¿Sorprendidos? Una buena noticia que recibieron en 2019 los luchadores del circuito ATP fue la obligatoriedad de parte de la organización de la hospitalidad (alojamiento) para todos los jugadores que disputen el cuadro principal de cualquier Challenger, un alivio para la gran mayoría de los participantes, principalmente para los que pierden en las primera rondas.
La categorización de los Challenger se volvió más simple a partir de 2019: CH 125, CH 110, CH 100, CH 90 y CH 80, en alusión a los puntos que gana el campeón. El año que acaba de terminar albergó 158 Challengers en cuarenta países distintos, mayoría CH 80 (99), la categoría más baja, algo lógico si tenemos en cuenta que a menos puntos entregados, menos dinero a repartir y más facilidad para organizar el evento. Los premios en metálico van desde los 50 000 dólares de los torneos más chicos a los 150 000 dólares de los torneos más grandes, nada si comparamos los 400 000 dólares del ATP250 menos importantes a los 57 000 000 dólares del Grand Slam más acaudalado. La diferencia es abismal.
Argentina, sumida en una crisis económica cíclica desde tiempos inmemoriales, organizó un solo  Challenger en 2019, el Challenger de Buenos Aires, en las instalaciones del coqueto 'Racket Club'. En ese complejo contexto, un año más los tenistas argentinos se la rebuscaron para ganar quince títulos Challenger, noveno país con más triunfos en estos certámenes. Aunque con un descenso escalonado en el último lustro, Argentina finalizó sexta en 2018, cuarta en 2017 y líder mundial en la categoría en los años 2015-2016, un logro que no se tiene ni tuvo en cuenta a la hora de los balances anuales del tenis argentino, ninguneado por la prensa especialista luego de la brillante etapa de 'La Legión' (2001-2010). Valoremos lo conseguido porque después lo extrañaremos.


Daniel Vitale Pizarro

28 de noviembre de 2019

La nueva Davis en primera persona


El Metro de Madrid es el punto de partida de este viaje hacia las Finales de Copa Davis 2019. El destino quiso que se disputara en Madrid, a menos de tres meses de mi mudanza a la capital española. Presente en una veintena de torneos de tenis como periodista entre Futures, Challengers, ATP, Copa Davis, Interclubes y Exhibiciones (siempre en Argentina), nunca había estado en una final de una competencia con tanta historia (119 años). Sentía que esto iba a ser diferente. Entiendo que los Grand Slams, a los que solo asistí como espectador, tienen otro status, pero este nuevo formato de la Davis en la 'Caja Mágica', tan criticado antes de haber iniciado, seguramente no sería un torneo más en mi vida periodística.
La ciudad empezó a respirar clima de Copa Davis mucho antes que los protagonistas. Carteles en las calles céntricas, autobuses ploteados, sorteo de entradas en clubes de tenis o negocios afines al torneo y acciones ecológicas que te permitían canjear botellas plásticas o de vidrio por entradas, fueron algunas de las estrategias de marketing para promocionar un evento tan denostado como valiente, por todo lo que estaba en juego. Incluso se colocaron los nombres de todos los jugadores participantes, por países, en cada estación del Metro de la Linea 3, el medio de transporte público más utilizado por los espectadores para llegar al estadio.
Las instalaciones de la 'Caja Mágica' son un lujo. Para este evento, los jugadores dispusieron de tres pistas principales y siete de entrenamiento, con todas las comodidades posibles a la hora de entrenar, sin la presencia del público en las pistas auxiliares, solo habilitadas a la prensa. A pesar de esa normativa, pocos colegas presenciamos los entrenamientos con asiduidad. No hago juicio de valor, solo es una observación ya que muchos de los periodistas no son apasionados del tenis y asisten a los torneos solo por trabajo. Estoy convencido de que si no les pagaran u obligaran a ir, la mayoría de los que fueron no asistirían. En lo que a mi respecta, el tenis es mi vida y ver a los mejores del mundo entrenar, al borde de la pista y sin público, no tiene precio. Lo disfruto casi tanto como un partido por los puntos entre dos estrellas del momento.
Los días pasaban y los pasillos de la 'Caja Mágica' empezaban a ser familiares. No es sencillo ubicarse desde el primer día por las dimensiones del predio, la disposición de los estadios, de las pistas de entrenamiento y de la sala de prensa. La interacción con los colegas también es una cuestión del día a día, sobre todo con los extranjeros, tan parecidos pero a la vez tan distintos. Lunes, martes, miércoles y los equipos iban quedando eliminados. Colombia fue el primero y Canadá el último. El sistema de clasificación premiaba a los seis lideres de cada grupo más los dos mejores segundos, extraño en el tenis, lo que generó especulaciones hasta el último punto de la fase de grupos. Las largas jornadas de más de doce horas no ayudaban a que los periodistas estemos lúcidos para las matemáticas, materia de la que la mayoría no somos especialistas.
La ilusión de ver a los mejores jugadores del mundo todos los días, juntos bajo un mismo techo, postergaba el cansancio que pasaba factura apenas finalizaba la jornada. La buena predisposición de la mayoría de los colegas y trabajadores del torneo hacían más llevadera la tarea diaria en sala de prensa, amplia y cómoda para trabajar. Párrafo aparte para el acceso a las butacas de prensa. El sector era bueno, pero no se podía acceder desde la sala de prensa, debíamos dar media vuelta al estadio para ingresar. Una pena también que no hubiese un monitor fuera de la puerta de prensa para saber el marcador, fundamental para los cronistas en caso de no poder ingresar al estadio en un momento cúlmine del encuentro.
Como en todo torneo de tenis profesional donde la entrada se paga, los espectadores van en aumento hacia el fin de semana y la venta de entradas es escasa los primeros días de competencia. Es curioso porque para mí, los mejores días son precisamente los primeros ya que se pueden ver a todos los jugadores, pero eso dejémoslo para los enfermos del tenis. La persona normal que abona una entrada, elige las instancias finales para asegurarse de ver a los mejores de la semana, o porque el trabajo no se lo permite. Para muchos, asistir un martes a las once de la mañana es prácticamente imposible. A pesar de eso, los datos oficiales arrojaron que asistieron más de 130000 personas durante los siete días, más del pobre 50% de entradas vendidas una semana antes de inicio.
La serie Argentina-España de cuartos de final fue la más caliente de la semana, por definirse en el dobles y por el calor y color de la hinchada sudamericana, siempre ruidosa y apoyando a los suyos jueguen donde jueguen. Pero la noche más emotiva de todas fue el dobles de la semifinal España-Gran Bretaña. Nadal-Lopez derrotaron a Murray-Skupski 7/6 7/6 en un partido que de no ser en España y por Copa Davis, la victoria hubiera caído del lado inglés. Superiores técnica y tácticamente no supieron cerrar los sets y sucumbieron ante la actitud de 'Rafa', el oficio de 'Feli' y el ánimo del público, con tiros espectaculares en los momentos más tensos del partido.
La final fue casi a pedido de la grada. Dos Top10 de un lado contra dos de los tres mejores adolescentes del ranking ATP. Ante ese panorama y habiendo perdido su partido inaugural, Bautista Agut (9°) demostró estar hecho de acero. Dos días después del fallecimiento de su padre y de haberse ido de Madrid a su Castellón natal para despedirse en vida, volvió a la concentración con el corazón en la mano y no solo disputó su individual sino que venció a Felix Auger-Aliassime con un enfoque brillante, muy concentrado, casi sin distracciones luego de aciertos o errores. El llanto de Roberto desconsolado mientras todo el estadio coreaba "Robeeeeerto Robeeeeerto" emocionó hasta al madrileño más duro.
Era el momento de 'Rafa'. El jugador de la semana debía ganar un partido más para que todo lo hecho desde el martes no haya sido en vano. 6/3 6-6 ante Shapovalov... El tiebreak del segundo set tuvo de todo. Dos ojos de halcón perdidos por milímetros, tres sets points levantados y un match point sencillo desperdiciado. Hubiese sido injusto que Nadal terminara el año como N°1 ATP sin darle el punto definitivo a su país para ser campeones de la Copa Davis por sexta vez, la primera de esta "Nueva Era" y en su país. Una derecha del canadiense en la red concluyó la faena semanal del mallorquín que le regaló a sus fanáticos españoles, seguidores durante todo el año por TV o internet, una versión inmejorable de Rafael Nadal, sacando como nunca y ganando como siempre.
La conferencia de prensa española fue breve pero no faltaron los halagos al 'superhéroe' Nadal y al hombre de hierro Bautista, que como dijo 'Rafa': "lo que hizo Roberto es un ejemplo para el resto de mi vida". El día finalizaba, la pista se vaciaba y la sala de prensa se tornaba cada minuto menos bulliciosa. Las Finales de Copa Davis habían llegado a su fin y con ellas, una semana inolvidable. El Metro de Madrid nos recibe igual que siete días atrás, pero esta vez para llevarnos a casa y no volver hasta noviembre 2020. Quizás la espera no sea tan larga y nos volvamos a encontrar con la Linea 3 en mayo, cuando se dispute el Masters1000 Madrid. Pero esa será otra historia.

Daniel Vitale Pizarro desde 'La Caja Mágica'

25 de noviembre de 2019

Supernadal al rescate







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El grito ensordecedor de más de doce mil personas luego de que Denis Shapovalov estrellara la derecha en la red no será fácil de olvidar para los presentes en 'La Caja Mágica'. Rafael Nadal ganaba su octavo partido en seis días y le daba a España su sexta Copa Davis. Sin perder sets en individuales ni sufrir roturas de servicio en ambas modalidades, vimos una versión superlativa de Nadal, de las mejores de su carrera a nivel tenístico. Es cierto que no enfrentó a ningún Top10 pero su tenis fue arrollador y el servicio, su mejor golpe. Jamás se lo vio tan agresivo y con un porcentaje tan alto de primeros saques. Khachanov, Gojo, Schwartzman, Evans y Shapovalov sufrieron la intensidad de 'Rafa' que minimizó el juego de sus rivales y los volvió obsoletos, provocando errores que no cometerían ante otro jugador.
La primera edición de la renovada Copa Davis comandada por el Grupo Kosmos, Gerard Piqué y compañía, llegó a su fin. Fueron siete días intensos, de jornadas muy largas que empezaban a las diez de la mañana y se extendían casi siempre más allá de las dos de la madrugada. La Copa del Mundo del Tenis, como bautizaron a este nuevo formato, contó con la presencia de seis Top10 y doce Top20, un número elevado al tratarse de un certamen de equipo del que no dependen de sí mismos para participar. De nada sirve ser Top10 si no cuentas con al menos un compañero Top100, como le sucedió este año a Dominic Thiem (4°) o Stefanos Tsitsipas (6°), ausentes por no haber clasificado con su país.


El sitio elegido, 'La Caja Mágica', ubicada al sur de Madrid, de fácil acceso en automóvil o medios de transporte público, contó con tres estadios cubiertos con capacidad para 12500 (Manolo Santana), 3500 (Arantxa Sanchez Vicario) y 2500 (Estadio 3) personas respectivamente, algo que pocos lugares en el mundo pueden presumir. La casa del Masters1000 Madrid cambió la tierra batida por las pistas duras bajo techo de la compañía Green Set (Javier Sanchez Vicario), la misma superficie de los torneos previos a las Finales de la Copa Davis (Amberes, Basilea, París y el Masters), con el objetivo de que los jugadores no sufran cambios bruscos de superficies en la parte final de la temporada.
Las quejas nunca faltan y de este nuevo formato se escuchan desde que se anunció que el torneo se desarrollaría en Madrid bajo condiciones totalmente diferentes a las de antaño. Los más puristas extrañarán las localías en donde el anfitrión elegía estadio, superficie y pelotas para favorecer las características de sus jugadores o para entorpecer las de su rival de turno. No iba a ser sencillo convencer a un público muy tradicionalista de cambiar por completo un torneo que se disputó por primera vez en 1900 y que sigue vigente más o menos con la misma configuración. Pero un cambio era necesario porque el torneo estaba perdiendo prestigio porque las estrellas del circuito empezaron a no asistir, básicamente por las malas fechas en el calendario y por los cambios de superficie.
El punto más flojo fue la programación de los partidos. A excepción del domingo que finalizó alrededor de las veintitrés, nunca el último partido de la jornada terminó antes de la una de la madrugada, con el récord histórico de la competencia el miércoles (4:03am), motivo por el cual las gradas, lógicamente, estaban vacías. El aforo fue otro tema en boca de todos durante la semana. Agotadas las entradas cada vez que jugaba España, el turno mañana fue el más desolado, con muy pocos espectadores durante la fase de grupos. Incluso la organización del torneo cambió el horario del primer turno a partir del viernes (11 a 10:30) y al no ser notificados personalmente los que habían comprado la entrada, el partido matutino de cuartos de final lució casi sin público.
Pero no solo los periodistas y fanáticos criticaron a la organización, los propios jugadores no estuvieron del todo conformes con determinados aspectos del certamen. Novak Djokovic, el menos perjudicado por no haber jugado nunca el turno tarde, tuvo una crítica mixta: "Apoyo el hecho de que había que hacer un cambio respecto al antiguo formato porque no generaba suficiente interés. Quizá el formato ideal está en algún punto intermedio entre éste y el antiguo. Tal vez crear un torneo de ocho selecciones o quizá tener una o dos semanas antes durante el año en las que los países puedan jugar en casa en los grupos clasificatorios previos. Lo ideal sería jugar justo después del US Open. Esa sería la mejor época del año para disputar este torneo".
Rafael Nadal tampoco se quedó callado cuando le preguntaron su opinión: "Los horarios son malos para los aficionados y para los tenistas. La gente al día siguiente trabaja. Es un problema pensando en los jugadores, en los equipos y en el público". El escocés Andy Murray solo disputó una serie por problemas en su ingle he hizo hincapié en algo que pocos remarcaron: "Las pistas de entrenamiento y de burbuja son bastante diferentes con respecto al estadio de juego. Es un hándicap que nos perjudica a todos. Apenas tienes margen de error. Los partidos son más emocionantes y más impredecibles; es obvio que para los tenistas sea algo más estresante que antes".
Es fácil criticar sin construir pero es cierto que, a simplre viste, soluciones hay varias, algunas más bruscas, otras más leves. La más sensata: estirar la competencia. Quedó demostrado que en siete días es inviable disputar esa enorme cantidad de partidos. La más simple, supertiebreak los terceros sets, al menos los dobles, como en el circuito ATP o acortar los tiempos entre partidos. La más drástica sería disminuir la cantidad de equipos participantes o sino, cambiar de sede por una con más estadios cubiertos disponibles en esa fecha del calendario. La organización ya debe tener las opciones sobre la mesa y seguramente veremos unas Finales de Copa Davis, Madrid 2020, mejor organizadas.

Daniel Vitale Pizarro desde la 'Caja Mágica'

18 de noviembre de 2019

Un gran paso


"Hacía mucho que no lloraba tras un partido. Nunca había experimentado una cosa así. Mi espíritu está vacío, ni siquiera puedo pensar. Es el peor sentimiento". Stefanos Tsitsipas estaba destruido. La derrota contra Stan Wawrinka en Roland Garros tras más de cinco horas fue la antesala de la debacle en primera ronda de Wimbledon frente a Thomas Fabbiano, también en cinco sets. En Londres el griego se terminó de derrumbar: "Me encerré en mi habitación durante tres días. Debía aislarme y olvidar lo ocurrido. Me puse a leer la novela 'El Alquimista' (de Paulo Coelho) y luego busqué otro libro que pudiera inspirarme. Elegí una biografía de Roger Federer y me pasé esos tres días entregado a la lectura y la meditación". Tsitsipas había tocado fondo.
Su depresión fue tal que acumuló seis derrotas consecutivas en torneos ATP entre julio y septiembre. Su tenis excelso no fluía y las dudas mentales aparecían en cada ciudad a la que asistía. La gira asiática también empezaba mal pero en Beijing encontró algo de lo que había perdido. Finalista en la capital china y semifinalista en Shanghai y Basilea, su confianza era otra totalmente diferente de la de mitad de temporada hasta esta parte. Triunfos ante Zverev y Djokovic no alcanzaban para ganar un título. Primer clasificado al Masters #NextGen y sexto al Masters Finals, el heleno decidió 'defender' su título de Maestro Sub21 pero en Mayores.
El torneo más importante del mundo detrás de los Grand Slams por puntos repartidos, dinero y dificultad para ganar el título ya que se debe, como mínimo, vencer a tres Top10, cumplía cincuenta ediciones. De Tokio 1970 a Londres 2019. En el medio, una veintena (23) de campeones que, en muchos casos, el Masters significó o significa su trofeo más importante hasta hoy. Nikolay Davydenko, Alex Corretja, David Nalbandian, Grigor Dimitrov, Alexander Zverev y Stefanos Tsitsipas son los seis 'Maestros' que no fueron campeones de Grand Slam, una tendencia de los años 2000, impensado décadas atrás. Quizás una de las respuestas sea el superprofesionalismo que exige tanto a los jugadores que no llegan al final de la temporada al 100%.


El año del griego terminó mejor de lo que empezó, con puntos altos durante el primer tercio y el último del calendario. Campeón en Marsella y Estoril, sumó victorias de gran calibre como ante Roger Federer en el Australian Open, contra Rafael Nadal en Madrid o frente a Novak Djokovic en Shanghai, curiosamente sin ser campeón en ninguno de esos eventos. Pero la 'Arena O2' de Londres presenciaría una nueva victoria del ateniense sobre el de Basilea en 2019 pero que esta vez sí aprovecharía para llevar el trofeo a su casa, en una final electrizante versus Dominic Thiem, su verdugo en la final de Beijing. Los problemas se profundizaron en Londres y en Londres fue donde desaparecieron. Cuentas claras.

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“Sé que no puedo predecir el futuro pero creo que estoy muy cerca de ser coronado campeón de Grand Slam. Sé que estas son palabras fuertes, pero siento que pertenezco a ese lugar. Estoy compitiendo contra los mejores jugadores del mundo y la cantidad de esfuerzo y trabajo que pongo todos los días merece tener un resultado como este”, declaraciones peligrosas de Stefanos luego de que varias generaciones se tuvieran que conformar con alguna que otra final esporádica de Grand Slam durante los últimos quince años. El monopolio del 'Big3' más temprano que tarde se terminará, entonces la pregunta es, ¿cuándo?

Daniel Vitale Pizarro