27 de noviembre de 2017

"Todos para uno, uno para todos"

La Federación Francesa de Tenis invierte millones de dólares en la materia tenis, como pocos países en el mundo. Quizás solo Estados Unidos desembolse más dinero en el deporte que Francia. Su circuito de interclubes es junto con Alemania el más fuerte y mejor remunerado del planeta. El circuito de torneos internos, al que acuden tenistas de todo el globo terráqueo a probar suerte, es el más concurrido y desarrollado de todos con sus ya conocidas nomenclaturas para clasificar el nivel de los torneos y los jugadores (negativos y positivos). A su vez es el país que coloca mayor cantidad de jugadores en el circuito ATP cada año (10 Top100 en 2017).

A lo largo de la historia Francia ha tenido y tiene grandes jugadores, leyendas del deporte. Los "mosqueteros" franceses Jean Borotra, Henri Cochet, René LocosteJacques Brugnon dominaron el tenis en los años '20 y principios del '30. Entre ellos ganaron veinte Grand Slams desde 1922 a 1936 en singles, veintisiete en dobles y siete en dobles mixtos, una bestialidad teniendo en cuenta que no solo ganaban en Roland Garros, sino también en Gran Bretaña y Estados Unidos (una sola vez en Australia). Luego de los Mosqueteros y durante la Era Amateur, Francia solo tuvo a dos campeones de Grand Slam: Marcel Bernard en Roland Garros e Yvon Petra en Wimbledon, ambos en 1946.

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En la Era Abierta también proliferaron los grandes jugadores franceses pero ninguno llegó a dominar el circuito ni un torneo en particular, a excepción de Yannick Noah, único campeón de Grand Slam francés entre 1969-2017. El excéntrico jugador de saque y volea logró ser el mejor en Roland Garros 1983 para ser el primero y por ahora el último en coronarse en un "Major". Varios finalistas tuvo Francia a lo largo de los años pero ninguno pudo alzarse con el trofeo de campeón, entre ellos Patrick Proisy, Henri Leconte, Cedric Pioline (2), Arnaud Clement y Jo Wilfried Tsonga. Tampoco tuvo a un N°1 ATP siendo Noah el que más cerca estuvo (3°).

Y acá queríamos llegar. Potencia mundial sin N°1 o grandes campeones de Grand Slam, en la Copa Davis Francia es diferente. Diez son las ensaladeras que acumula desde que inició la competición, misma cantidad que Gran Bretaña, terceros en la historia detrás de las inalcanzables Australia (28) y Estados Unidos (32). Los Mosqueteros se encargaron de ganar seis Ensaladeras tras disputar nueve finales consecutivas. Las cuatro restantes se lograron en 1991, 1996, 2001 y 2017 bajo la capitanía de Yannick Noah (3) y Guy Forget (1), además de otras cinco finales perdidas para un total de dieciocho finales de Copa Davis, cuartos en la historia total.

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Y la décima llegó. Dieciséis años después de la hazaña en Melbourne ante Lleyton Hewitt y Patrick Rafter sobre césped. En Lille, sobre superficie dura indoor, el equipo comandado por Yannick Noah y escoltado por Tsonga, Pouille, Gasquet y Herbet derrotaron a una dura Bélgica que tuvo en David Goffin al mejor jugador de la serie, pero que no alcanzó. A estadio colmado, la afición francesa se hizo sentir y disfrutó de un fin de semana vibrante que se extendió hasta el último partido de la serie en el que un brillante Pouille dejó sin chances al copero Steve Darcis (5-0 en quintos puntos vivos) que poco pudo hacer ante el vendaval de tiros ganadores del joven Lucas (23 años), diez años menor.

Mención especial para David Goffin. Finalista del Masters y finalista de la Copa Davis, ganó sus dos partidos sin ceder sets ante Pouille y Tsonga continuando con el gran nivel de tenis que exhibió en Londres. Segunda final en tres años para Bélgica y para Goffin, que sin otro Top50 se la rebuscó para sortear rivales y quedar al borde de ganar su primera Ensaladera de Plata. "Tarde o temprano ganaremos la Davis", fueron las palabras de su capitán Johan Van Herck , una historia que Argentina vivió durante mucho tiempo, aunque es cierto, con otra historia tenística detrás y una cantidad de jugadores de élite que Bélgica nunca tuvo, al menos en simultáneo.
Un equipo con todas las letras. Sin rencores ni aires de divismo, los no convocados para esta final estuvieron presentes en Lille como parte del equipo, no como espectadores. Nicolas Mahut, Gilles Simon, Julien Benneteau, Jeremy Chardy y Gael Monfils alentaron, acompañaron y entrenaron junto al equipo durante la semana previa. Parte de un todo, a excepción de Monfils, todos aportaron al menos un punto a lo largo de 2017, un 'equipo largo' en una competencia corta. Apodados los "nuevos mosqueteros" (L'Equipe), no serán los de hace noventa años pero el lema del libro de Alejandro Dumas del Siglo XIX "Los tres Mosqueteros", lo mantienen intacto: "Todos para uno, uno para todos".

Daniel Vitale Pizarro

19 de noviembre de 2017

Principio y final

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La temporada 2017 de Grigor Dimitrov fue un sube y baja de emociones que terminó de la mejor manera posible: campeón del Masters y N°3 ATP. El búlgaro fue un jugador temible durante enero-febrero, mediocre en el período marzo-julio, efectivo en agosto, protagonista en septiembre-octubre e intimidante en noviembre. Campeón en Brisbane, semifinalista del Australian Open y campeón en Sofía en el primer bimestre del año, no volvió a ser el mismo hasta Cincinnati, el torneo que definitivamente le cambió la perspectiva de la temporada y le devolvió la confianza a un talento innato con un físico privilegiado, que su principal rival era él mismo.

Desde su debut como campeón de Masters1000 y su tropiezo en segunda ronda del US Open, Dimitrov mantuvo un nivel alto, solo frenado por Nadal en Beijing (SF) y Shanghai (CF), Del Potro en Estocolmo (final) e Isner en París. Las tremendas temporadas de Federer y Nadal sumado a las ausencias en la segunda parte del año de Murray, Djokovic y Wawrinka, dejaron abierta la pelea dentro del Top10, todos a pocos puntos de diferencia, algo atípico si miramos el último lustro. Grigor llegó al Masters de Londres como el seis del mundo y sin participaciones previas, debut absoluto en el torneo y en esa posición de privilegio en el ranking.
Partido reñido y luchado ante Thiem que se decidió por dos doble faltas del austríaco 5-5 15-30 en el set decisivo, en los siguientes duelos Dimitrov solo cedió cuatro juegos. 6/0 6/2 a Goffin y 6/1 6/1 a Carreño Busta, reemplazante de Nadal por abandono por su maltrecha rodilla derecha. El búlgaro se soltó y pasó por arriba a sus rivales de turno con un tenis excelso, como pocos pueden ofrecer en el circuito. En semifinales los esperaba Jack Sock que sorprendió a todos ingresando al Masters siendo campeón de París contra todos los pronósticos y luego clasificando a SF tras derrotar al favorito Zverev, que dejó de ser avasallante tras el US Open.

Superados los nervios del primer set, "Dimi" apretó el acelerador y accedió a la final del Masters de Londres 4/6 6/0 6/3. En el partido por el título el rival era David Goffin, el vapuleado por Grigor en el round robin, el mismo que hizo el trabajo sucio eliminando del certamen a Nadal y Federer, los dos mejores del año por lejos. La final no iba a ser como a principio de semana por una cuestión lógica del momento de ambos y de la instancia, nueva para los dos. Entretenida, luchada, de buen nivel y con los nervios lógicos de jugadores no acostumbrados a instancias de esta envergadura, el nacido en Haskovo dio el golpe 7/5 4/6 6/3 y se coronó como Maestro.
"Éste no es un resultado del fruto de una semana o dos de trabajo, sino de lo trabajado desde la pretemporada pasada hasta final de este año. Para 2018 todo será interesante con la vuelta de varios lesionados. Yo intentaré ser constante en cada partido de cada torneo. Lo importante es estar con los pies en la tierra, trabajar duro y seguir por el camino correcto", decía Grigor en conferencia de prensa, analizando su trabajo para llegar a donde está hoy y agrega un sueño, el de muchos de quedar en la historia grande de este deporte: "Ahora quiero ganar en un Grand Slam, que siempre ha sido uno de mis sueños. Siento que cada vez, lo tengo más cerca".

Dimitrov venció ocho Top10 a lo largo del año en trece enfrentamientos. A cinco Top10 los derrotó en el Masters para ser campeón invicto y a tres en Brisbane en enero. Los otros cinco partido ante ese grupo selecto entre febrero-octubre, los perdió todos. Este título significó el cuarto del año para el nuevo N°3 ATP en cinco finales disputadas, octavo de su carrera en catorce definiciones totales. Campeón de ATP250, ATP500, M1000 y del Masters (M1500), su única cuenta pendiente son los Grand Slams, a los que accedió dos veces a semifinales (Wimbledon 2014 y Australian Open 2017), el objetivo principal para 2018.

Daniel Vitale Pizarro

13 de noviembre de 2017

¿El nuevo tenis?

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El tenis está en pleno proceso de cambios. Cambios en la Copa Davis, cambios en el circuito, cambios... Esta temporada empezaron a esbozarse innovaciones al reglamento y al calendario. La eliminación del quinto set largo en Copa Davis, la creación de la Copa Laver y del Masters #NextGen para menores de veintiún años, fueron las principales modificaciones que afrontó ATP e ITF para evolucionar como deporte, mantener a sus aficionados y atraer a nuevos, especialmente a sus distintas plataformas digitales. El tenis siempre fue reacio a los cambios bruscos, por eso es que las instituciones madre del deporte tienen que tener mucho cuidado.

Esta semana se disputó la Next Gen ATP Finals en Milán (Italia), en la que participaron los siete mejores tenistas menores de veintiún años más un invitado por la organización. Hasta ahí todo normal. Pero el torneo fue una novedad total para el tenis actual. Prototipo del "tenis del futuro", Milán ofreció muchas modificaciones como torneo oficial del calendario ATP (¡U$ 8 000 000!), a pesar de no repartir puntos para el ranking profesional. Sin Sasha Zverev (N°3 ATP) por prepararse para el Masters de Londres, el norte de Italia recibió a siete Top65 del ranking mundial, más el invitado Gianluigi Quinzi (306°). Un torneo de mucha calidad tenística.
Pero volvamos a los cambios. Los partidos eran al mejor de cinco sets a cuatro games, con tiebreak en el tres iguales. Los games se disputaban sin ventaja, lo que implicaba que al llegar al 40-40, el siguiente punto definía el juego y el receptor elegía el lado donde devolver el servicio. A eso se le sumaba la eliminación del "let" en los servicios, como en el voleibol. Tampoco hubo jueces de línea, todos los piques eran monitoreados por un "Ojo de Halcón" omnipresente y una voz robótica que cantaba los fallos. A un costado de la cancha (sin la calle del dobles) se utilizó un reloj cronómetro de veinticinco segundos para controlar que los jugadores no se extienden con el "tiempo razonable" entre punto y punto.
Prohibido y sancionado el "coaching" en ATP, permitido cada vez que finalizan los sets en WTA, este certamen probó con el coaching desde la grada, comunicando a jugador y entrenador por micrófono y auriculares, con el audio disponible para los espectadores en vivo. Novedoso. Otro cambio con respecto al circuito fue la libre circulación de los espectadores durante el desarrollo del partido, acostumbrados los jugadores a la quietud de los aficionados y al silencio para poder concentrarse al máximo, molestó a varios de los jóvenes presentes en Milán. Bajo todas esas modificaciones se desarrolló el Masters #NextGen, una apuesta hacia un futuro no tan lejano.

El torneo se desarrolló con normalidad, y a pesar de no otorgar puntos la afluencia de público y la seriedad con la que los jugadores lo afrontaron fue algo para destacar. El campeón invicto fue el surcoreano Hyeon Chung (21 años) que derrotó en la final al ruso Andrey Rublev (20 años) 3/4 4/3 4/2 4/2. Nacido en Suwon, es su primer título ATP en la temporada que alcanzó su mejor ranking (44°). Actualmente 59° ATP, Hyeon fue semifinalista en el ATP250 Munich, su mejor resultado como profesional. El jugador que empezó a jugar al tenis por recomendación de su médico por su visión débil porque "mirar el color amarillo ayudaría a su vista débil", hoy es el mejor de la nueva camada de jugadores que promete mucho.
Párrafo aparte para la bochornosa fiesta de ceremonia en la cual se desarrolló el sorteo. En la capital de la moda quisieron innovar también con el sorteo y no le salió muy bien a la organización. Utilizaron a los jugadores como falsos modelos, y en una pasarela desfilaron junto a verdaderas modelos, que al llegar al final de la pasarela descubrían la letra A o B que estaba debajo de alguna prenda que tenían puesta. Los protagonistas (Sub21), nerviosos e incómodos, con risas cómplices pero sin entender el porqué de la situación, se acomodaban a la izquierda o a la derecha, según el grupo que les tocaba. El video explica mejor como se desarrolló el evento. Vergüenza total.

Daniel Vitale Pizarro

6 de noviembre de 2017

Inolvidable

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Jack Sock empezó esta temporada como el 23° ATP. Finalista en tres ATP250 en 2016 y primera segunda semana en Grand Slams en US Open, 2017 debía el año del despegue como tenista de elite. Las expectativas eran altas y más aun al ser campeón en Auckland, primer torneo del año, y un mes después, nuevamente campeón en el ATP250 de Delray Beach. La semifinal de Indian Wells (Federer) y los cuartos de final en Miami (Nadal) confirmaron que el norteamericano transitaba el mejor momento de su carrera, y eso quedaba reflejado en su ranking al aparecer como 14° ATP antes del inicio de la gira de arcilla. El siguiente paso era el Top10...

Durante los siguientes cinco meses la performance del próximo estadounidense Top10 cambió considerablemente. Entre mayo y octubre apenas alcanzó una semifinal ATP en los trece torneos que disputó antes del Masters1000 de París. Sin lesiones pero menos aun confianza, llegó al último torneo de la temporada con el colchón de puntos del fantástico comienzo de año y con la remota posibilidad de ingresar al Masters solo si era campeón del certamen, pero sin depender de él mismo. Delante suyo en el ranking tenía a nueve contendientes para ocupar una plaza en Londres, sin contar las bajas por lesiones, omnipresentes en 2017, que también tenían mejor presente que el nacido en Nebraska.
Los rivales perdían y Sock avanzaba. En silencio y muy cerca de despedirse en primera ronda ante Edmund luego de estar 1-5 en el trecer set, se abrió camino en un cuadro despoblado de preclasificados. Sin Roger Federer en la parte baja ni Dominic Thiem en cuartos de final, el duelo ante Marin Cilic en semifinales era inminente. De esa inminencia se encargó Julien Benneteau, el veterano francés que nunca fue campeón ATP con el récord histórico de finales perdidas (0-10), que no permitió que ni Cilic ni Goffin ni Tsonga accedan a las instancias finales de París. Pero hasta ahí llegó su tenis. Dos Top10 en el camino fueron demasiado para su mente y su físico. Torneazo.

Sin siquiera ser finalista de un ATP500 a sus 25 años, Sock alcanzó su primera final de M1000 y ahora sí con serias chances de clasificar al torneo de Maestros. La opción dejó de ser remota para ser real y posible. Del otro lado de la red, la sorpresa del año, Filip Krajinovic. Misma edad que Jack, Filip transitó todo el año en el circuito Challenger con grandes resultados (cinco títulos) pero con apenas un solo torneo ATP disputado en Moscú hacía una semana con victoria ante Rublev en primera ronda. Ayudado por la no presentación de Rafael Nadal, Krajinovic fue sorteando rivales desde la qualy para meterse en su primera definición ATP y nada menos que en un Masters1000.
La final fue cambiante pero el ganador resultó ser el favorito, distinto al transcurso de todo del torneo en el cual los favoritos se quedaron en el camino. El resultado fue 5/7 6/4 6/1 en favor del decimosexto preclasificado del torneo. Jack Sock no solo ganó su primer Masters1000 sino que se dará el lujo de disputar por primera vez el Masters y de ingresar por primera vez en su carrera al selecto grupo de los diez mejores del mundo. Desde el lunes será el noveno mejor jugador del año, algo impensado hace algunas semanas atrás: “Tenía un viaje de golf con Isner la próxima semana en Augusta, habría sido muy especial. Pero ya le veré en su boda en un par de meses, me disculpará”.

Jack Sock, entre asombrado y orgulloso de si mismo luego de ser campeón: “En primera ronda no me sentí nada bien en términos de tenis, no tuve buenas vibraciones, pero aun así fue uno de mis mejores partidos porque logré permanecer en el partido y finalmente gané. Hoy estuve realmente emocionado, tuve problemas para dormir anoche. Cuando realmente quieres algo sacas la energía de donde sea y eso es lo que hice en el segundo set para revertir la situación. Voy a recordar esta semana para el resto de mi vida, con el tiempo me daré cuenta del impacto que llegó a tener ese partido de primera ronda, justo ahí pensé que mis vacaciones estaban a la vuelta de la esquina. Ha sido una semana perfecta".

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El finalista Krajinovic así se explayaba tras perder la final en París, incrédulo por su presente que nunca imaginó ni en sueños: "Esta ha sido una semana inolvidable para mí, con muchas victorias importantes desde la fase previa, derrotando a jugadores con mejor ranking que el mío. Pero esto es tenis y alguien tiene que ganar, hoy no me tocó a mí. Cuando llegue a casa todo sera positivo. El camino ha sido muy duro, perdí todos mis sponsors debido a mis lesiones, le agradezco a mi familia por estar siempre ahí. También a Djokovic y a todo el equipo de Copa Davis". Deberá replantear su carrera durante la pretemporada porque los objetivos para 2018 han cambiado rotundamente.

Quizás algunos memoriosos se acuerden de la semifinal de Belgrado 2010 en arcilla a la que accedió un joven  de dieciocho años  llamado Filip Krajinovic (319°) tras ganarle a Novak Djokovic (2°) 6/4 y retiro de Novak; o más cerca en el tiempo en 2015 , cuando en Tecnópolis representó a serbia por los cuartos de final de la Copa Davis, sin pena ni gloria. Ese era Krajinovic, que no es un desconocido para el amante del tenis pero sí para el aficionado de los grandes torneos. En mayo de este año, aquejado por una lesión, tocó el puesto 294° ATP y llegó a perder todos sus sponsors. Hoy, luego de la final de París, finalizará la temporada como el 33° del ranking mundial. ¿Que tal?

Daniel Vitale Pizarro

30 de octubre de 2017

El tenista del año

La primera vez que Roger Federer formó parte del torneo de Basilea (ciudad donde nació), que se disputa sobre superficie dura bajo techo, fue a los doce años como recogepelotas (ball boy) en 1993 en la final entre Michael Stich y Stefan Edberg. Roger recuerda como si fuera hoy aquellos días de su infancia: "Recuerdo todo sobre aquel día, sobre todo cuando recibí la medalla. Al torneo iba en bicicleta. Son recuerdos que nunca olvidaré". Como profesional debutó en su ciudad natal en 1998 gracias a una invitación. Andre Agassi se encargó de aguar su presentación oficial en Basilea, pero ese día empezó el apego por el torneo más importante de su país.


Ausente en 2016 por lesión, 2017 era el retorno del siete veces campeón y doce veces finalista del certamen, récord absoluto de la historia en cantidad de finales en un mismo torneo. No conforme con esos números despampanantes, el helvético alcanzó una nueva final en la ciudad que lo vio crecer. Los récords de más finales ATP en un mismo lugar los tienen Federer en Halle y Wimbledon y Nadal en Monte Carlo (11), pero trece finales en Basilea destruye cualquier posibilidad de igualar esa cantidad en el corto plazo. Eso si, los diez trofeos de "Rafa" en Roland Garros, Monte Carlo y Barcelona siguen siendo récord histórico, uno más que los nueve de Roger en Halle.

Pero volvamos a Basilea. La final era de lujo. Juan Martín Del Potro, campeón en 2012-2013 venciendo en la final a Federer, se enfrentaba por cuarta vez en el torneo (2-1) ante Roger. El argentino desde el US Open es otro jugador. 27° en la 'Carrera a Londres' en agosto, noviembre lo encuentra a 190 puntos del octavo clasificado al Masters en un sprint de fin de año memorable. Sin el karma del revés y las lesiones, y con un equipo de trabajo establecido desde la contratación de Sebastián Prieto, "La Torre de Tandil" apunta alto y por razones más que suficientes. El partido ponía muchas cosas en juego, de un lado y del otro de la red.

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Más allá de los récords que Federer se encarga de pulverizar a cada paso que da, el N°1 del mundo estaba en juego para el suizo y el ingreso al Masters para el argentino. Los 1960 puntos se reducirían a 1460 en relación a Nadal (1°) y Del Potro superaría a Carreño Busta (8° Carrera a Londres) por 10 puntos con vistas al torneo de fin de año. Todo eso en una final de un ATP500. Mucho en juego para un partido de tenis. El récord entre ellos en finales ATP no tiene nada que ver al que mantienen en cualquier otra instancia. Mientras que en finales Juan Martín lo domina 3-1, en el total "RF" supera ampliamente a "JMDP" 17-6, con el partido más importante entre ambos en US Open 2009.

A tono con el nivel de 2017 el ganador fue el local y favorito del público, Roger Federer. Dejó escapar el primer set pero se reivindicó con su tenis y sacó adelante un partido harto complicado ante un rival que le trae más problemas que soluciones. 6/7 6/4 6/3 fue el resultado final para el suizo más trascendente del deporte mundial, que emocionado como niño recibió su octava corona en Basilea, misma cantidad de trofeos que en Wimbledon, ambos récords logrados en este 2017 de ensueño. A los 36 años y sin disputar la gira de arcilla, Cincinnati ni París (semana entrante), "Su Majestad" es N°2 del mundo y máximo candidato para el Masters. De locos.
Los protagonistas del domingo tuvieron palabras de elogio entre ellos durante la entrega de premios, habitual en el tenis moderno de "amistades" fuera de la cancha pero que adentro de la misma distan de serlo. "Llevas jugando a un excelente nivel desde el US Open, incluso antes, así que estoy muy contento de verte jugando tan bien de nuevo y, sobre todo, de poder verte jugar todas las semanas. Eso es algo que a mí me gustaría poder hacer nuevamente pero que la edad ya no me permite", le expresó Federer al finalista, a lo que Del Potro le contestó: “Felicidades Roger. Simplemente, me encantaría jugar como tú cuando tenga tu edad, pero no creo que eso suceda”.

49-4 en 2017 es su récord antes de disputar el Masters, la última parada del año. Dentro de esas victorias se encuentran siete títulos y una final sobre doce torneos disputados, un barbaridad. Pero las cuatro derrotas dicen mucho más que las casi cincuenta victorias. Solo en 2005 llegó al Masters con tres partidos perdidos en el año, temporada que finalizó con la final perdida ante David Nalbandian (81-4). Ni siquiera en 2006, el mejor año de su carrera, llegó al "Torneo de Maestros" con cuatro partidos perdidos (92-5). 2017 es el cuarto año con +90% de victorias desde que es profesional, eso dice mucho del presente de Roger Federer, número dos del mundo pero "el tenista del año".

Daniel Vitale Pizarro

23 de octubre de 2017

Objetivo Masters

El tenis argentino tiene una historia muy rica. Enrique Morea fue el exponente argentino de la Era Amateur. Diez del mundo y luego presidente de la Asociación Argentina de Tenis, fue el primero en destacarse a nivel mundial. Guillermo Vilas fue el mejor de todos, por lejos. Llevó el tenis a las casas de los argentinos, el país hablaba de tenis y además fue una leyenda en el circuito profesional, como mínimo Top20 histórico mundial. 'La Legión' fue la mejor etapa del tenis argentino por la cantidad y la calidad de los jugadores, destacándose uno por sobre los demás: David Nalbandian. Pero la cantera del país futbolero más pasional del mundo no solo de fútbol vive, y la aparición de Juan Martín Del Potro en el plano mundial volvió a poner a la Argentina en la órbita tenis.
Campeón del US Open y de diecinueve títulos ATP más, campeón de la Copa Davis y medallista en dos Juegos Olímpicos (Bronce en Londres y Plata en Rio), sus logros reflejan lo grande que es, los rivales a los que venció, como los derrotó y en que condiciones, lo hacen gigante. Juan Martín es sinónimo de épica. Un jugador que a los 20 años derrota al quizás mejor de la historia en una final de Grand Slam no es casualidad; que vence al N°1 del mundo vigente a un mes de ganar los cuatro Grand Slams consecutivos dominando el tenis de forma absoluta en los últimos dos años, no es un tenista convencional; que triunfe ante el número uno del momento, campeón defensor de la Davis y en su país, habla de un deportista distinto a la media.



Ejemplos hay de sobra de Juan Martín ganando partidos increíbles ante tenistas excepcionales. Se agranda ante los grandes, lo que lo hace ser un grande. No les teme, los enfrenta de igual a igual y muchas veces los derrota. Ganarle seis veces a Federer, cinco a Nadal, cuatro a Djokovic y tres a Murray, los cuatro números uno del mundo entre 2004-2017, es un reflejo de la mentalidad ganadora de Del Potro y de la calidad de su tenis. Cuando la mayoría encoge el brazo y se pone nervioso, él saca lo mejor de sí. Por algo alcanzó el puesto número cuatro del ranking mundial y fue estable Top10 mientras el físico se lo permitió.
El respeto de sus rivales dentro y fuera de la cancha y el cariño de la gente a cada lugar que asiste también dice mucho de "La Torre de Tandil". Su estilo de juego, atípico por ser argentino, llama la atención de los espectadores que tienen la posibilidad de estar en las gradas observando su potencia y determinación desde el fondo de la cancha con su saque y su drive. Su porte impone (roza los dos menos de altura) y su actitud también. Sin revés, cansado, mermado físicamente o sin ritmo, contra Del Potro nadie quiere jugar. La muestra más reciente de ello, US Open 2017. Afiebrado y medicado, pudo sortear a Federer en cuartos de final sin haber tenido grandes actuaciones en el año.

Sano, constantemente es noticia por sus buenos resultados. Desde su irrupción al estrellato del tenis en 2008 hasta hoy, nuevamente Top20 y con chances de disputar su quinto Masters, a Juan solo lo condicionaron las lesiones. Esas malditas lesiones en diferentes partes del cuerpo que no permitieron que la carrera del argentino sea aun más grande. La espalda en sus comienzos por su crecimiento, la muñeca derecha, luego la traumática muñeca izquierda y varias pequeñas lesiones por sobre esfuerzos limitaron una carrera que de por sí es fantástica pero que a esta altura podría haber sido histórica. Años perdidos por su estado de salud no le impidieron hacer historia a su manera.
En Estocolmo volvió a levantar un título ATP, doce meses después de su último, en el mismo lugar. Y para no perder la costumbre ni desacostumbrar a sus fanáticos, lo consiguió al vapulear en la final a Grigor Dimitrov (8° ATP) 6/4 6/2. 19° ATP y 14° en la 'Carrera a Londres' (11° por lesiones de Wawrinka, Djokovic y Murray), el sprint final es fantástico, con semifinales en US Open y Shanghai más el título en Estocolmo. 470 puntos lo separan de Carreño Busta, hoy el octavo clasificado al Masters, a falta de Basilea y París, últimos torneos del año puntuables en los que Del Potro, si está sano, tiene grandes chances de clasificar.

"Meterme en el Top10 sería un sueño después de todos mis problemas de muñeca. Sería algo fantástico, pero lo importante es seguir en forma, con salud y jugando al tenis. Nunca imaginé poder ganar tantos torneos. Seguir haciendo historia para el tenis de mi país es muy bonito. Espero que no tenga que pasar otro año para repetir este momento", reflexiona "DelPo", el segundo mejor tenista argentino de la historia detrás del poeta de la zurda, el inalcanzable Guillermo Vilas, que hasta inmortalizó mundialmente un tiro particular, la "gran willy", en honor a un golpe (de espaldas y por debajo de las piernas) inventado por él y que el mundo del tenis lo patentó con su nombre.

Daniel Vitale Pizarro

16 de octubre de 2017

Dominador dominado

Quizás no tomamos consciencia de la época que vivimos. Bill Tilden y Los Mosqueteros en los años veinte y treinta; Rod Laver y Ken Rosewall en los sesenta y setenta; Jimmy Connors, John McEnroe, Bjorn Borg e Ivan Lendl en los setenta y ochenta; Pete Sampras y Andre Agassi en los noventa... Pero llegaron los dos mil para cambiarlo todo. Roger Federer y Rafael Nadal aparecieron y nunca más se fueron. Al dueto más diverso y emocionante de la historia se le sumó un tercero en discordia, Novak Djokovic. Pero Roger y Rafael, distintos a todos, tan espectaculares como antagónicos, no dejaron ni dejan de sorprendernos por nivel, vigencia, reinvención y dominio, como nadie en la historia.

Solo ellos dominaron el tenis durante más de diez años, algo inédito en un deporte profesional de preponderancia física, tan exigente como el tenis. Desde 2004, año debut de Federer en la cima mundial, que el ranking ATP es dominado por ellos dos, con una intervención de Djokovic y una breve de Murray. Lo del serbio fue sublime pero durante un periodo de tiempo más corto, aunque no menos relevante (2011-2016). Los estilos de juego totalmente diferentes, su vestimenta, su actitud dentro de la cancha y su efectividad abrumadora en superficie antagónicas crearon la mejor rivalidad de la historia del tenis, por todo eso y más.
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Pero hay una diferencia esta temporada entre estos dos colosos, que sorprende a los amantes del tenis. En lineas generales, el dominador del circuito entre 2004-2014 fue Roger Federer y el dominador de los enfrentamientos personales fue Rafael Nadal (23-10). Pero en 2015 algo cambió y en 2017 cambió por completo. Final de Basilea. Federer derrotaba a Nadal en su ciudad natal luego de cinco derrotas consecutivas entre 2013-2014. Lesionados ambos durante gran parte de 2016, su nivel era incierto de cara al 2017, aparentemente achacados por tantos años en el circuito, un escalón debajo de Novak Djokovic, dominador absoluto del circuito.

Contra todos los pronósticos, el Australian Open los volvió a ver en una final de Grand Slam. Inesperados rivales por el presente de ambos, le regalaron al público una verdadera batalla de leyendas. El triunfo fue para el suizo que revirtió 1-3 en el quinto set ante Nadal, su némesis, el hombre que lo hizo mejor jugador pero que a la vez no le permitió ser el indiscutido mejor tenista de todos los tiempos por una gran diferencia con el resto. Federer, por primera vez en catorce años de rivalidad. cambió su táctica. ¡Y vaya si le dio resultado! Pero no solo fue la táctica, lo más importante fue el cambio de mentalidad para enfrentar a su eterno rival, su actitud ante la adversidad de siempre.
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Y los enfrentamientos siguieron y las victorias también. Indian Wells fue la cúspide del tenis de Federer en 2017 y Miami la confirmación de que la tendencia se había invertido, que el dominador histórico había pasado a ser el dominado. El altísimo nivel de Nadal y la ventaja de cinco años menos le permitió al español ser el mejor en la arcilla como durante toda su carrera, sin el obstáculo suizo que decidió no disputar la gira para resguardar su físico. Campeón de casi todo desembarcó en el césped (sin buenos resultados) y alcanzó el N°1 del mundo en Estados Unidos, antes del US Open, beneficiado por la merma física de Murray (1°) que decidió no disputar la segunda parte del año.

Campeón del US Open y de Beijing, Shanghai era el siguiente objetivo. En la final se encontraban una vez más y el resultado no iba a ser distinto. Federer, parado sobre la linea sin retroceder ni siquiera en defensa, encima del pique, agresivo y decidido a subir a la red para acortar los puntos, evitó el intercambio largo de golpes e impuso su servicio como principal arma, lo que impidió a "Rafa" tomar ritmo de bola. A excepción de Australia que fue un vaivén de emociones, en los tres partidos restantes el manacorí nunca estuvo cerca de la victoria, y la muestra está en que desde el quinto set en Oceanía, Rafael nunca pudo quebrar el saque de Roger en siete sets...
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El mejor Federer de siempre fue el que vimos en el primer semestre. Las molestias en su espalda en Montreal y la poca preparación para el US Open hicieron que su nivel cayera. En Shanghai, especialmente en la final, fue el Federer de Wimbledon, de Halle, de Miami o de Australia, no el de Indian Wells, el mejor torneo de su carrera, pero sí el Federer de un nivel altísimo, capaz de no dar chances al rival que no le daba chances. 94 títulos ATP, misma cantidad que Ivan Lendl, segundos en la Era Abierta. Bestial. 1960 puntos lo separan del N°1 de fin de año con 3000 en juego. El N°1 parece inalcanzable, pero cuidado, no se olviden que estamos hablando de Roger Federer.

Daniel Vitale Pizarro

9 de octubre de 2017

Asia le sienta bien

Tres años pasaron desde el último título de David Goffin, el mejor tenista belga de la historia en la rama masculina. Top10 por primera vez en su carrera esta temporada (febrero) pero sin títulos, sus únicos dos trofeos desde que es profesional habían sido en 2014 (Kitzbuhel y Metz), ambos ATP250. Finalista en los ATP250 Sofía y ATP500 Rotterdam en 2017, la suerte cambiaría luego de perder en octavos de final del US Open. El pase a su segunda final de Copa Davis le devolvió la confianza a David que arrastraba una lesión de rodilla complicada. Invicto en China y Japón en semanas consecutivas, la gira asiática le está dando solo alegrías.

El título en Shenzhen la semana anterior significó el puntapié inicial para luchar por un lugar en la Copa de Maestros. El campeonato en Tokio lo depositó directo en el Top8 de la temporada gracias a los lesionados DjokovicMurrayWawrinka y NishikoriGoffin aprovechó la oportunidad y fue campeón, como en 2014, de dos títulos ATP, aunque Tokio es su certamen más importante en el mejor año de su carrera como profesional. Nueve victorias en dos semanas de competencia y dos títulos no sucede a menudo en el circuito. Sin victorias ante miembros del Top20 (apenas dos Top30), sorteó a todo oponente que se le puso enfrente.
Final de Copa Davis, campeón en Shenzhen y Tokio, Top10 primerizo en febrero y nuevamente esta semana, David Goffin vive el mejor momento de su carrera a los 26 años de edad y tras nueve temporadas como profesional. Nacido en Racourt (Bélgica), el actual 10° ATP se mostró feliz y a la vez sorprendido por sus resultados en la parte final del año: "Llegué a la semifinal de Copa Davis ante Australia con cierto temor por una lesión en la rodilla pero allí adquirí confianza (victoria ante Nick Kyrgios y John Millman) para hacer resultados como éste, que no me esperaba en este final de temporada".

Finalista el año pasado en Tokio cuando perdió ante Kyrgios, doce meses después Goffin se dio el gusto de levantar el trofeo japonés en su cuarta final de un ATP500, décima ATP de su carrera (4-6). Sin finales de Masters1000 ni semifinales de Grand Slam, David tiene dos objetivos de acá a noviembre que tienen nombre y apellido: clasificar al Masters y ganar la Copa Davis. Difíciles pero no imposibles, actualmente es el séptimo en la 'Carrera a Londres'. Algo más complicada sería la obtención de la Ensaladera de Plata ya que la final se disputará en Francia con todo el poderío del equipo galo. "La Goff" sueña a lo grande y... ¿por qué no hacerlo?
El caso de Adrian Mannarino en finales es parecido al común de los tenistas franceses de los últimos años. Cuarta final ATP perdida en cuatro disputadas se asemeja a los récords negativos de sus compañeros Benneteau (0-10, récord ATP), Monfils (6-20), Paire (1-4) y Roger-Vasselin (0-2), por nombrar algunos casos. Solo Tsonga (15-11) y Simon (12-6) ostentan récord positivo en definiciones ATP (Gasquet 14-14). Mannarino logró en Japón su mejor victoria como profesional al derrotar a Marin Cilic (5°), primer triunfo ante un Top5 y cuarto contra un Top10. 29° ATP tras segunda final de temporada (Antalya), se ubica muy cerquita de su mejor posición (27°).

Daniel Vitale Pizarro

18 de septiembre de 2017

Resetear para volver

Argentina tocó fondo. Campeón de la Copa Davis en 2016 en una campaña para el recuerdo, al año siguiente no resistió ante Italia en primera ronda de local y tampoco pudo sostener la categoría ante Kazajstán de visitante. Sin Juan Martín Del Potro en sus filas por decisión personal, un equipo diezmado, lejos del ideal que puede armar Argentina, viajó a la gélida Astaná (Kazajstán) a disputar el repechaje por un lugar en el Grupo Mundial 2018. Diego SchwartzmanGuido PellaMáximo González Andrés Molteni fueron los elegidos por Daniel Orsanic luego de las bajas de Federico Delbonis (lesión), Horacio Zeballos y Leonardo Mayer (ambos decisión personal).

Sin entrar en discusiones sobre el porqué de no querer disputar series claves para no descender, Argentina viajó con lo que tenía, a tratar de mantenerse en la elite. En 2001 se logró el ascenso para nunca más perder la categoría hasta esta temporada. Diecisiete años consecutivos disputando el Grupo Mundial con apenas un repechaje superado (Israel 2014), la mayor cantidad de años de una nación sin descender desde la creación del Grupo Mundial en 1981. Pero ese récord no se iba a seguir extendiendo y el principal responsable fue Mikhail Kukushkin, jugador copero como pocos en el circuito, que siempre pero siempre rinde por encima de su nivel en esta competencia.
Diego Schwartzman era el N°1 argentino por ranking y por nivel. Cuartofinalista del US Open, el envión anímico y tenístico lo colocaba como el líder de la serie. Sus dos puntos eran necesarios si se quería ganar la serie ya que el dobles debutaba como tal en Copa Davis y la superficie no era la preferida de Guido Pella, que recién definiría la serie en un hipotético quinto punto ante el más débil de los kazajos. Kazajstán es un equipo complicado, que tuvo a maltraer a varios combinados e incluso eliminó a República Checa (2011), Bélgica (2014) e Italia (2015), equipos fuertes con figuras entre los convocados. Kukushkin estuvo siempre.

El viernes Guido cayó ante Kukushkin 6/7 7/6 6/2 6/4 y Diego cumplió al derrotar al debutante Popko 6/4 6/2 6/2. En los papeles resultados lógicos aunque quizás Pella podría haberlo exigido algo más al local, incluso haberle ganado. El dobles fue para los kazajos. A la pareja argentina González/Molteni le pesó nunca haber siquiera integrado un equipo de Copa Davis y perdieron 5/7 6/4 7/5 6/4 contra una pareja infinitamente inferior en cuanto al ranking. Aleksandr Nedovyesov (235° en singles y 320° en dobles) y Timur Khabibulin (833° en singles y 272° en dobles) pusieron a su país 2-1 el sábado, todo en manos de su jugador insignia.

El domingo se enfrentaban los número uno de ambos equipos. El mejor rankeado de la serie contra el de mejores resultados en Copa Davis de los ocho seleccionados. Y una vez más Mikhail Kukushkin dio, para muchos, la sorpresa, aunque no tan sorpresa para los seguidores de la competición. El ruso nacionalizado kazajo desde 2008, jugó a un alto nivel durante todo el partido. Descansado por no disputar el dobles al igual que SchwartzmanMikhail atacó con sapiencia al argentino que abrumado por el juego del local y por la presión de ganar o descender, no pudo desarrollar su habitual juego de solidez desde el fondo de la cancha. El resultado fue 6/4 6/4 7/6 y Kazajstán al Grupo Mundial.
Argentina volverá al Grupo Americano luego de 18 años. Preclasificado por ser el último campeón, disputará un partido en la Zona Americana II y de ganar tendrá la chance de jugar el repechaje por un lugar en el Grupo Mundial 2019. Cuando parecía que los egos quedaban a un costado, que la AAT, los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores eran 'un todo', unidos para dar lo mejor de sí más allá de los resultados, otra vez las interferencias entre diferentes partes del tenis argentino salieron a la luz y el resultado es el descenso. No aprendimos en las buenas, no aprendimos en la malas. Es hora de aunar voluntades, empezar de cero y volver a ser protagonistas, partiendo de la base de lo humano y lo deportivo, más allá de las victorias o derrotas circunstanciales. VAMOS ARGENTINA.

Daniel Vitale Pizarro

11 de septiembre de 2017

Federer o Nadal, esa es la cuestión

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Hace quince años Pete Sampras se consagró campeón del US Open con 31 años y se retiró del tenis profesional. Achacado por las lesiones, los dolores en la espalda lo obligaron a abandonar el deporte que tanto le dio y al que tanto le dio. Pete ese día estableció el récord más importante de toda la historia del tenis al ganar catorce Grand Slams, dos más que Roy Emerson (1967 - Era Amateur) y tres más que Bjorn Borg (1981 - Era Abierta). Nadie pensaba, nadie, que siete años después del retiro de "Pistol" Pete su récord iba a ser quebrado por Roger Federer y que quince años después otro jugador llamado Rafael Nadal también iba a superarlo en cantidad de Grand Slams.

Y si a esa dupla colosal contemporánea que nos hizo reír, llorar, emocionar, sufrir e infinitas sensaciones más le sumamos a Novak Djokovic, el combo es explosivo. Los doce Grand Slams de "Djoker" lo metieron en la discusión de los más grandes de la historia. El Big2 pasó a llamarse Big3 y con méritos de todos para pertenecer a dicho grupo. Novak se metió de lleno en la pelea por el mejor de todos el año pasado, cuando consiguió en Roland Garros el título Major que le faltaba, con el aliciente de ganar los cuatro de manera consecutiva (2015-2016), un hito en la historia del deporte blanco que solo lo había conseguido Rod Laver en 1969 (Era Abierta).

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El tenis no le da respiro a los fanáticos. Soplaban vientos de cambio este 2017. Todo indicaba que la afamada camada de tenistas "nuevos", la llamada #NextGen, iba a tomar las riendas del circuito ATP. Acompañados por Thiem, un renovado Dimitrov, el peligroso Raonic y el veloz Nishikori, parecía que era el momento de ellos. Pero una vez más y como si de inmortales se tratara, los dos mejores del año son otra vez Nadal y Federer, con los cuatro títulos de Grand Slams bajo sus brazos, dos cada uno. Como en 2005-2006-2007-2008-2009-2010-2012, en 2017 también terminarán el año como uno y dos del mundo, solo resta saber el orden.

El título en el US Open, el tercero en su cosecha personal, cierra la temporada de Grandes y lo ubica como el mejor en el total anual. El español fue finalista en Melbourne, campeón en Francia, octavos de final en Londres y campeón en Nueva York, mejora el palmares del suizo que fue campeón en el Australian Open, no participó en Roland Garros, campeón en Wimbledon y cuartofinalista en el US Open. Ambos campeones de dos Masters1000, la diferencia en el ranking es por la cantidad de torneos disputados y no por la calidad de certámenes obtenidos, lo que hace al más joven de ambos liderar el escalafón mundial y aprovechar los cinco años menos que dice su documento de identidad para jugar más torneos durante el año.

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"Rafa" se mostró contento y agradecido en conferencia de prensa: "Cada torneo es una sensación diferente y ganar un Grand Slam significa muchísimo, son cosas que quedan para siempre, para el resto de mi vida. Estoy muy feliz y muy agradecido por la gente que ha trasnochado, gracias por su apoyo y su cariño". También tuvo tiempo para analizar su nivel de tenis: "Creo que el partido ante Mayer supuso un cambio de dinámica, a partir de ahí jugué a un nivel alto y mentalmente competí bien, las semifinales fueron un partido muy completo. La final era un partido complicado. Sabía que Anderson sacaba y pegaba muy fuerte y que no iba a sentir una comodidad constante, por suerte el partido se fue abriendo".

Nadal no deja de asombrar al mundo. Desde Doha 2014 que no era campeón en superficies duras. Dueño absoluto de la gira de arcilla casi desde que empuñó una raqueta, amigo-enemigo del césped, en el popular 'cemento' era cuestión de sensaciones del momento o de semanas de buen tenis lo que le permitía ser campeón. El paso de los años le quitó movilidad pero le agregó sapiencia. Ya no juega dos o tres metros detrás de la linea de fondo ni espera el error del rival. Rafael es mucho más completo que cuando debutó en Roland Garros 2005. Presiona con el revés, saca mucho mejor, su posición en la cancha es mucho más agresiva y es capaz de cambiar de estrategia en medio de un partido las veces que sea necesario. Admirable.

Para los que aman los números y las estadísticas duras, que en muchos casos no reflejan el nivel real del jugador ni su comparación con los más exitosos de la historia, acá van algunos datos relevantes del actual N°1 del mundo Rafael Nadal Parera. 16 Grand Slams (23 finales), 30 Masters1000 (45), 74 títulos ATP (109 finales) y 862 victorias ATP (226 en Grand Slams). Líder del ranking mundial, acumula 144 semanas en la cúspide, lugar que tiene asegurado como mínimo hasta el Masters1000 de París. El mejor deportista español de la historia pugna por ser el mejor tenista de todos los tiempos, aun detrás de Federer según el clamor popular. El único juez será el tiempo.

Daniel Vitale Pizarro

29 de agosto de 2017

Revancha personal

Doce meses atrás, Roberto Bautista Agut tuvo el título en sus mano al disponer de su servicio para ser campeón en Winston Salem. Los nervios le jugaron una mala pasada y el trofeo se lo llevó su coterráneo Pablo Carreño Busta. En 2017 no iba a dejar que suceda lo mismo. En una nueva final en Carolina del Norte, el español aprendió de los errores del pasado y dejó sin chances al bosnio Damir Dzumhur 6/4 6/4, incluso no tuvo que acudir a su saque para coronarse: "El año pasado serví para el partido y no lo pude cerrar. Lo recordé en ese momento cuando perdí el servicio. Pero hoy seguí concentrado en la devolución y pude definir para ganar 6-4".

Enhorabuena para el nacido en Castellón que se tomó revancha del 2016, no cedió sets en todo el certamen (ningún partido superó los 90 minutos) y quedará con grandes chances de ser Top10 por las ausencias de Djokovic, Wawrinka, Nishikori y probablemente Murray hasta 2018. Trece del mundo desde el lunes, Bautista volverá a su mejor posición ATP que obtuvo en octubre del año pasado gracias a la final en el Masters1000 de Shanghai. A los 29 años está disfrutando su mejor momento tenístico. En Winston Salem no solo fue campeón por primera vez sino que también logró su victoria N°200 ATP desde que es profesional en el circuito ATP.

“Fue una final difícil, Damir jugó muy inteligente, cambiando el ritmo y muy agresivo estando abajo en el marcador. Pero estoy feliz de ganar. Ha sido una semana fantástica para mí. Esta termina siendo una gran preparación para el US Open. La próxima semana va a ser una gran oportunidad para mí para seguir sumando puntos. Me siento bien, luego de disfrutar de este título, me voy a concentrar lo que más pueda. Tendré más tiempo que el año pasado para recuperarme, pues a diferencia del 2016 que debuté el lunes, esta vez lo haré el martes en Nueva York”, palabras del nuevo campeón de Winston Salem, el segundo español en hacerlo y en año consecutivos.

El trofeo en Estados Unidos a días del US Open fue el segundo del año en su cuenta personal luego del conquistado en enero en Chennai y el sexto en su carrera en un total de doce finales ATP disputadas, al menos una por año desde 2013. Su mejor temporada fue 2016 con cuatro definiciones alcanzadas y dos títulos conseguidos, incluida su única final de M1000. Mismo ranking que el año pasado y con tres segundas semanas en Grand Slams (1° vez en su carrera), sumado a las bajas del Top10 hasta 2018, puede ser su mejor año e incluso, por qué no, soñar con ser Top10. Para eso deberá disputar un gran US Open y defender la semifinal de Shanghai.

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Su rival en la final fue Damir Dzumhur. 67° ATP y sin definiciones en el circuito grande, el bosnio vive su mejor momento como profesional tanto en el ranking como tenisticamente. 56° ATP desde el lunes, Damir vivió un mes de agosto fantástico. Segunda semifinal ATP en su carrera en Los Cabos, finalista en el Challenger de Santo Domingo y primera final ATP en Winston Salem. Que no ser campeón no opaque el mejor mes de su vida tenística. A los 25 años el nacido en Sarajevo aun ostenta récord negativo ATP (60-61) lo que marca el poco rodaje que tiene en la máxima categoría del tenis mundial en la que estará presente al menos en los próximos largos meses.

Junior prometedor (3° ITF), tardó en insertarse al profesionalismo. Dzumhur logró su primera victoria en el circuito ATP en el Australian Open 2014 alcanzando la tercera ronda desde la clasificación, pero no se hizo popularmente conocido hasta 2016. En Miami derrotó a Rafael Nadal (5°) 2/6 6/4 3/0 retiro del español y en Monte Carlo venció a Tomas Berdych (7°), demostrando que no fue casualidad el rendimiento del bosnio. Su tercera victoria ante un Top10 la consiguió esta temporada, ya como Top100, ante Stan Wawrinka (3°) en Dubai. Nacido en un país sin referentes tenísticos, Damir es el primer finalista ATP nacido en Bosnia.

Daniel Vitale Pizarro

21 de agosto de 2017

Todo llega

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Brisbane fue el anuncio de que 2017 era el año de su vuelta a los primeros planos. Las victorias en el ATP250 australiano ante Thiem (8°), Raonic (3°) y Nishikori (5°) no pasaron desapercibidas. Su gran presente siguió en el Abierto de Australia, frenado por Nadal en una maratón a cinco sets en semifinales. Luego fue campeón del ATP250 en Sofía (Bulgaria), su país natal. Los mejores dos meses de su carrera. Era el momento perfecto para dar el salto de calidad en los Masters1000 norteamericanos y volver al Top10. Pero los fantasmas del pasado volvieron. La prensa hizo de las suyas una vez más y Grigor Dimitrov volvió a chapotear en el agua como en 2015-2016.

Nueve torneos pasaron para que pudiera encadenar tres victorias consecutivas en un mismo certamen (Queen's y Wimbledon). Pero la mala racha volvió en Washington y Montreal con sendos octavos de final ante rivales muy inferiores a él. Sin siquiera un cuartos de final en los seis Masters1000 del año, llegó a Cincinnati con dudas sobre su nivel, muy distante del mostrado en enero-febrero. El cuadro se abrió por las baja de siete Top10 y el búlgaro no iba a dejar pasar esa oportunidad. Sin perder sets, pero no por eso partidos accesibles, se abrió camino hasta semifinales, instancia a la que había accedido el año pasado, la cuarta en esta categoría.
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John Isner era un escollo durísimo. Campeón en Newport y Atlanta en 2017 y local en Ohio (USA), iba a vender cara su derrota. 7/6 7/6 para Dimitrov, según el propio jugador uno de sus mejores partidos por todo lo que rodeaba al encuentro. Primera final de M1000 tras caer en semifinales de Roma y Toronto 2014, y Cincinnati 2016. El rival en la definición era Nick Kyrgios, debutante también en final, tan peligroso como talentoso y volátil. Pero Grigor, concentrado y enfocado con su plan de juego y sin distraerse, aguantó los embates del rival y sorteó al australiano en sets corridos para ser campeón de Cincinnati. A los 26 años logró lo que todos esperaban de él a los 20. Todo llega.

Franco Davin, único coach argentino campeón de Grand Slam con dos jugadores diferentes, fue entrenador del búlgaro durante nueve meses en 2015-2016. La dupla empezó con elogios entre ellos, pero los resultados no llegaron. Según allegados, Franco habló mucho con Grigor durante su trabajo mancomunado: "El entorno que tiene es un caos, hay mucho para ordenar. Él es un superdotado física y técnicamente. Al potencial que tiene hay que agregarle trabajo y orden". Y eso es lo que hizo de un tiempo a esta parte. El trabajo no da resultados de un día para otro y cada jugador reacciona diferente a los cambios en su vida personal y profesional. Hoy "Dimi" parece haber encontrado el camino correcto.

El mental tanto personal como profesional se nota en la cancha. Atrás quedó el mote de "Baby Federer" que tanto daño psicológico le hizo, y los romances con Serena Williams y luego con María Sharapova, lo que le significó salir en más revistas del corazón que deportivas y de tenis, al fin y al cabo lo más importante, su trabajo, el cual se destaca desde junior. Campeón del US Open en singles, de Wimbledon en dobles y N°1 del mundo en junior, todo en 2008, estaba destinado a ser el futuro del tenis por sus resultados y su estilo de juego, completo y vistoso. El combo perfecto lo completaba su apariencia física, muchas veces tildado como 'el más guapo del circuito'.

Feliz como pocos tenistas campeones, el 9° ATP desde el lunes (ex 8°) expresó su alegría ante los medios: "Estoy muy feliz. Muy feliz. Esto es increíble. Ganar un Masters1000, mi primero, no hay nada más que pueda decir. Feliz y abrumado de tener este trofeo en mis manos- Ganar aquí mi primer Masters1000 es increíble. Siempre me gustó este torneo. He jugado aquí varias veces y siempre pensé que éste podría ser uno de los primeros y ha sido el primero. Ahora lo más importante es mantener los pies en el suelo y seguir haciendo el mismo trabajo, creer en mí mismo y prepararme de la mejor manera que pueda para Nueva York".
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Nick Kyrgios es único e irrepetible. Sin títulos en la temporada pero con victorias y derrotas tan rutilantes como sorpresivas, el australiano de 22 años se plantó en la final de Cincinnati luego de tres retiros consecutivos y un octavos de final en Montreal. El triunfo sobre Nadal (N°1 el lunes) en cuartos de final dejó a todos con la boca abierta. Pero no es nada diferente a sus victorias ante Djokovic en Acapulco e Indian Wells o contra Zverev en Indian Wells y Miami, a ambos en semanas consecutivas. Kyrgios es dinamita. La otra cara son sus derrotas contra Jan Satral (157°) en Copa Davis o Nicolas Kicker (92°) en Lyon, por citar solo ejemplos de este año.

Kyrgios juega al tenis como pocos jugadores en el circuito. A veces sin ganas, a veces irrespetuoso, a veces soberbio, a veces genial. Su talento le permite golpear la pelota incómodo y lastimar; sin flexionarse y generar potencia igual. Su servicio es uno de los mejores del mundo, sino el mejor, con velocidad y variantes excepcionales. Fuerte físicamente pero a la vez débil en cuanto a las lesiones, su mente juega muchas veces en su contra. A excepción de los jugadores con los que tuvo problemas, sus colegas dicen que es una buena persona. Lo cierto es que "Nick" le hace bien al tenis, es una bocanada de aire fresco para un tenis acartonado, lleno de caballeros que solo se felicitan entre sí.

Daniel Vitale Pizarro