25 de junio de 2018

Halle cambió de dueño

Ya lo había anunciado en marzo. En semifinales de Indian Wells, Borna Coric había asustado a Roger Federer. Set arriba y quiebre arriba; set iguales y quiebre arriba. Pero no dio la talla, no le alcanzó. Le pesó el hecho de ganar y de pasar a su primera final de Masters1000. Sin buenos resultados en la gira sobre arcilla sin siquiera un cuartos de final (5-4), el croata llegó a Halle con la ilusión de mejorar su flojo récord histórico sobre la superficie madre del deporte de la raqueta (2-7) y dejar atrás los magros resultados en tierra batida. Y vaya si mejoró. El croata N°34 ATP fue campeón del ATP500 de Halle en su peor superficie ante el mejor jugador de la historia sobre hierba, ¿qué tal?

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Vencedor de Nadal en dos ocasiones (2013-14) y de Murray en 2015, el croata llegó a la final de Halle con un gran nivel tenístico esa semana con triunfos ante Zverev en primera ronda y contra Federer en la definición por el trofeo. A los 21 años de edad el lunes será 21° ATP, su mejor posición como profesional. "Estoy muy sorprendido... Ni siquiera había soñado con esto. Batir a Federer es la sensación más extraordinaria. Lo admiraba cuando era más joven, veía sus partidos en casa con mi familia. Simplemente jugar ante él es muy especial. Ser capaz de ganarle hace todo mucho más grande para mí", reveló Coric ante la prensa mundial en Alemania.

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Joven y Top10 más temprano que tarde, su ascenso en el ranking se vio interrumpido en septiembre de 2016 cuando tuvo que someterse a una operación de rodilla. La lesión lo marginó de la parte final de la temporada ATP pero principalmente de la final de Copa Davis ante Argentina en Zagreb (Croacia), la serie de la épica de Del Potro y Delbonis para ser campeones por primera vez en 116 años de historia de la competición. Recuperado, no tuvo un 2017 como esperaba él y su equipo a pesar de buenos resultados esporádicos durante el año como el título en Marrakech, la semifinal en el Masters #NextGen o las victorias ante Murray (1°) en Madrid y contra Thiem (8°) en Miami.

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Algo decepcionado por no poder llegar a Wimbledon con la posibilidad de lograr su título N°100 ATP, Federer se mostró conforme por la mini gira de césped realizada y felicita a su rival por el nivel demostrado en la final: "Sin lugar a dudas puedo marcharme con la cabeza bien alta. Pienso que he hecho un buen papel en Stuttgart y en Halle. La clave pudo estar en haber ganado el tiebreak del primer set. Tuve más opciones durante la manga y luego ese 6-4. Coric tuvo un nivel muy alto al final del primer set y en el tercero. Nunca ha bajado su intensidad. Ha sido desafortunado para mí pero le doy el mérito a Borna por salir y disputar un gran partido".
El suizo mega campeón volvió a ceder el N°1 del mundo ante Nadal por no defender los 500 puntos de Halle 2017, en una lucha mano a mano que tienen desde agosto de 2017. Entre dos de los mejores tenistas de todos los tiempos se alternaron la cúspide del tenis de manera consecutiva seis veces, misma cantidad de Grand Slams consecutivos ganados por ellos de manera alterna entre 2017-18, ambas rachas están vigentes gracias a la "juventud" de los protagonistas (RF 36 y RN 32). Sí, estamos ante quizás los dos más grandes tenistas de la historia, o de la Era Amateur, o del tenis moderno. Cuando se retiren se los juzgará mejor, pero ellos marcaron una época.


Pero no le quitemos protagonismo al campeón de Halle, en pasto y ante Federer (12 finales aquí). Es apenas el quinto jugador que logra ganarle una final en césped al helvético junto a Djokovic (2), Nadal, MurrayHewitt y Haas, una lista de privilegiados. Entrenado por Kristijan Schneider y Riccardo Piatti en su famosa Academia en la que entrenaron un centenar de jugadores profesionales, dio un salto de calidad en Halle por nivel y rivales superados. Su mentalidad, el arma principal de su juego, se fusionó con su servicio y consistencia desde el fondo de la cancha para levantar su segundo título ATP en cuatro finales disputadas. El Pitbull volvió a morder y cada vez la presa es más grande.

Daniel Vitale Pizarro

18 de junio de 2018

No solo es un lindo revés

Mientras los ojos del mundo del tenis están puestos en Stuttgart (o en Rusia) por la vuelta de Roger Federer al circuito tras casi tres meses ausente y en consecuencia al N°1 del mundo por sexta ocasión en su carrera, en Hertogenbosch (Holanda) también se juega al tenis. La final del certamen preparatorio para Wimbledon la disputaban dos franceses: Richard Gasquet y Jeremy Chardy. Ambos de 31 años pero con carreras diametralmente opuestas desde juniors hasta profesionales, se dirimían el primer puesto en su sexto enfrentamiento entre sí (1-4), curiosamente el tercero del año (2-0) y el primero en hierba.
Pegado a Roland Garros, el torneo que da inicio a la temporada de césped junto con Stuttgart (Alemania) no son los elegidos por las primeras raquetas del ranking ATP por una cuestión lógica: descanso y adaptación a otra superficie completamente diferente. Sin miembros del Top25 dentro del cuadro principal, Gasquet (30°) se abrió camino con complicadas victorias ante el ascendente griego Stefanos Tsitsipas y el renacido Bernard Tomic, antes de derrotar en la definición por el trofeo a su compatriota Chardy. El finalista se encargó de vencer al N°1 del torneo, el también galo Adrian Mannarino (26°).


Un irregular 2017 (final Montepellier) lo depositó al borde del Top30 de fin de año, lo que lo obligó a replantearse su próxima temporada. Talento de sobra, semifinalista de Grand Slam y finalista de Masters1000, al exnúmero siete del mundo el Top30 le queda chico. Sin segundas semanas en Grand Slam desde 2016, último año que pisó el Top10 y que ganó un título ATP, inició la gira verde europea con una copa bajo el brazo, la tercera sobre pasto(Nottingham 2005-06). En la superficie que más alegrías le dio en Grand Slams (semifinal de Wimbledon 2007 y 2015) el galo logró su 15° título ATP en treinta finales disputadas.


“La primera vez que vine aquí fue hace 10 años, tenía 22 años. Mañana será mi cumpleaños y es muy bueno poder hacerlo con un nuevo trofeo”, declaraba un contento cambiador serial de cubre grips que dirá presente en el ATP500 Halle (Alemania) la semana próxima. Richard cambia el grip de la raqueta casi en todos los cambios de lado. Manía o necesidad, él responde: "Para mí es difícil tomar la raqueta si no tengo una nueva. He pedido a mis patrocinadores muchos grips. Ellos lo saben. Es importante para mi juego porque a veces puedo perder una raqueta o romperla porque no puedo sostenerla, eso es por lo que necesito cambiarlos tanto, porque sudo mucho". Tarda ocho segundos...


Llamado a ser el futuro del tenis mundial, no solo francés, la revista Tennis Magazine, referente del tenis francés y mundial, lo puso en su tapa en 1995 con apenas nueve años de edad y con el mismo gesto de revés con el que sigue deslumbrando al público. Campeón de todo torneo menor al que se presentara, a los trece años derrotó a otro prodigio, Rafael Nadal, en el torneo más importante para menores de 14 años, "Les Petits As" en 1999. Ese año el de Beziers sería campeón y al año siguiente el de Manacor lograría el título. Lo que siguió en sus carreras ya lo conocemos.

El prodigio francés de gran carrera profesional pero que no cumplió con las exigentes y desmedidas expectativas de la prensa especializada de su país, logró en abril las 500 victorias ATP, una cantidad de triunfos que solo 47 jugadores alcanzaron en la Era Abierta. Y lo hizo en Monte Carlo, lugar donde consiguió su primera victoria ATP cuando tenía quince años. El destino quiso regalarle ese lindo momento. Vistoso y virtuoso desde el fondo de la cancha y con un revés exquisito, digno de un artista, rompió los esquemas de juventud siendo el más joven en ganar un partido en M1000. Tres años después, también en Monte Carlo (parece a propósito) derrotó a Roger Federer (1°) con 18 años.
Su rival de turno en Hertogenbosch, compañero de ruta durante el profesionalismo y amigo, decía sobre Gasquet hace unas semanas: "Cuando era joven, ya era una gran estrella en Francia… Creo que todos recordamos cuando empezó a jugar, era muy pequeño. Hoy también es una estrella y el problema al enfrentarlo es que tiene muchas posibilidades con su revés. En cada tiro puede ir a lo largo de la línea o tirar cruzado, así que nunca se sabe dónde jugará. Cuando pega la bola con el revés siempre es peligroso, y tiene mucha confianza en este golpe. Es como un regalo de Dios. Es difícil enseñarle a alguien ese revés".

Daniel Vitale Pizarro

11 de junio de 2018

Mutar para evolucionar

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"Unas horas antes de la semifinal le mandé un mensaje de texto a mi sobrino en el que le recordé una frase de Severiano Ballesteros: 'Más vale una gran actitud que un gran swing'. 'Esto es lo que te hará ganar', añadí a continuación". Así inició Toni Nadal su nota publicada por el diario El País escrita el día previo a la final de Roland Garros. Fuera del día a día del equipo de trabajo de Rafael Nadal desde esta temporada, el tío de 'Rafa' nunca estará del todo afuera. Desde el teléfono, desde una visita en Manacor en sus tiempos libres, desde una cena familiar o desde las gradas como familiar, el tío 'Toni' siempre está. ¡Y vaya que es importante en la carrera de su sobrino!

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Formador de la mente de su sobrino por sobre su técnica, con métodos poco ortodoxos para tenistas de tan corta edad, pero efectivos, 'Toni' es quien es en el mundo del tenis gracias a 'Rafa' y Rafael es quien es gracias a su tío. Un tandem que ganó todo lo que se propuso, hasta una final de Wimbledon al Federer N°1 en 2008. Inimaginable. Soñado. Grand Slams, Masters1000, Juegos OlímpicosCopa Davis, todo. Sus lesiones, siempre presentes casi en cada temporada, le impidieron ser el tenista indiscutido más grande de la historia, pero esas son solo especulaciones y la verdad está a la vista. Sus números impactan y no dejan de llamar la atención.
Prodigio y longevo. Dos cualidades que comparte con Ken Rosewall, precisamente quien le entregó el trofeo en la Philippe Chatrier cincuenta años después de que el australiano ganara el primer Grand Slam de la Era Abierta en 1968 (Abierto de Francia). Ken ganó su primer Major con 18 años y el último con 37, récord absoluto. Rafael es el segundo que más cerca está de semejante hazaña, aunque el tercero en cantidad de años entre su primer y último Grand Slam ganado. Debutó como campeón de Roland Garros a los 19 años y volvió a coronarse en París a los 32 años como N°1 ATP, con varios años más por delante en la elite.


Desde 2005 hasta 2018 no solo pasaron los años. 'Rafa' mutó. Ningún deportista que perdure en la elite mundial durante un largo período se mantiene siempre igual. Por los rivales, por la edad, por la mera evolución del jugador o por los cambios del deporte en sí, siempre se cambia. Y para seguir ganando, esos cambios deben ser evolución y no retroceso. Ejemplos de retroceso o estancamiento hay miles, pero de evolución constante y superación, son pocos. Rafael Nadal es el ejemplo cabal de eso y más. Las lesiones y las nuevas generaciones lo obligaron a cambiar si quería seguir en los puestos de vanguardia.
Hoy vemos en su juego una gran mejora en el revés, más sólido y con más variantes que años anteriores. El cambio fue una marca registrada en su juego desde que lo vimos irrumpir en el circuito corriendo de lado a lado, defendiendo y contragolpeando pelotas imposibles para finalizar los puntos con saltos y festejos alocados. Su servicio ya no es su punto débil. Desde 2010 su tenis es año a año más agresivo. Metido adentro de la cancha y tomando la iniciativa, dejó de correr tras la pelota para ir a buscarla y tomarla lo más pronto posible para quitarle tiempo al rival. Su postura cambió y su tenis evolucionó. Su derecha domina como siempre pero ya no depende solo de ella

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Hasta modificó su vestimenta a lo largo de los años. Del adolescente con la cabellera al viento, musculosa y pantalones 'capri' más largos que cortos, al treintañero con remera acorde a cada torneo y shorts más cortos que la media, sin llegar al perfil sofisticado y señorial de Roger Federer porque sus estilos y formas de jugar nunca serán similares. Nike vio en sus dos jugadores insignia la rivalidad en la cancha y la plasmó en el marketing, con modelos de vestimenta tan antagonistas como sus estilos de juego, por aquellas épocas (años 2000) mucho más marcados que ahora, más aggiornados a sus edades.
"No creo mucho en los grandilocuentes calificativos que recibo, me considero una persona normal que ha logrado algo muy difícil. En la gran mayoría de mis partidos en Roland Garros he salido pensando en que podía ganar o perder. Esa actitud y el trabajo diario es la clave del éxito. Al final, para el público, ganar otro Roland Garros parece que es lo lógico, pero definitivamente no lo es. Al menos yo no quiero que así lo sea, porque entras en una rutina y espiral de no valorar las cosas. Dentro de la humildad está el valorar las cosas que van pasando, no dejarlas como normalidad, pienso que es mucho más arrogante dar por normal lo que va pasando", firmado Rafael Nadal.

Daniel Vitale Pizarro