18 de junio de 2018

No solo es un lindo revés

Mientras los ojos del mundo del tenis están puestos en Stuttgart (o en Rusia) por la vuelta de Roger Federer al circuito tras casi tres meses ausente y en consecuencia al N°1 del mundo por sexta ocasión en su carrera, en Hertogenbosch (Holanda) también se juega al tenis. La final del certamen preparatorio para Wimbledon la disputaban dos franceses: Richard Gasquet y Jeremy Chardy. Ambos de 31 años pero con carreras diametralmente opuestas desde juniors hasta profesionales, se dirimían el primer puesto en su sexto enfrentamiento entre sí (1-4), curiosamente el tercero del año (2-0) y el primero en hierba.
Pegado a Roland Garros, el torneo que da inicio a la temporada de césped junto con Stuttgart (Alemania) no son los elegidos por las primeras raquetas del ranking ATP por una cuestión lógica: descanso y adaptación a otra superficie completamente diferente. Sin miembros del Top25 dentro del cuadro principal, Gasquet (30°) se abrió camino con complicadas victorias ante el ascendente griego Stefanos Tsitsipas y el renacido Bernard Tomic, antes de derrotar en la definición por el trofeo a su compatriota Chardy. El finalista se encargó de vencer al N°1 del torneo, el también galo Adrian Mannarino (26°).


Un irregular 2017 (final Montepellier) lo depositó al borde del Top30 de fin de año, lo que lo obligó a replantearse su próxima temporada. Talento de sobra, semifinalista de Grand Slam y finalista de Masters1000, al exnúmero siete del mundo el Top30 le queda chico. Sin segundas semanas en Grand Slam desde 2016, último año que pisó el Top10 y que ganó un título ATP, inició la gira verde europea con una copa bajo el brazo, la tercera sobre pasto(Nottingham 2005-06). En la superficie que más alegrías le dio en Grand Slams (semifinal de Wimbledon 2007 y 2015) el galo logró su 15° título ATP en treinta finales disputadas.


“La primera vez que vine aquí fue hace 10 años, tenía 22 años. Mañana será mi cumpleaños y es muy bueno poder hacerlo con un nuevo trofeo”, declaraba un contento cambiador serial de cubre grips que dirá presente en el ATP500 Halle (Alemania) la semana próxima. Richard cambia el grip de la raqueta casi en todos los cambios de lado. Manía o necesidad, él responde: "Para mí es difícil tomar la raqueta si no tengo una nueva. He pedido a mis patrocinadores muchos grips. Ellos lo saben. Es importante para mi juego porque a veces puedo perder una raqueta o romperla porque no puedo sostenerla, eso es por lo que necesito cambiarlos tanto, porque sudo mucho". Tarda ocho segundos...


Llamado a ser el futuro del tenis mundial, no solo francés, la revista Tennis Magazine, referente del tenis francés y mundial, lo puso en su tapa en 1995 con apenas nueve años de edad y con el mismo gesto de revés con el que sigue deslumbrando al público. Campeón de todo torneo menor al que se presentara, a los trece años derrotó a otro prodigio, Rafael Nadal, en el torneo más importante para menores de 14 años, "Les Petits As" en 1999. Ese año el de Beziers sería campeón y al año siguiente el de Manacor lograría el título. Lo que siguió en sus carreras ya lo conocemos.

El prodigio francés de gran carrera profesional pero que no cumplió con las exigentes y desmedidas expectativas de la prensa especializada de su país, logró en abril las 500 victorias ATP, una cantidad de triunfos que solo 47 jugadores alcanzaron en la Era Abierta. Y lo hizo en Monte Carlo, lugar donde consiguió su primera victoria ATP cuando tenía quince años. El destino quiso regalarle ese lindo momento. Vistoso y virtuoso desde el fondo de la cancha y con un revés exquisito, digno de un artista, rompió los esquemas de juventud siendo el más joven en ganar un partido en M1000. Tres años después, también en Monte Carlo (parece a propósito) derrotó a Roger Federer (1°) con 18 años.
Su rival de turno en Hertogenbosch, compañero de ruta durante el profesionalismo y amigo, decía sobre Gasquet hace unas semanas: "Cuando era joven, ya era una gran estrella en Francia… Creo que todos recordamos cuando empezó a jugar, era muy pequeño. Hoy también es una estrella y el problema al enfrentarlo es que tiene muchas posibilidades con su revés. En cada tiro puede ir a lo largo de la línea o tirar cruzado, así que nunca se sabe dónde jugará. Cuando pega la bola con el revés siempre es peligroso, y tiene mucha confianza en este golpe. Es como un regalo de Dios. Es difícil enseñarle a alguien ese revés".

Daniel Vitale Pizarro

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