12 abril 2026

¿El tenis evoluciona?


Sí. No hace falta que sigas leyendo. El tenis evoluciona. No se necesita ser un erudito del deporte para darse cuenta que el tenis del inicio del profesionalismo (1968) no tiene nada que ver con el actual. Nada. Empuñaduras, efectos, alimentación, preparación física, biomecánica y podemos seguir enumerando factores que sucedieron a lo largo de las décadas. Desde que el tenis es tenis (1877), la evolución fue lenta pero progresiva y hasta las décadas del '80-'90 no se empezaron a ver cambios radicales en los elementos con los que se practica y en las formas de pegarle a la pelota. Si. El tenis, principalmente por el profesionalismo, en los últimos treinta/cuarenta años, evolucionó. Y mucho.

Uno de los primeros estudiosos del deporte fue Bill Tilden. Dominador de los años veinte gracias a su juego potente y versátil, el polifacético norteamericano publicó por aquel entonces dos libros sobre el efecto de la pelota y los ángulos (Match play and the spin of the ball y The Art of the Lawn Tennis), además de sus famosas 'Máximas de Tilden', vigentes más de cien años después. Considerado el mejor tenista de la primera mitad del Siglo XX, 'El Padre del Tenis' fue un pionero en muchos aspectos como su empuñadura 'este' de derecha en una época en la que la gran mayoría de los tenistas utilizaban la empuñadura 'continental' para todos los golpes.


Pero sus principios físicos no se popularizaron hasta mediados de los años setenta. Por aquellos años en los que el cortado y los planos dominaban el circuito, Guillermo Vilas y Bjorn Borg empezaron a popularizar el liftado, efecto que revolucionaría el deporte con el paso de los años. La convivencia de las raquetas de madera con las de aluminio tuvieron su fin a mediados de los años ochenta cuando fueron reemplazadas por las de grafito. La potencia, poco a poco, empezó a ser el protagonista en el circuito profesional. En apenas diez años se pasó de raquetas de madera y empuñaduras tradicionales a raquetas de grafito y empuñaduras 'pasadas', un combo explosivo para la época.

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🎉🎾En el día en que Guillermo Vilas, LEYENDA DEL DEPORTE ARGENTINO, cumple 72 años, recordamos esta anécdota suya en Mar de Fondo sobre cómo descubrió e implementó el topspin en su juego. ¡FELICIDADES Y GRACIAS POR TANTO, WILLY! 💙🤍

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Aquellos años ochenta iniciaron un cambio que no tuvo freno. Los mejores del mundo, a mediados de aquella década, empezaron a viajar con entrenadores personales y uno de los precursores en esto de la profesionalización fue Ivan Lendl. El checo fue uno de los primeros profesionales íntegros del circuito. A su técnica depurada le agregó un estricto plan físico, alimenticio y de cuidado del cuerpo, un sistema copiado por sus colegas a medida que pasaban los años y el dinero llegaba a los puestos más bajos del ranking. Todo esto se potenció en la década siguiente, años bisagra para el deporte blanco que lo catapultaron a ser unos de los deportes más populares del mundo.

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Los años noventa llegaron para cambiar el destino del tenis. El marketing y la tecnología permitieron mostrarle el deporte al mundo entero y de lo que eran capaces de hacer sus participantes. Las raquetas de madera dejaron de utilizarse unos años antes para darle paso a las de grafito lo que significó más potencia, más control y menos lesiones producto del menor esfuerzo para pegarle a la pelota. El dinero a repartir creció permitiendo que no solo los mejores del mundo se profesionalicen. Nacen los equipos de trabajo alrededor de los jugadores top. El circuito ATP también aportó a la causa diseñando un calendario más acorde a las necesidades de los jugadores.
Los dos mil significaron otro quiebre en la historia de este deporte pero esta vez en la forma de jugar. La ralentización de las superficies y la popularización de la biomecánica cambiaron la manera de entrenar. Pistas de tenis con velocidades similares eliminaron paulatinamente a los jugadores de saque y volea o de cortados punzantes y las variantes en el tenis dejaron de ser un plus para ser una rareza. El combo homogeneización de las superficies más la biomecánica aplicada al detalle provocaron que la mayoría de los tenistas jueguen al tenis de forma parecida, maximizando sus movimientos sin importar la superficie.


En los 2010 el tenis sufrió otro cambio en la misma dirección de la década pasada. Un año antes ATP reestructuró el circuito. Modificó su calendario eliminando la moqueta (superficie ultra rápida) y simplificando las categorías de los torneos en cuanto a la denominación y a los límites de participación. Pasamos de tener nombres de torneos que solo los jugadores y fanáticos del deporte conocían a que casi todo el que se interesase mínimamente por el tenis pudiera entender el sistema. Además empezaron a puntuar una determinada cantidad de torneos máximos a pesar de que juegues todas las semanas, cuidando el físico de los competidores y el espectáculo.
La década actual no trajo un cambio puntual rupturista pero sí consolidó la importancia de la salud mental, un tema tabú décadas pasadas que dejó de serlo en este último lustro. El psicólogo deportivo pasó de ser una opción a formar parte del equipo de trabajo de prácticamente todos los jugadores. Las redes sociales y la viralización de cualquier cosa que los protagonistas digan o hagan, generó la necesidad de cuidar la mente para rendir al máximo en pista y no distraerse con los insultos de los seguidores o las críticas de personas que jamás vieron un partido de tenis, siquiera en su club de barrio.

La profesionalización, la expansión del deporte en el mundo y la popularización del mismo fueron provocando que los propios jugadores fueran evolucionando. A mediados de los setenta, la incorporación del liftado o top spin revolucionó la potencia, los ángulos y la táctica. A mediados de los 2000, la biomecánica aplicada al tenis significó la segunda revolución en cuanto al juego. La eficiencia de los movimientos para exprimir al máximo cada golpe. La potencia reemplazó a la táctica y con ello fueron desapareciendo los reveses a una mano. Por último, la psicología deportiva, quizás el último pilar de un tenista íntegro a la que se le está dando finalmente la importancia que merece en este último lustro.

Daniel Vitale Pizarro